Otra Navidad es posible: canelones veganos gluten free

canelones_saludables_veganosLlega la Navidad y con ella… los excesos. A veces tengo la sensación de que nos tomamos las fiestas como una carrera de obstáculos y que las comilonas son una muestra del exceso que representa esta manera “moderna” de tomarnos las fiestas. ¿Qué placer encontramos en comer sin parar? La mayoría de veces no “atiborramos” de alimentos que no solemos comer normalmente y que nos saturan física y mentalmente. No quiero decir que tengamos hacer una campaña contra la Navidad, sino que deberíamos revisar la manera en que encaramos estas fechas. De hecho, podemos simplemente cambiar pequeñas cosas que sentimos que no nos hacen estar bien, por otros hábitos que nos aporten salud física, bienestar emocional y claridad mental. Quizás he ido un poco lejos con esta última frase, pero realmente los alimentos que consumimos tienen un efecto más allá del cuerpo. De la misma manera, un estado interno determinado puede despertar la apetencia por cierto tipo de alimentos. En los talleres sobre alimentación emocional desarrollo un poco más este tema, pero, para no alargarme, sólo te cuento que te traigo una receta tradicional navideña en su versión vegana, gluten free y la mar de saludable: Canelones saludables para esta Navidad.

En Cataluña el día 26 de Diciembre suelen comerse los tradicionales canelones, hechos con carne, bechamel, queso y pasta. Estos canelones que te presento hoy no tienen ninguno de los ingredientes anteriores y, aun así, durante las pruebas que he hecho para crear esta receta, he conquistado a los comensales más exigentes (incluso carnívoros). Estos son mucho más ligeros, no llevan harina de ningún tipo ni grasas saturadas, son ricos en proteínas y tienen un saborcito a queso parmesano delicioso.

Te animo a que la pruebes esta Navidad ¡Seguro que serán un éxito rotundo en tu mesa!

CANELONES VEGANOS DE TEMPEH. CON BECHAMEL DE COLIFLOR Y PARMESANO VEGANO

Ingredientes

Para la “pasta” de los canelones

  • 2 calabacines grandes

Para la bechamel

  • 1 coliflor pequeña
  • 2 dientes de ajos
  • 1 cebolla
  • 1/2 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada recién molida
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva o coco para saltear

Para el relleno

  • 1 paquete de tempeh (si sigues la Fase 3 de la Dieta que Cura, usa tempeh de garbanzo)
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • 4 cucharadas soperas de judías tipo azuki o lentejas (ya hervidas)
  • 1 cucharada de tahine (pasta de sésamo)
  • 2 cucharadas de tamari o salsa de soja
  • 1 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • Sal al gusto (la salsa de soja ya es salada, así que no te pases)

Preparación

Para la pasta de los canelones: Lava los calabacines y con ayuda de un pelador de patatas o una mandolina haz tiras muy finitas a lo largo hasta que empieces a encontrar el corazón del calabacín, lo notarás por las semillas. Repite el proceso dando la vuelta al calabacín. Puedes desechar las primeras capas, que serán las de la piel. La idea es acabar con un “carpaccio” de calabacín. Ve poniendo las tiras en un colador con un poquito de sal para que vayan soltando el agua. Después trocea los restos del calabacín que te han sobrado, tanto el corazón, como las tiras que se han roto, porque las usaremos para el relleno de los canelones.

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Para la bechamel: Lava y trocea la coliflor, usa también el tronco. Hiérvela durante 10 minutos, normalmente no queremos cocinar las crucíferas más de tres minutos, aquí te explico por qué, pero esta vez lo que queremos es sustituir la bechamel tradicional, así que “sacrificaremos” ese criterio para hacer un plato festivo.
Una vez haya hervido la coliflor, llena una taza con el agua del hervido y desecha el resto.
En una sartén saltea el ajo y la cebolla picados en un poco de aceite de coco y sal. En el vaso de la batidora añade la coliflor, la cebolla y el ajo ya cocinados, la pimienta, la nuez moscada y la taza de agua del hervido. Tritura hasta que se forme una crema sedosa similar a la bechamel. Prueba y ajusta de sal, rectifica si es necesario la consistencia de tu bechamel añadiendo más o menos agua, piensa que durante el tiempo que esté en el horno, la bechamel se volverá un poco más densa, así que mejor que quede un poco más clara ahora.

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Para el relleno: pica la cebolla y el ajo y saltéalos en una sartén con un poco de aceite de coco u oliva y una pizca de sal para que la cebolla “sude”. Ralla el bloque de tempeh con la parte gruesa del rallador y añádelo a la cebolla pasados unos 3-4 minutos. Cuando la mezcla empiece a dorarse, añade las judías o las lentejas que previamente habrás “pisado” un poco con un tenedor y también la cucharada de tahine, el ajo en polvo, la pimienta y las dos cucharadas de salsa de soja. Remueve bien y cocina por unos dos minutos. Añade entonces los restos de calabacín, remueve de nuevo y cocina a fuego medio con la sartén tapada, para que el relleno suelte el agua. Cuando veas que todo está integrado y doradito, añade 3 cucharadas soperas de la bechamel de coliflor para que el relleno quede un poco más pastoso.

