El acompañante perfecto

Hay tantas combinaciones, infinitas, que una ensalada puede ser un plato principal, nutricionalmente completo y muy satisfactorio. Pero si no la tomas de esta manera, igualmente no te olvides de ella, acompaña tus comidas con una ensalda, observa las propiedades de tu plato principal y, si ves alguna carencia, quizás puedas compensarla en los ingredientes de tu ensalada de acompañamiento.

ensalada que cura

Pero a partir de hoy, ya no te vas a olvidar más de la ensalda. Hay otro motivo por el que tienes que intoducirla en tu rutina diaria: la leucocitosis digestiva.

¿Qué es la leucocitosis? De forma muy, muy breve, te lo explico:

La leucositosis es el aumento de leucocitos (glóbulos blancos) en la sangre. Este fenómeno se da cuando el organismo identifica un agente extraño: infección, intoxicación, etc. y quiere protegerse de él. En 1894 Wirchow definió la leucocitosis como algo “normal” ya que toda las personas la presentaban. Unos años después, Paul Kouchakoff descubrió que la leucocitosis ocurre sólo cuando tomamos alimentos excesivamente cocinados o procesados. El alimento en su estado natural, sin cocinar ni desnaturalizar, no dispara la alarma del sistema inmune.

Por eso es importante que comas lo más natural posible. Es una pena que, en términos generales, la dieta “normal” de la mayoría de personas se componga de alimentos venenosos, alimentos que realmente nos van quitando vida bocado a bocado. Y esto es así simplemente por intereses económicos. La dieta “normal” debería ser la natural: alimentos sin procesar, ni modificados genéticamente ni desnaturalizados. Deberíamos etiquetar a las verduras tratadas químicamente como alimentos artificiales y considerar “normales” a aquellos que ahora llevan la etiqueta ecológica. Pero este es otro tema, así que volviendo a la leucocitosis… Si tomas alimentos cocinados de forma adecuada (hervidos, cocinados al vapor, horno muy suave, todo por debajo de los 100º) y sobretodo, si tomas más alimentos crudos, tal y como te los da la naturaleza, eviatarás que tu sistema inmune se dispare cada vez que comes.

Quizás te preguntarás qué tiene que ver todo esto con la ensalada. Pues tiene mucho que ver. P. Kouchakoff también descubrió que si combinas alimentos cocinados con alimentos crudos, por ejemplo, con una ensalda, no se produce leucocitosis digestiva. Aquí tienes la ensalda 🙂

Muy bien, después de este descubrimiento, profundicemos un poco más en la ensalada. En este post en concreto, en los ingredientes que no pueden faltar en tu combinación diaria:

1.Hoja verde

Intenta no comer siempre la misma, ve variando porque las diferentes verduras nos aportan diferentes cosas. Así te aseguras que no te falte de nada.

Para que te hagas una idea, te adjunto una lista con las verduras verdes más comunes y lo que nos aportan:

NOTA: si la verdura que utilizas no es ecológica, no vas a obtener prácticamente nada de todos los minerales, vitaminas, etc. que se describen a continuación. Por el contrario, estarás consumiendo herbicidas, pesticidas, fertilizantes que alimentan las enfermedades y la muerte celular. Aunque tú no lo notes, por dentro, ¡todas esas cosas están pasando! Las buenas y las malas.

Lechuga romana: nos aporta fibra y agua. Vitamina A, B1, B2, B3, C. Minerales: potasio, calcio, magnesio, sodio, azufre, hierro, alumninio, cobre, cobalto… También ácido fólico, aminoácidos no esenciales (que el cuerpo puede sintetizar por sí mismo) y en baja proporción, también ácidos grasos.

