Tortilla de patata vegana baja en grasa

vegan_spanish_omeletteEsta es una receta que compartí en el taller de tupper saludable de principios de Octubre. No tiene ningún secreto y el ingrediente más extraño que vas a encontrar es la harina de garbanzo, así que puedes hacerla fácilmente y sorprender a los más exigentes y tradicionales en cuanto a tortilla de patatas se refiere.

La magia de esta tortilla no es sólo que sea vegana, sino también que estamos evitando la cantidad de aceite (normalmente refinadísimo y de mala calidad) que se usa al freír la patata de la receta original. Es muy importante incluir grasas en la dieta, pero siempre de buena calidad y de fuentes adecuadas, pero ¿Cuáles son esas grasas?

Fuentes de grasa de buena calidad

  • Frutos secos y semillas (y sus derivados): harinas (coco rallado) y pastas tipo tahine, crema de almendras o avellanas. Frutos secos más típicos: almendra, anacardo, avellana, nueces, nueces de macadam, cocos de brasil, también el cacahuete (aunque es una legumbre). Semillas como el sésamo, el lino, la chía, las semillas de calabaza o de girasol…
  • Aceites de buena calidad: de oliva, de coco, de girasol, sésamo, cáñamo, lino, aguacate,… Lo importante es que todos estos aceites sean de primera presión en frío. Los aceites de semillas son menos termoestables que los de oliva y coco, es decir, se oxidan y degradan a menor temperatura, por eso te aconsejo que no cocines con ellos. Esa costumbre de freír en aceite de girasol es bastante desaconsejable, lo ideal es usar el aceite de girasol (siempre de primera presión en frío) para ensaladas o cualquier receta que no necesite demasiada temperatura.
  • Aguacate y coco: muy ricos en grasas de buena calidad, pero no hay que abusar demasiado.
  • Productos animales: evitaremos la grasa proveniente de la carne roja y carnes de mala calidad como los embutidos. Destacaremos los lípidos que vienen del pescado azul (omega 3) y de la yema del huevo.

Después de este mini repaso, supongo que habrás adivinado que el poco aceite que vamos a usar en nuestra tortilla será aceite de oliva o de coco. =)

Es ideal para los niños, para llevar de picnic, de tupper, para una fiesta con amigos o simplemente para darte un capricho. Además, es Fase 3 friendly, perfecta si estás siguiendo la Dieta que cura.

Espero que la disfrutes!

Tortilla de patata vegana y al horno

INGREDIENTES

  • 4-5 patatas
  • 1 cebolla
  • 1 taza de harina de garbanzo
  • Aproximadamente una taza de agua filtrada
  • 1 cucharada de postre de ajo en polvo
  • 1/4 de perejil fresco picado
  • 1/2 cucharada de postre de cúrcuma en polvo
  • 1 cucharada de postre de sal marina sin refinar (o al gusto)
  • 2 cucharadas sopera de aceite de oliva virgen extra o aceite de coco

PREPARACIÓN

Enciende el horno a 180º y con ayuda de una mandolina corta las patatas en láminas finas de unos 3-5 mm de grosor. Aprovecha para cortar la cebolla también a láminas.

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En una bandeja de horno protegida con papel encerado coloca las láminas de patata sin amontonarlas demasiado. Añade un poco de sal y aproximadamente una cucharada de aceite de oliva y mete la bandeja en el horno bajando la temperatura a 160º durante unos 20 minutos. ¡Vigila que no se queme! Si tu horno es muy potente, reduce un poco la temperatura e incluso tapa las patatas con otro papel encerado para que puedan cocerse sin tostarse.

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Mientras, en un bol añade la harina de garbanzo, la cúrcuma y el ajo en polvo y mezcla bien, añade el agua y con ayuda de la batidora de mano mezcla bien para que no se formen grumos. La consistencia tiene que ser un poco más espesa que la del huevo batido, ¡sólo un poco! Si ves que pasados unos minutos la mezcla se espesa, corrige añadiendo un poquito de agua.

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Pasados 20 minutos, retira la bandeja del horno y añade las láminas de cebolla sobre las patatas. Vuelve a meter la bandeja y hornea por 20 minutos más sin tapar (baja un poco la temperatura del horno si es necesario para que no se tueste mucho) Cuando esté listo, añade las patatas y la cebolla a la mezcla de harina de garbanzo, tal y como harías con una tortilla con huevo, añade también el perejil picado y corrige de sal si es necesario.