Para el parmesano: sigue esta receta sustituyendo las avellanas por anacardos.

Antes de continuar, enciende el horno a 150º.

Llega el momento de enrollar tus canelones, hazlo en la misma fuente donde los vayas a hornear. Coge tiras de calabacín y poniéndolas una al lado de otra, un poco superpuestas, crea una forma cuadrada. Pon un poco de relleno y con cuidado enrolla el canelón.

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Cuando los tengas todos en tu bandeja, añade la bechamel de coliflor y espolvorea con el parmesano. Hornea unos 20 minutos vigilando que no se doren demasiado.

¡Ya están listos! Disfruta de tus canelones saludables y de las fiestas.

Pastel express de lima y chocolate

Ayer publiqué una foto aquí y aquí de mi merienda. Un pastel crudivegano de lima y chocolate súper fácil y, dentro de lo que entendemos como pastel, es una de las opciones más saludables que puedas echarte al cuerpo, como esta versión de aquí.

No tenía previsto publicar la receta porque, como he dicho, es un pastel raw muy sencillito que puedes encontrar en internet fácilmente, pero algunos me preguntasteis cómo se hacía, así que aquí tenéis la receta.

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Os aviso de que lo hice a ojo, como todo lo que suelo preparar al margen de Comida que Cura, ya os conté en el pan que cura que me cuesta mucho preparar las recetas midiendo y apuntando todo. Pero voy a intentar hacer memoria y ajustar las cantidades. Os pido que si probáis la receta y observas algún error, lo compartáis en los comentarios, así, entre todos, configuraremos este pastel súper rico.

Pensad que con esta receta como base, podéis crear muchos otros pasteles. El aguacate se puede combinar con casi cualquier sabor: fresas, frutos del bosque, plátano, naranja, mango, café de cereales, cerezas, coco, canela, manzana, vainilla… en fin, lo que se te ocurra. El aguacate te da la textura y es un lienzo en blanco para el sabor. Así que… ¡arriba esa creatividad!

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PASTEL CRUDIVEGANO DE LIMA Y CHOCO

INGREDIENTES

(Para dos tazas de pastel y un mini molde -8 cm de diámetro- como los de la foto)

Base

  • 1 taza de almendras laminadas crudas (si tienes almendra molida con 3/4 de taza es suficiente, si tienes almendras crudas enteras, 1 y 1/4 de taza)
  • 3/4 taza de dátiles
  • 1/4 taza pasas
  • 1 c.s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de lima

  • 2 aguacates grandes o 3 pequeños
  • 2 limas (el zumo + la piel rallada de una de ellas)
  • 1/4 taza de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de chocolate

  • 1 aguacate grande o 2 pequeños
  • 1 c.s. de algarroba en polvo (mejor ecológica y raw)
  • 1 y 1/2 c.s. de cacao en polvo sin endulzar (mejor ecológico y raw)
  • 3 c.s. de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal
  • Almendras laminadas para decorar

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PREPARACIÓN

Para la base, pon en remojo los dátiles y las pasas en agua tíbia, al menos durante una hora.

Si usas almendras enteras, te recomiendo que las actives para darle más potencia nutricional a tu pastel. Si no, está bien que uses almendras compradas, ya sean laminadas o hechas harina.

Escurre los dátiles y las pasas y, en un procesador de alimentos, tritura todos los ingredientes de la base hasta que se forme una bola en la máquina, quizás debas ajustar la consistencia añadiendo más agua o más almendras. Reserva.

Para el relleno de lima, en el mismo procesador coloca todos los ingredientes y tritura. Reserva.

Limpia un poco la máquina y prepara ahora el relleno de chocolate de la misma forma que antes, mezclando todos los ingredientes.

Monta el pastel: si usas un molde, presiona la base del pastel con las manos un poco mojadas. Queremos que esta base tenga más o menos 1 cm de grosor. Vierte ahora la capa de lima y aplana con una espátula. Mete el pastel en el congelador por, al menos, una hora.

Pasado ese tiempo, saca el pastel y añade la capa de chocolate, que será más finita que la de lima. Decora con las láminas de almendra y vuelve a meter en el congelador por otra hora más como mínimo. Pero puedes guardarlo varios días hasta que lo vayas a consumir, en este caso, tápalo con papel film.

Cuando lo quieras comer, sácalo del congelador una media hora antes. Pasa un cuchillo entre el pastel y el borde para poder desmoldarlo fácilmente sin romperlo.

Si quieres preparar el pastel en taza (mejor si lo quieres comer directamente, sin congelar) Ve combinado las diferentes capas del pastel como quieras. En la foto puedes ver como lo he hecho yo, pero es .

Ya está, eso es todo. Facilísimo ¡Y está muy, muy rico!