Escarola: Similar a la lechuga, nos aporta vitaminas hidrosolubles (A, algunas del grupo B y C), aminoácidos, y minerales, sobretodo el potasio. Destacamos el alto contenido en folatos (ácido fólico) que ayuda en la creación de glóblos rojos y blancos, mejorando los anticuerpos del sistema inmune. Muy útil para dietas de desintoxicación del hígado, como pasa con la mayoría de vegetales que tienen sabor amargo: col, endivias, coles de bruseas, brocoli, alcachofa, rúcula, berros, diente de león, …

Espinacas: aunque pensmaos que la vitamina A (buena para la vista) se encunetra en gran proporción en la zanahoria, la espinaca contiene más betacaroteno que este tubérculo. También destaca en la espinaca el ácido alfa-lipoico, un potente antioxidante. También contiene vitamina K y, como la mayoría de hojas verdes, ácido fólico. La leyenda del hierro en las espinacas de Popeye es más bien, eso, ya que hay muchas otras fuentes de verdura verde y sobretodo, germinados, en los que podemos encontrar una mayor concentración de hierro. Los vamos a ver un poco más adelante.

Diente de león: esta sí que tiene mucho hierro, pero también muchos betacarotenos (vitamina A), de nuevo más que la zanahoria. Rica en vitaminas del grupo B y potasio. Como ya he adelantado antes, su sabor amargo ayuda a desintoxicar el hígado, aunque cuando es el momento perfecto para este tipo de desintoxicaciones, la Primavera, el diente de león ya escasea.

2. Germinados
Literalmente son comida viva. Por este motivo, tienen una gran concentración de nutrientes. Son un alimento potentísimo que desintoxica, regula (comabate los radicales libres, favorece la regeneración celular…) y nutre de forma más eficiente el organismo. Para que te hagas una idea, si a una lenteja seca le diéramos un valor nutricional de 1, al activarla (remojarla durante unas horas) aumentaríamos su valor nutricional hasta un 70-80 y, al germinarla, multiplicaríamos hasta 600 el valor de algunos de sus nutritientes.
Te dejo unos ejemplos de germinados, pero puedes tomar (y preparar tú mismo) brotes de lo que tú quieras: de semillas de girasol, sésamo, daikon, remolacha, trigo, de arroz, quinoa, trigo sarraceno, mostaza…

Alfalfa: contiene muchísimas vitaminas y minerales, destacamos el alto contenido en hierro, calcio y en clorofila, y vitaminas como la A (betacarotenos), pero también la C y las del grupo B. La clorofila es indispensable para la regeneración celular, en realidad, ¡para la vida! Piensa que es el equivalente a la hemoglobina. Los brotes de alfalfa junto con los de trigo son de los más recomnedables.

Brocoli: con un puñadito de germinados obtienes la misma canitdad de nutrientes que si te comieras media cabeza de brocoli de una tirada. Mucho más fácil y ligero, no? Te aportan vitaminas, calcio y otros minerales. Se considera un alimento anticáncer.

Lentejas: al germinarlas, favorecemos la aparición de enzimas que favorecen su digestión, por eso se recomiendan para las personas a las que no les sientan bien las legumbres. Muy potentes en cuanto a aporte de hierro y minerales.

3. Fermentados
Básicamente puedes añadir a tu ensalada col fermentada o chucrut, una pequeña cantidad es suficiente para asegurarte una buena digestión. Un truco es tomar una cucharadita antes de comer, más o menos media hora antes.

Otra opción es tomar kimchi, y este te lo puedes preparar en casa sin mucho jaleo.

También sirven encurtidos o pickles de lo que quieras: rabanitos, pepinillos, zanaorias… prácticamente cualquier verdura. Te recomiendo que te los prepares tú, el proceso es muy simple, la receta del kimchi te da una base para hacer encurtidos de cualqueir cosa, aunque también lo puedes hacer mucho más fácil, haciendo una conserva de agua con sal.