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Calienta una cucharada de aceite de coco u oliva en una sartén y añade la mezcla. Al principio remeuve un poco para que se vaya cocinando la harina de garbanzo, ha de cocerse bien para que el sabor cambie. Luego deja que se cocine por un lado y gira la tortilla con ayuda de un plato, deja que se dore por el otro lado y ¡voilà! tortilla deliciosa, vegana, baja en grasa, rica en hidratos de carbono de buena calidad y en proteínas de alto valor biológico.

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Easy peasy banana bread (de verdad)

 

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Aquí tienes la merienda que prepararé para el Taller de alimentación saludable para niños del próximo 1 de Octubre. Un banana bread sin lácteos, gluten o azúcares refinados que puedes preparar en un momento, de ahí el “easy peasy” (pan comido). Te arregla un encuentro con amigos, un cumpleaños (si lo haces en un molde en forma de tarta) o un desayuno o merienda especiales, para eso lo voy a usar yo.

Si tienes artritis reumatoide o estás siguiendo la Dieta que Cura, hazlo “fase 2 friendly” fácilmente, sólo tienes que usar avena libre de gluten y azúcar de coco.

Además de ser una receta fácil facilísima es rica riquísima, tengo la “bendición” de alguien muy exigente en materia de bizcochos, banana breads y derivados, así que voy tranquila a la reunión del sábado. 🙂 Anímate porque te sorprenderá no sólo el sabor, sino también su textura jugosa y suave. Es perfecto para que los niños lo merienden con un vasito de leche de almendra (sin azúcar) o con un zumo natural. Aunque te recuerdo que lo ideal es que variemos las meriendas cada día y demos más espacio a la fruta y los alimentos frescos que a cualquier dulce o bocadillo, incluso aunque sean saludables

Te dejo con la receta y te recuerdo que si quieres venir al taller del sábado y aprender muchas más cosas sobre la alimentación infantil saludable, te puedes apuntar aquí, quedan las últimas plazas. De paso, probarás este riquísimo banana bread.

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EASY PEASY BANANA BREAD

Ingredientes

  • 1 taza de harina de avena (si es necesario, sin gluten)
  • 1 taza de harina de arroz integral
  • 1/2 taza de azúcar de coco o de panela
  • 1 sobre de levadura bio (sin químicos ni aluminio)
  • 1/4 cucharadita de bicarbonato
  • 1/2 cucharadita de postre de sal marina sin refinar
  • 3 plátanos muy maduros chafados
  • 1/2 taza de aceite de coco

Para decorar

  • 1 plátano extra para decorar
  • Cacao nibs
  • Nueces

Nota: En las fotos puedes ver dos versiones, una decorada con plátano y cacao nibs y otra con nueces.

 

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Preparación

Calentar el horno a 180º.

Mezclar los ingredientes secos en un bol y remover bien, sobretodo para que se integre la levadura.

Añadir los plátanos bien chafados (incluso puedes triturarlos) y el aceite de coco y remover bien para formar una masa espesa. Opcionalmente añadir nueces o cacao nibs a la mezcla.

Forrar un molde metálico rectangular (de unos 25-30 cm de largo) con papel de horno y pintar con aceite de coco u oliva para que no se pegue la masa. Si no tienes papel de horno, otra opción es pintar directamente el interior del molde con el aceite y espolvorear un poco de harina de avena o copos de avena finos para que toda la superficie del molde quede “rebozada”, así te aseguras de que el bizcocho no se quede pegado.

Vierte y reparte la masa sobre el molde, decora con un plátano cortado a lo largo, cacao nibs o nueces.

Hornea por 25 minutos, pasado ese tiempo abre la puerta del horno con cuidado para que no haya un cambio muy brusco de temperatura, pincha el pastel con un palillo, si sale limpio, el pastel está hecho. Si no, déjalo 10 minutos más y vuelve a repetir la prueba del palillo.

Deja enfriar antes de desmoldar y cortar.

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Helado facilísimo con delicias de lúcuma (+ un taller para niños)

Hoy os traigo una receta… ¡de helado! con taller incluido, como últimamente viene siendo tradición. Es que estoy muy contenta de poder anunciar la segunda parte del taller de alimentación sana (y rica) para niños.