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El pan que cura

Cuando digo que no tomo gluten ni maíz, uno de los comentarios más frecuentes es “¡Cómo puedes vivir sin pan!” Lo sé. Parece imposible, ¿no?. Bueno, la verdad es que tengo mis trucos… Pero sí, es duro vivir sin pan, sin galletas, sin magdalenas… Pero, por suerte, cada vez está más de moda eso de la vida gluten free y en mi ciudad, en Barcelona, ya hay lugares que ofrecen pan libre de gluten y de maíz y que hacen también alguna repostería gluten free, sin lactosa y sin azúcar refinada. Hay que buscarlos mucho y pagar el precio que se les antoja, ya que los que estamos privados de estas delicias estamos dispuestos a desembolsar una cantidad considerable por un capricho de vez en cuando. Pero, como suelo decir, estas cosas son excepciones, como dice mi suegra, son alimentos para nuestra “duša” (alma). Si quieres un capricho, siempre es mejor que seas tú mismo el que prepare tu comida, sabiendo qué ingredientes y qué procesos ha seguido tu alimento.

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El pan que cura puede ser un capricho “cotidiano”, quiero decir que no es lo mismo comerse un pastelito (por muy sano que sea) que tomar una rebanada de este pan. Está hecho de semillas y cereales sin procesar, no lleva tanta grasa como un dulce ni tampoco endulzante, lo puedes hacer con stevia para que sea totalmente sugar free o añadirle unas pasas para darle un toque diferente. Si quieres, lo puedes hacer completamente libre de gluten (y esto va para los que estáis en la Fase 3 de la Dieta que Cura) o, si lo prefieres, puedes hacerlo con copos de avena, que aunque no es gluten free, es un cereal bastante tolerable y que también nos aporta muchos beneficios. Como siempre, depende del momento en el que estés. Ya expliqué en este artículo, que las fases más estrictas de la Dieta que Cura son temporales y que la idea es que luego puedas llevar una dieta más abierta, siempre dentro de los márgenes de la Comida que Cura. No nos vamos a poner a comer bocadillos de panceta y chuchos de crema, ¿verdad? 😉

Si te apetece mucho tomar el pan de avena pero necesitas que sea gluten free, tienes la opción de comprar avena sin gluten, es un producto que cada vez es más fácil de conseguir. Sólo como curiosidad… ¿Sabías que la avena es un cereal que originariamente no tenía gluten? Ha ido mutando a lo largo de su historia y ha acabado “contaminándose”, pero no es un cereal que lleve “escrito en sus genes” el código del gluten.

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Cuando descubrí el pan que cura, no me lo podía creer. La verdad es que hacía años que había ojeado la receta, pero como que no tenía la necesidad de tomar pan sin gluten, no le presté demasiada atención. Esta receta es original de la increíble Sara B. del blog My New Roots, ¡Esta mujer es una inspiración! Lees su blog y ya la quieres invitar a tu casa a merendar ¡y no sólo para que te traiga cualquiera de los dulces deliciosos que prepara! Sino por la coherencia, seriedad y amor con que transmite su estilo de vida. Ella, al pan que cura le llama “The life changing loaf of bread” y verdaderamente es algo que cambiará tu vida si estás evitando tomar gluten pero no quieres renunciar al pan.

Para variar, no he sido capaz de seguir la receta de forma estricta, lo he intentado dos veces, y dos veces he hecho lo que me ha dado la gana ¡no puedo evitarlo! No sabéis lo que me cuesta medir y anotar todo para vosotros en las recetas del blog, siempre he cocinado a ojo. Bien, pues las recetas que tenéis a continuación son mi versión del pan de Sara B., una más fiel a la original con avena y otra pensada para los que más lo vais a disfrutar, los que estáis es una fase totalmente gluten free. En vez de avena, usamos copos de arroz integral.

Antes de entrar en materia, os comento varias cosas:

1. El Psyllium Husk es el “pegamento” de este pan y que no puede sustituirse por nada. Así que intentad haceros con una bolsita, aunque sea por internet.

2. Respecto a los frutos secos, podéis poner los que queráis, para mi las avellanas le dan un toque buenísimo y también las nueces.

3. El lino y la chía mejor usarlos triturados (puedes hacerlo en un molinillo de café), pero eso es mi gusto personal, a mi me ha gustado más porque creo que da como resultado un pan más esponjoso, que recuerda más a un pan tradicional. Sara B. incorpora las semillas enteras.

4. Los copos de arroz integral también son importantes para esta receta, también si haces la versión de avena, ya que se deshacen imitando la textura de las harinas y, de nuevo, dan esponjosidad al pan.

5. Como todo, cuantas más veces prepares la receta, mejor te saldrá. También conocerás qué ingredientes combinan mejor según tus gustos.

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¿Te animas a preparar el pan que cura?