4. Semillas
Según mi criterio, mejor que las consumas activadas, pero no está mal si quieres tomarlas más estilo macrobiótico, tostándolas ligeramente tú en casa. No las compres ya tostadas, ahí sí que estás perdiendo todas sus propiedades. Utiliza de forma habitual sésamo, lino, girasol, calabaza, cáñamo, amapola… para aportar ácidos grasos esenciales, calcio, proteína, vitaminas, minerales…

5. Algas
Si no eres amigo de las algas ¿a qué estás esperando? ¿Qué pasa? ¿no te gustan? Buuuu! eso es tan aburrido como la cháchara de que si eres vegano no tomas suficiente proteína. Ponte al día, las algas “molan”, están buenas (más allá del sushi del restaurante chino-japonés de tu barrio) Hay una gran variedad, seguro que encuentras la tuya. Si todavía no te has sumergido en este maravilloso mundo, empieza de forma “light”, yo te recomiendo comprar copos de alga nori o una ensalada de algas e incorporarla en pequeñas dosis en tu ensalada. Si te gusta el sabor a mar que tienen, te reto a algo más “heavy”, remojar alga dulse y añadirla a tus ensaldas o también wakame, está muy muy buena.

Como las algas son un alimento apasionante (la comida del futuro, para muchos…) en este post no caben todas las propiedades que deberíamos destacar, así que muy por encima te diré, por ejemplo, que una cucharada sopera de alga hiziki, wakame o arame tiene más calcio que un vaso de leche de vaca; que la agar-agar, nori o hiziki tienen un alto contenido en hierro y eso sin mencionar el alga espirulina, que se usa más a nivel medicinal, esta tiene mucho, mucho hierro.

Bien, como puedes ver, hay muchas sorpresas escondidas detrás de una simple ensalada de acompañamiento, seguro que ya no te la vas a mirar de la misma manera después de lo que has leído. Yo, que soy muy fan de la ensalada, no puedo estar un día sin comerla, me falta un no sé qué… bien, en realidad sí que lo sé, me falta esa vida, ese frescor de los alimentos vivos y vibrantes.

¡Locos por el remojo!

¿Remojar es lo mismo que activar? ¿Por qué remojar? ¿Qué se debe remojar? ¿Cuánto tiempo necesito? ¿Y qué es eso de la germinación? Qué lío, ¿verdad? Yo también me hice estas preguntas y seguramente, muchas otras… Pero con un poquito de entrenamiento es fácil tenerlo todo claro.

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Vamos pregunta a pregunta:

¿Remojar es lo mismo que activar?
Básicamente sí, pero, a veces, si no estás muy metido en el raw food o empiezas justo ahora, te puede sonar a chino eso de activar. En realidad, si remojas estás activando, estás haciendo que la vida que hay dentro de los granos, frutos secos y semillas despierte.

¿Por qué remojar?
La naturaleza es sabia. ¿Te has parado a pensar por qué algunas semillas, legumbres, etc. no empiezan a mutar para convertirse en plantas en tu despensa? Pues porque esos granos están dotados de una enzima que inhibe su crecimiento hasta que haya un medio adecuado (agua, tierra, luz del sol…) para convertirse en un brote. Si comemos estos granos sin activarlos, esos inhibidores enzimáticos intervienen en la digestión, haciendo que nuestras propias enzimas digestivas se vean bloqueadas: no podremos digerir correctamente ni absorber nutrientes muy preciados para nuestra salud.
Además, el remojo le da más poder vital a la semilla/grano, piensa que es una planta en potencia, con toda la fuerza de la vida dentro de ella.

¿Qué se debe remojar?

Semillas: calabaza, girasol, sésamo, … También deben activarse las semillas de lino y de chía, pero es este caso, se usará sólo la cantidad que se vaya a necesitar en el momento, ya que a causa de los mucílagos, dejan el agua con una textura gelatinosa y no se pueden secar/deshidratar.
Legumbres: judías (rojas, blancas, azukis…), garbanzos, guisantes, soja, etc. Y todas las legumbres que se te ocurran.
Cerelaes: arroz, quinoa, trigo sarraceno, cebada, centeno, mijo, amaranto, canihua…
Frutos secos: almendras, nueces,…

Hay frutos secos que no tienen inhibidores enzimáticos, como las avellanas, los pistachos, las macadamias, los piñones o las nueces del brasil. Los anacardos que compramos no son crudos, ya que se someten a un proceso de calor para separar su cáscara, que es muy tóxica. En cualquiera de estos casos, podemos remojar para conseguir una textura más crujiente o más cremosidad si se van a triturar.

