Fase 2: Alimentos a evitar

Además de los alimentos que hemos eliminado de nuestra dieta en la primera etapa, existen otros que también debemos evitar. Te recomiendo que antes de entrar en esta fase, hayas asentado las bases de la primera, manteniéndote “limpio” de alimentos nocivos por lo menos durante un mes.

En este punto nos vamos a centrar en el estudio Jean Seignalet, un doctor francés que investigó durante más de 30 años los efectos de la dieta en personas con enfermedades autoinmunes.

Esta etapa se centra en tres punto básicos:

1. Evitar el gluten: Según el doctor Jean Seignalet, el sistema digestivo del ser humano no se ha adaptado a lo que él llama “alimentación moderna”. No hablamos sólo de la cantidad de productos industrializados carentes de nutrientes y llenos de sustancias adictivas como el azúcar o el glutamato, sino de los cereales domésticos y otros productos que el hombre introdujo en su dieta al hacerse sedentario. Según Seignalet, el trigo y los cereales de su familia (centeno, cebada y avena) son perjudiciales para la salud. Incluye otros cereales que han mutado de su forma salvaje, como el maíz. Atento a este dato, un estudio que Seignalet llevó a cabo durante más de 30 años demostró que el 54% de individuos de la muestra (enfermos de Artritis Reumatoide) eran sensibles al trigo, pero un 56% lo era también al maíz.
El consumo de cereales mutados (entre otros malos hábitos alimenticios) provocan que nuestro sistema digestivo no funcione adecuadamente, el intestino delgado se vuelve excesivamente permeable y permite que muchas toxinas que deberían eliminarse por las heces pasen al torrente sanguíneo, provocando, tarde o temprano, enfermedad.

A continuación tienes una lista de los cereales que puedes comer y que debes evitar:

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Basándonos en este cuadro, suprimimos de la dieta productos como el pan, las harinas, las pastas, la bollería, las sémolas, eso incluye alimentos tan integrados en la dieta “común” como la pizza, la pasta, las galletas, los cruasanes, el cus-cus, los biscotes, las fajitas… No te preocupes, que tenemos muchas soluciones alternativas ricas y sanas que te van a encantar.

2. Evitar los lácteos. Tengo algo que confesarte: la leche no es buena. Cuando nacemos, tenemos una enzima llamada lactasa que nos permite digerir la leche materna, a los pocos años de vida, esa enzima desaparece. Eso quiere decir que tu cuerpo ya no es capaz de digerir la leche de forma adecuada. La proteína de la leche, la caseína, provoca mucha mucosidad intestinal, esto provoca, a su vez, putrefacción intestinal y, en consecuencia, toxinas que pasan al torrente sanguíneo a causa de la excesiva permeabilidad del intestino delgado. Si tienes una enfermedad autoinmune, esto desgasta constantemente tu organismo, si tienes Artritis Reumatoide (AR), muchas de esas toxinas se almacenan en las articulaciones provocando inflamación.

Respecto al calcio, desecha de una vez por todas la idea de que si no tomas productos lácteos te faltará calcio. La leche y sus derivados se consideran alimentos ácidos, cuando ingerimos alimentos de este tipo, el cuerpo se ve obligado a “robar” el calcio de los huesos para regular su ph, para contrarestar la acidificación. Entonces, la leche ¿te aporta calcio o te lo roba? Me inclino por la segunda opción. Tengo en mente un post que va a tratar este tema más ampliamente, pero de momento, te recomiendo que que saques el calcio de alimentos más alcalinos como el brócoli, los berros, las espinacas, el diente de león, el kale, la col rizada, las hojitas de los nabos, las algas… también los higos secos, las semillas de sésamo y de chía y, sobretodo, las almendras, su leche es una muy buena alternativa a la leche de vaca. Con este sencillo cuadro podrás hacer el cambio más fácilmente y sustituir los alimentos que hemos eliminado de nuestra dieta por otros más saludables.

3. Comer más crudo. Este es uno de los puntos clave para darle la vuelta a tu salud. Tómatelo especialmente en serio si tienes alguna enfermedad autoinmune (EA). No hace falta que te vuelvas un activista del raw food, pero sí que intentes reducir las cantidades de comida cocinada y aumentar las de alimentos vivos, es decir, crudos.

No tiene sentido que sigas las dos reglas anteriores si ésta no te la tomas en serio. De igual manera que no es muy inteligente comprar todo orgánico y bio y “cargarte” los nutrientes de tu fruta y verdura cocinándola.
¿Por qué no es bueno cocinar los alimentos si todo el mundo, en prácticamente todas las culturas del mundo y durante miles de años lo ha hecho? Piensa que hace miles de años el fuego era necesario. Primero, para acabar con posibles agentes infecciosos, sobretodo de la carne, era una cuestión de supervivencia; luego porque era una cuestión de practicidad a la hora de conservar los alimentos; por último, porque al cocinar, nos deshacíamos de muchas sustancias que en su forma cruda no eran aptas para el hombre, pudiendo intoxicarlo. Hoy en día, el cocinar los alimentos tiene más que ver con el paladar que con la supervivencia. Eso no quiere decir que sea lo natural ni lo idóneo para la salud. Comemos por placer, se ha perdido esa conexión con el alimento como medicina, como fuente de vida, de salud.

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