INGREDIENTES

RECETA BASE
(ingredientes comunes para las dos versiones)

  • 1 taza de pipas de calabaza (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pipas de girasol (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pasas
  • 1 taza de nueces
  • 1/2 taza de almendras crudas con piel, también mejor activadas (Aquí podrías usar avellanas, nueces de macadamia, coquitos del Brasil…)
  • 6 cucharadas de psyllium husk
  • 2 cucharadas rasas de sal marina o del Himalaya
  • 1/4 cucharadita de estevia (u otro endulzante natural como agave, azúcar de coco, panela… En este caso, puedes usar una cucharada sopera)
  • 3/4 taza de semillas de lino (molidas)
  • 1/4 de taza de semillas de chia (molidas)
  • 3 cucharadas de aceite de coco derretido

 

VERSIÓN CON AVENA (CON GLUTEN)
Opcional usar copos de avena gluten free

  • 3 tazas de copos de avena gruesa
  • 1 taza de copos de arroz
  • 3 tazas de agua filtrada templada

 

VERSIÓN CON COPOS DE ARROZ (SIN GLUTEN)

  • 5 tazas de copos de arroz integral
  • 4 tazas de agua filtrada templada

 

PREPARACIÓN
Necesitas un poco de previsión para preparar tu pan. El proceso no es nada complicado, básicamente consiste en mezclar los ingredientes. Lo más difícil es la paciencia. Has de esperar un poquito para que la masa se asiente, como si hicieras un pan tradicional. Aunque las horas más largas son las de la esperar a que el pan se enfríe para cortarlo y poder picarle el diente.

Entonces, en un bol grande, mezcla todos tus ingredientes secos. Combina bien todos los ingredientes.

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En un molde alargado para que nos quede la forma de pan de molde, pon un papel de horno y úntalo con un poco de aceite de coco.

En otro bol mezcla el agua y diluye el aceite de coco, añade los ingredientes húmedos al bol de ingredientes secos y remueve bien.

Aquí me paro para explicarte algo importante: las primeras veces que probé esta receta siempre tenía la sensación de que faltaba agua, seguramente porque buscaba la textura de “masa” típica de los panes o bizcochos tradicionales. Lo que queremos en esta receta es que la masa quede ligeramente húmeda, cuando la proporción de agua es la adecuada, al mezclar se formarán “pelotitas”, tal y como ves en la foto. Es una masa con la que podrías formar bolas sin que se te pegara a las manos.

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Al hacer la versión sin gluten, sólo con copos de arroz, has de añadir más agua (las 4 tazas que se indican en los ingredientes), ya que el arroz absorbe más líquido.

Vierte la mezcla en el molde y aplana bien con una espátula. Deja ahora que la masa repose un mínimo de 5 horas (durante la noche está bien, también).

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Pasado ese tiempo, precalienta el horno a 150º y hornea tu pan a esa temperatura por 1/3 de hora vigilando que no se queme. Si tienes ventilador en tu horno, enciéndelo, para favorecer que el agua se evapore más rápidamente.

Saca tu pan y tirando del papel de horno, desmóldalo. Ha de quedar firme, aunque por dentro aun no está cocinado.

En una rejilla protegida con otro papel de horno, coloca el pan, esta vez boca abajo. Vuelve a hornear por 3/4 de hora más. Cuida que no se tueste en exceso, los hornos varían de una a otra marca, así que si ves que se ve pone muy oscuro, baja la temperatura. Si tu horno no tiene ventilador (aire) hornea unos 15 minutos más con la puerta del horno un poquito entreabierta.

Para comprobar si tu pan está listo, dale unos golpecitos con una espátula o una cuchara. Ha de sonar a “hueco”. Esto es lo que explica Sara B. en su blog, pero yo os confieso que no controlo mucho el sonido a “hueco”… Por eso, espero que se enfríe un poco y lo parto por la mitad par ver si se ha cocinado por dentro.

Como que la cocina no es una ciencia exacta (es más bien un arte), si ves que pasado los tiempos de horno tu pan no está listo, te doy un pequeño truco que además de acortar mucho el tiempo de cocción te asegura el éxito a la hora de conseguir la consistencia adecuada: cuando el pan esté frío, córtalo con cuidado a rebanadas, si ves que se rompe porque aún está muy crudo, has de volver a ponerlo en el horno por una 1/2 hora más. Pero cuando seas capaz de cortarlo a rebanadas, colócalo sobre una rejilla y hornea las rebanadas unos 20 minutos a unos 100º con la puerta del horno un pelín abierta (si tienes ventilador en tu horno no hace falta que abras la puerta) lo que queremos es “deshidratar” un poco el pan. (De hecho, yo no lo he probado pero podrías probar de hacer una versión “raw” de este pan deshidratándolo, aunque me temo que necesitarás un par de días en el proceso).

Una vez listo, puedes guardar el pan (entero o a rebanadas) en bolsitas de papel en la nevera. Como sale un pan bastante grande, mi truco es cortarlo a rebanadas y congelarlo. Así puedo ir sacándolo cuando lo necesite sin necesidad de descongelar, lo meto directamente en la tostadora. Así, calentito, es como está más bueno.