¿Cuánto tiempo necesito?

Depende de lo que tengas que activar. Te dejo una lista orientativa de lo que más vamos a usar en la Dieta que Cura:

Frutos secos:
almendras 8-12 horas, nueces: 4-6 horas.
Semillas: de girasol 2 horas, de calabaza 8 horas, de sésamo 5 horas
Cereales: quinoa 2-4 horas, trigo sarraceno 6-8 horas, arroz integral 10-12 horas.
legumbres: son las que más tiempo necesitan, unas 8-12 horas. Aunque las lentejas, necesitarán menos, con unas 6-8 horas es suficiente.

¿Y qué es eso de la germinación?

Germinar es dar un paso más. Los germinados son pura vida, por un lado, son muy digestivos ya que nos hemos liberado de los inhibidores enzimáticos y hemos roto la cáscara (fibra) del grano, y por otro lado, son altamente nutritivos: nos aportan una gran cantidad de aminoácidos y vitaminas (A,C, E, K y del grupo B), calcio, potasio, hierro y clorofila, que es básica si tienes una enfermedad autoinmune. La clorofila activa el metabolismo celular, mejora el sistema inmune, participa en la capacidad regeneradora de las células, depura la sangre y equilibra la relación ácido-base en el organismo. Te recomiendo que consumas de forma habitual hierba de trigo, chlorella y espirulina, así como hojas bien verdes. En la receta que te voy a enseñar hoy, no hay mucha clorofila, ya que paramos el proceso de germinación nada más empezar, pero puedes germinar muchas otras cosas. Venden semillas para germinar en muchos sitios orgánicos, te enseño unas de daikon que germiné hace poco:

germinados de daikon

Volvamos a la receta. ¡Vamos a activar y germinar!

Te pongo el ejemplo del trigo sarraceno, pero siguiendo la tabla de tiempo de remojo, puedes activar lo que quieras. En este caso, voy a enseñarte todo el proceso: activación, germinación y deshidratación.

Ingredientes y utensilios
1/2 kilo de trigo sarraceno
Agua
Alga kombu (para romper las fibras del cereal y remineralizar)
1 bote grande de cristal
Germinador (si no tienes, lee este post para fabricarte uno)

Preparación

Lava muy bien el trigo sarraceno y ponlo en remojo con el alga kombu por 6-8 horas. Pasado ese tiempo, desecha el agua (será un poquito viscosa, es normal), lava de nuevo el trigo sarraceno. Ahora toca ponerlo a germinar. El trigo sarraceno brota muy pronto, y queremos parar el proceso justo cuando empieza, así que pasadas unas 24 horas verás que le sale un rabito muy pequeñito, de apenas un milímetro, como ves en la foto.

trigo_sarraceno_germinado

Ahora toca secar los granos germinados. Si tienes deshidratadora, pon el trigo sarraceno a sacarse durante unas 8-12 horas a unos 42º-47º. Si pasado ese tiempo no está completamente seco, muévelo un poquito y déjalo un tiempo más, tiene que estar bien seco para poder almacenarlo sin que se pudra.

Si no tienes deshidratadora, puedes secarlo con el horno, pero ten mucho cuidado de no pasarte con la temperatura, ya que toda la vida que hemos generado activando y germinando puede destruirse con el calor. Pon el horno al mínimo y, si tu horno lo tiene, activa el aire, si no, deja la puerta entre abierta. En este caso, necesitarás menos tiempo, pero depende mucho de tu horno, así que te recomiendo que estés atento.

Puedes guardar el trigo sarraceno en un bote hermético por bastante tiempo. Lo puedes consumir tal cual, usándolo en granolas y mueslis, ya que es bien crujiente. También puedes usarlo para cocinar, sólo tienes que hidratarlo previamente por una par de horas.