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Sugerencias: puedes comerlo solo, está delicioso. Pero combina perfectamente con dulce o salado.

¿Qué tal preparar un bocadillo veggie con olivada, tomate seco y germinados?

¿O unas tostadas con tahine y mermelada casera sin azúcar?

O siempre podemos tirar de los clásicos: unas avocado toast sobre un pan que cura recién tostado.

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Hamburguesas veganas para carnívoros

He de confesar que las hamburguesas no me salen especialmente bien. Además, no disfruto nada preparándolas. Entonces ¿por qué han acabado en el blog? Primero porque estas en concreto son las hamburguesas más ricas y rápidas que he preparado y, eso, para mi, ya es motivo suficiente. También porque es una manera de aprovechar los restos de hacer zumo y porque son una opción muy socorrida para tener en el congelador y usar cuando no tienes tiempo de cocinar. Así que yo uso estas hamburguesas de “salvavidas”, como estas otras recetas e ingredientes. Hago muchas y las congelo para tener una opción rápida, incluso cuando se apunta alguien a comer o cenar, o para llevarme de tupper. La manera adecuada de descongelarlas es sacarlas del congelador unas horas antes y meterlas en la nevera. Una vez descongeladas, las paso de nuevo por la sartén para darles un poco de “chispa”. Es que han de cocinarse antes de congelar, pero eso te lo cuento más adelante.

hamburguesas veganas

Algunos diréis que eso de congelar no es demasiado saludable. Y decís bien, ya que perdemos la “energía” de los alimentos. Aunque a diferencia de lo que se piensa, no se pierden excesivamente los nutrientes. Aunque todo depende de los nutrientes, claro… Por ejemplo, las vitaminas son las más afectadas, sobretodo la vitamina C, que es la más delicada y se pierde incluso exponiéndola a la luz. Pero otras sustancias como las ácidos grasos o las proteínas o algunos minerales, no se ven demasiado alterados. De hecho, es peor cocinarlos excesivamente que congelarlos. Lo que quiero decir con esto, es que mejor no congelar los alimentos y consumirlos lo más frescos posible, pero que, si por nuestro ritmo de vida o por comodidad tenemos que hacerlo de forma puntual, tampoco hay que obsesionarse. Lo que sí te recomiendo es que no compres productos congelados y procesados: lasañas, patatas fritas, verduras… Si has de consumir algo congelado, que sea algo que has preparado tú mismo.

¿Qué tienen de bueno estas hamburguesas?

Antes de pasar a enumerarte las virtudes de los ingredientes, te cuento que estas hamburguesas tienen un pequeño secreto que le da un toque especial: unas hojitas de menta picadas. Sí, has leído bien, no llevan perejil, ni cilantro, ni siquiera albahaca. Llevan menta. Pruébalo y sorpréndete.

De todos los ingredientes, hago mención especial de la proteína de guisante. Quizás, depende de donde vivas, te cueste un poco encontrarla. Si no estás siguiendo la Fase 3 de la Dieta que Cura, puedes sustituirla por proteína de soja o lo que también se llama “soja texturizada”. Como siempre, te recomiendo que sea ecológica, hay que vigilar con la soja, que suele ser transgénica. Lo bueno de usar soja es que ya estás consumiendo proteína completa. En el caso del guisante, deberíamos completarlo con un poquito de cereal (Si todo esto te suena a chino, ponte al día aquí). En esta receta la proteína de guisante o soja le da consistencia a la hamburguesa, creando una textura similar a la de la carne. Aunque, créeme, no es mi objetivo imitar productos cárnicos… Sin embargo, creo que es una receta que puede agradar a personas que comen carne, por la textura y también por el sabor.

La remolacha como aliada de la Artritis Reumatoide
Otro de los ingredientes dignos de mencionar es la remolacha que, además del color “carnívoro”, nos aporta muchos nutrientes básicos para mantener a raya patologías inmunitarias. Básicamente por dos cosas: su poder atioxidante y su (científicamente probada) capacidad antiinflamtoria. Además de muchos otros nutrientes que hacen sinergía entre ellos para cuidar de nosotros desde dentro. A continuación te cuento un poco más sobre ellos:

remolacha

  • Flavonoides: su capacidad antioxidante confiere un gran potencial terapéutico en enfermedades como el cáncer, patologías cardiovasculares, hepáticas o autoinmunes. Pero, como Comida Que Cura va, entre otras cosas, de Artritis Reumatoide, te cuento que los flavoniodes pueden inhibir las prostaglandinas y la proteína C reactiva, que son enzimas inflamatorias que se “disparan” en patologías como la artriris. Esto quiere decir que una dieta rica en bioflavoniodes hará que tu inflamación se modere.
  • Folatos: vitales para el buen funcionamiento del ADN y ARN. Intervienen en la creación y protección de las células, por ejemplo de las células del sistema inmune, pero también de la sangre, es decir, de los hematíes o glóbulos rojos.
  • Vitaminas: grupo B, provitamina A, y vitamina C. En general, influyen en el buen funcionamiento del sistema nervioso, mejoran la salud de la piel, de las mucosas… Aunque podría explicártelo muy extensamente, quédate con que la remolacha nos aporta vitaminas necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Vitaminas que a veces no tienen reserva en el cuerpo y hay que ir tomando de forma diaria a través de los alimentos. Otra vez te recuerdo que si no consumes alimentos ecológicos, tampoco consumes vitaminas ni minerales, pero sí pesticidas, fertilizantes, etc.
  • Minerales: hierro, sobretodo. Pero también magnesio, fósforo y cobre.
  • Fibra soluble: además de mejorar nuestra flora intestinal y ser ligeramente laxante. Ayuda a bajar los niveles de colesterol en sangre protegiendo todo el sistema cardiovascular.

La cara “oscura” de la remolacha, los oxaltaos.
La remolacha y otras verduras como las acelgas y las espinacas, contienen oxaltaos que inhiben la absorción de minerales como el hierro, el magnesio o el calcio. Y que pueden causar problemas a nivel renal y, desde ahí, a otros sistemas como el cardiocirculaorio. Pero… no hay que tirarse de los pelos, la naturaleza se regula ella solita. La mayoría de plantas y algunos pseudocereales como la quinoa o el amaranto contienen oxaltaos, aunque en proporciones muy pequeñas. Si comiéramos como debemos, respetando los alimentos de temporada, todo estará en su sitio, ya que no consumiríamos cantidades demasiado grandes de productos ricos en oxaltaos. Pero volviendo al tema de la sabiduría de la naturaleza… ¿Te has parado a pensar por qué la remolacha es rica en hierro y a la vez en oxaltaos? Pues porque tampoco sería bueno tener demasiado hierro en sangre. O lo mismo pasa con el calcio, si no existieran alimentos que regulan la absorción de algunos minerales y vitaminas, podríamos también cursar anomalías como, en el caso del calcio, la hipercalcemia. Lo que quiero decir (y ya es la segunda vez en este post) es que no hay que obsesionarse. A veces perdemos la realidad de vista, nos prohibimos algunos alimentos sin saber muy bien por qué. Los único que deberías “prohibirte” (y ni siquiera me siento muy cómoda utilizando esta palabra) es todo lo que te conté aquí. Pero una dieta equilibrada, (incluso aunque tengas que ponerte estricto utilizando tu dieta como medicina y, en este caso, evitar algunos alimentos durante un tiempo) no tiene que ver con limitaciones y prohibiciones, tiene que ver con la moderación y el sentido común. He dicho.

Nota: En el caso que tengas tendencia a la anemia ferropénica sólo ten en cuenta no ingerir en la misma comida alimentos ricos en hierro junto con otros que sean ricos en oxaltaos. Por ejemplo, no tomar espinacas y algas hijiki (súper ricas en hierro) en la misma ingesta. Así aprovecharás todo el hierro sin que los oxalatos te lo roben.

hamburguesas para carnivoros

Azuki
Son unas judías maravillosas que si aun no conoces, van a cautivarte en pocos segundos.
Tienen un sabor suave, dulzón, y una textura cremosa pero firme a la vez. Son un alimento que centra, que da estabilidad, lo que en macrobiótica se denomina un alimento con energía yang. Entre sus propiedades podemos destacar el aporte de fibra, que ayuda al tránsito intestinal y a regular los niveles de azúcar en sangre, incidiendo también a la salud del sistema cardiovascular. Otro de los puntos fuertes de las azuki es su función como prebiótoco, de nuevo por su fibra, que sirve de “abono” del intestino para que los probióticos crezcan fuertes y frondosos. Pero quizás una de las propiedades más conocidas y destacables es la de ser una gran desintoxicante del riñón. ¿Has visto que tienen forma de mini riñón? Así que… ¡Sorpresa! Su efecto sobre este órgano ayuda a contrarrestar los posibles efectos nocivos derivados de los oxalatos de la remolacha (aunque ya te he dicho que deberías comer mucha mucha remolacha para notarlos). Pero, por si acaso, así te quedas más tranquilo. 😉

Bien pues vamos ya con la receta, antes de que se me ocurra algo más que contarte sobre estas hamburguesas…

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INGREDIENTES
(Para unas 10 hamburguesas)

  • 1 taza de pulpa de remolacha de hacer zumo. Puedes usar remolacha rallada, pero tendrás que usar menos cantidad para conseguir la misma consistencia en tus hamburguesas (ya que tendrás más jugo). También puedes usar más proteína de guisante o soja para compensar la humedad.
  • 1 bote de judías azuki ecológicas (colando el líquido)
  • 2 tazas de proteína de guisante texturizada (no en bolas) o también soja texturizada (no transgénica)
  • 1 c.s. de ajo en polvo
  • 1 c.s. de pimienta
  • 1 c.s. de pimentón dulce ahumado
  • 1 c.s. de sal del himalaya
  • Truco secreto: unas hojas de menta picadas. Aproximadamente una cucharada sopera rasa.
  • Aceite de coco o de oliva (siempre virgen extra de primera presión en frío) para hacerlas en la sartén.

PREPARACIÓN
Con la batidora de mano o con una batidora de vaso, tritura las azuki hasta que se haga una pasta. Puede llevarte un rato ya que la pasta se pega a las cuchillas y los bordes del recipientes y hay que ir despegándola.
Mezcla en un bol bien grande todos los ingredientes de la receta junto con las azuki que acabas de triturar. Deja que todos los ingredientes se integren bien. Prueba y rectifica de sal, pimienta o lo que sea.
Mójate las manos y forma hamburguesas del tamaño que prefieras.

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Calienta una sartén con un poquito de aceite de oliva o coco y pasa tus hamburguesas para que se doren un poco por fuera y cojan más consistencia. Las cocinamos antes de congelar para que mantengan estas consistencia cuando las vuelvas a descongelar. Es un buen truco si vas a incorporar las hamburguesas “salvavidas” en tu rutina.

 

Parmesano vegano de avellanas

Cuando empiezas a “crucinar” te das cuenta de la inmensidad de recetas que usan anacardos: prácticamente todos los quesos veganos, muchos pasteles, patés, salsas, rebozados… No tengo nada en contra de los anacardos, de hecho, me encantan, pero empezaba a aburrirme de utilizarlos para todo.

Tengo una receta básica que es un comodín en mi cocina: el parmesano vegano (con base de anacardos, ¡claro está!), se lo echo a todo: crudi-pasta, sopas, ensaladas y, más de una vez, no he podido evitar comerme unas cuantas cucharadas directamente del bote. ¡Es que está tan bueno! Al ser una receta versátil, rápida y que da muy buenos resultados, es de las más populares en internet, así que quizás ya la conozcas y no esperes nada nuevo de este post… ¡Alto! ¡Sigue leyendo! Lo que vas a encontrar en esta entrada es mi receta secreta de parmesano vegano. Puedes hacerla con base de anacardos, es muy rica. Pero hoy cambio el ingrediente estrella por avellanas crudas. La textura y el fondo final es distinto, te queda un saborcito a fruto seco muy, muy bueno, yo diría que la avellana tiene más personalidad que el anacardo, es más profunda e intensa.

Cuando estaba preparando el parmesano y lo he probado, he pensado: “esta receta va directa al blog”. La levadura nutricional le da ese sabor que recuerda al queso, y el pimentón de la Vera (importante que sea de la Vera) le da un toque ahumado que para mi es la clave, ese es mi truco, ahora ya, mi “secreto a voces”.

Sólo necesitas 2 minutos. No es una manera de hablar. ¡Cronométrate! Triturar y disfrutar.

parmesano_vegano_avellanas

Ingredientes
3/4 taza de avellanas crudas con piel
2 cucharadas de levadura nutricional
1/2 cucharadita de chilli en copos
1/2 cucharadita de pimentón de la Vera
1/2 cucharadita de sal

Preparación
En un procesador de cocina, tritura primero las avellanas hasta que se rompan en trozos muy pequeñitos, añade el resto de ingredientes y acaba de triturar hasta que se cree un polvo grumoso. Si necesitas, rectifica de sal, pimentón o levadura nutricional. Si sientes que está muy salado, añade más avellanas.
Conserva en un bote de cristal cerrado en la nevera. Aguanta bastante, ¡aunque seguro que no puedes resistirte!

¡El cuerpo me pide pasta! Crudi- espaguetis con salsa cremosa “thai”

Cuando empiezas a comer crudo es inevitable echar de menos algunos platos. Sabores, texturas, temperaturas, … Combinaciones que están muy arraigadas a nosotros, incluso por tradición, porque evocan alguna emoción o nos transportan a algún momento especial. En mi caso, si hay algo que me encanta es la pasta. Me gusta tanto que, a menudo, cuando me apetece un buen plato de espaguetis, cierro los ojos y “viajo en el tiempo” hasta aterrizar en uno de esos momentos en los que en casa de mi yaya había macarrones a la boloñesa. Sí, has leído bien: bo-lo-ñe-sa, con carne y salsita de tomate casera. Ella me llamaba a la mesa y yo ya sabía que había macarrones para comer, por el aroma que había en toda la casa. Como he dicho antes, a veces un recuerdo tiene más poder que la realidad, ya que ahora mismo no me apetece nada comer macarrones a la boloñesa, ni siquiera los de mi abuela, pero el “viaje en el tiempo” no tiene precio.

Volviendo al presente… al empezar con la Dieta que Cura y, sobretodo, al “crudificarla”, pensé que algún día me podía dar un “ataque de pasta”, uno de esos momentos críticos en los que no te importa nada, sólo quieres conseguir tu objetivo: carbohidratos. Y los quieres a cualquier precio, sin pensar en el gluten, la leucocitosis o la artritis reumatoide. Así que, para curarme en salud, me compré pasta de arroz (certificada orgánica y sin gluten), para tenerla en el “botiquín de primeros auxilios” de mi despensa. Y, estoy muy orgullosa de escribir que, después de 4 meses, tengo el paquete de pasta sin estrenar. ¿Por qué? Porque siempre que se me antoja pasta, me espiralizo unas hortalizas, me hago una buena crudi-salsa, un buen queso parmesano vegano y disfruto infinitamente. No he tenido que renunciar a mis deseos o acallar esa voz interior que me pide carbohidratos, la crudi-pasta es satisfactoria 100%.

Crudi_pasta_thai_general

Y la receta de hoy es la ganadora (al menos de momento). Cremosa y “al dente”, saciante y ligera a la vez, aunque no tanto como una ensaladita… Como ya he dicho, es un plato de pasta, con el peso y la importancia de un plato principal para comer al mediodía, ya que es calórico y te va a aportar mucha energía. Yo la he hecho para compartir con alguien que no es crudívoro (ni vegano) y me ha felicitado. Yuhuuu!

Bueno, aquí te la dejo. Fácil y sin mucha previsión.

Ingredientes para la pasta (Para 2 personas)
1 chirivia
2 zanahorias gruesas
2 calabacines

Ingredientes para la salsa
1 aguacate
1 ajo tierno (o salvaje)
1/4 taza de leche de coco
2 cucharadas de agua de coco joven
1/2 taza de pulpa de coco joven
Un buen puñado de cilantro
1/2 c.p. curry picante en polvo
1 pizca de sal

Condimentos
Parmesano crudivegano de avellana

Preparación

Primero espiraliza la chirivia, las zanahorias y los calabacines y deja los fideos en un colador sobre un bol con un poquito de sal, mezcla bien. Déjalos así mientras preparas la salsa.
En un procesador de cocina o una batidora coloca el aguacate, la leche de coco, el agua de coco joven, el ajo salvaje, la sal, el curry y el cilantro. Tritura hasta que quede una salsa ligera, sin grumos.
Corta la pulpa de coco joven en cuadraditos pequeños, pero que se perciban al comer.
Monta el plato: sirve los espaguetis con la salsa por encima y añade los trocitos de coco. Condimenta con el parmesano de avellana y disfruta de este plato de pasta que nada tiene que envidiar a los tradicionales.

crudi-espaguetis_thai_detalle

Batido ¡Hola Primavera!

¡Acaba de empezar la Primavera! No importa que llueva o tadavía haga un poquito de frío ¡La Primavera se siente en las frutas y verduras! Empiezan a aparecer las primeras fresas y es más fácil encontrar moras, arándanos,… entre otras frutas que tímidamente se van colando en nuestra cesta de la compra. Por el contrario, cada vez verás menos coles y verduras de hojas verdes, yo echaré mucho de menos la kale, que en Barcelona podía conseguir ecológica sin pagar una barbaridad… pero también estoy muy contenta de que llegue el buen tiempo y con él las frutas y verduras más típicas del calor. Estoy deseando poner en práctica un montón de batidos, helados y dulces saludables basados en frutas frescas.

Batido Primavera

¡Vamos con el batido de hoy! Además de ser súper refrescante es un desayuno completísimo y muy rápido de hacer. Los frutos rojos son conocidos por su capacidad antioxidante, pero ¿sabías que, entre otras cosas, también son antiinflamatorios? Pues vamos a aprovechar esta propiedad para mejorar nuestra artritis reumatoide.

Al batido también hemos añadido superfoods: maca y cacao nibs, para tener un aporte extra de energía. La crudi-granola de chocolate además de estar buenísima nos da una sensación crujiente y saciante, al llevar trigo sarraceno y semillas, nos aporta una energía de combustión más lenta y estable. Te recomiendo que tengas una reserva de esta granola en casa, para completar desayunos o meriendas o por si te apetece picar algo dulce y sano. Está tan rica que cuesta moderarse ¡pero debes hacerlo! Sobretodo si la consumes por la tarde. ¡Vamos con la receta!

Ingredientes

1 mango (frío de nevera)
1 taza de frutos rojos frescos que habrás congelado tú mismo durante una media hora (si no los consigues frescos, puedes comprar congelados)
1 cucharada de aceite de coco
1 cucharada de sirope de agave
1/4 taza de zumo de manzana
1 pizca de sal
Crudi-granola de chocolate al gusto
Cacao nibs
Un poquito de maca

Preparación

En una batidora o un procesador de cocina tritura el mango con el aceite de coco y una pizca de sal. Reserva. Tritura ahora los frutos rojos junto con el sirope de agave, el zumo de manzana y una pizquita más de sal. Reserva. Monta tu batido: 1 capa de mango + una capa de crudi-granola + una capa de frutos rojos. Decora con las nibs de cacao y la maca. Puedes diseñar tu batido a tu gusto con más o menos cantidad en cada capa. ¡Disfrútalo! ¡Está delicioso!