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Después del primer encuentro, las mamis me pidieron ampliar la información, enfocándola sobretodo a niños más pequeños, niños que están en plena transición hacia una alimentación sólida, que empiezan a descubrir sabores, texturas… Que, en definitiva, están formando su personalidad a nivel de gustos alimenticios. Así que este es un momento crucial, en el que el niño puede desarrollar hábitos saludables para toda la vida o en el que se pasa “al lado oscuro” y desarrolla el gusto por alimentos procesados, excesivamente dulces o salados, refrescos, etc. Como algunos padres ya sabréis, una vez el niño está ahí, es muy muy difícil traerlo de vuelta. ¿Cómo va a apreciar el sabor dulce de la fruta cuando ya ha probado dulces extremos como los yogures azucarados y artificialmente saborizados? El paladar se “atrofia” y es incapaz de percibir los sabores naturales para los que realmente está preparado. Quizás algunos sabéis de lo que hablo, si has pasado de una alimentación industrializada a una natural, seguramente te has sorprendido redescubriendo sabores o habrás sentido que algunos “alimentos” que antes tenían el punto justo de dulzor ahora son excesivamente empalagosos…

Así que en nuestras manos está que esos niños tengan más consciencia sobre lo que es una alimentación adecuada, a favor de la salud. Es nuestra responsabilidad como adultos (fijaos que no hablo sólo de los padres) que enseñemos a los niños a comer adecuadamente, que entiendan todo lo que implica la consciencia sobre la alimentación: desde estar saludables, hasta no contribuir a un modelo económico del derroche, desigualdad, dependencia… Porque aunque este no es el momento ni el lugar para abrir debate sobre esto, cada vez que decidimos comprar ecológico o a un pequeño comerciante, estamos contribuyendo a debilitar un poquito más a esos gigantes que lo controlan todo, desde lo que cae en tu plato, hasta las leyes que deciden los gobiernos. Si os interesa este tema, os recomiendo muchísimo esta lectura: Una dulce revolución de Josep Pàmies . No es una lectura densa, es muy amena y apasionante.

Volviendo al taller… Os dejo la info a continuación. Os recuerdo que las plazas son limitadas y que ya tenemos a las mamis del curso anterior apuntadas, así que quedan poquitas plazas libres.

Más detalles:

¿Cuándo?
Sábado 2 de Julio
de 11 a 12:30h

¿Dónde?
En la tienda ecológica Planeta Terra de Castelldefels.
Avd. de la Pineda 100
(Castelldefels)

¿Cómo me inscribo?
Llamando al 936 65 63 31
Escribiendo a planetaterraecobotiga@hotmail.com

Aportación 5€.

Y ahora, te presento el helado más fácil y sano que puedas preparar. Los “nicecreams” campan a sus anchas por internet, así que no te voy a presentar nada nuevo. Aunque sí que he intentado reducir la receta a su esencia más mínima, utilizando sólo 1 ingrediente. 😉

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Las bolitas que lo acompañan son otra cosa… No me malinterpretes, no es nada complicado de preparar, sólo tienes que meter todos los ingredientes en la procesadora de alimentos y ya. Pero sí que son algo que quizás no hayas probado nunca, por su textura, su dulzor natural… Son totalmente kids friendly, es decir, ¡que a los niños les van a gustar mucho! Te recomiendo que se la des a niños que ya estén masticando los alimentos y controlen un poquito el tragar, porque contiene pequeños trocitos de frutos secos, que también empiezan a incorporarse a partir del año de edad.

Antes de pasar al método, quiero hablarte un poco de la lúcuma, un superfood delicioso que también puedes darle a tu hijo. A veces los padres me preguntan si no es peligroso darle a los niños superfoods, la respuesta siempre es “depende”. Depende del niño, del tipo de superfood, de la cantidad que le das… Hay que recordar que los superfoods son alimentos, no medicamentos. Y a veces me sorprendo de que nos preocupemos tanto por los efectos de un alimento que suele ser natural, ecológico… y no nos horroricemos cuando le damos a un niño un helado procesado o un bollo industrial o un bocadillo de mortadela y pan “bimbo”… Sí es cierto que no es para nada necesario darles superfoods a los niños, la comida natural en proporciones correctas es totalemente suficiente para que el niños esté perfectamente sano y con las necesidades nutricionales cubiertas, hablo de verduras y frutas, legumbres, cereales integrales, semillas y frutos secos, algún lácteo de buena calidad si se desea, (aunque no es imprescindible) y también proteína animal esporádicamente de buena calidad. Es verdad que si queremos hacer un dulce especial, podemos tirar de superfoods para darles ese toque festivo. Por ejemplo, la lúcuma tiene un sabor naturalmente dulce que puede sustitutir el azúcar o ayudar a que useos menos endulzantes, aunque sean naturales. Lo mismo ocurre con otros superalimentos como el cacao, la algarroba, el azúcar de coco…

Pero ¿qué me aporta la lúcuma? (y qué le aporta a mi hijo)

La lúcuma es un fruto típico de la zona andina. Se usa para preparar dulces y helados, aunque en otras zonas del mundo como Europa, no se conoce demasiado.

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Entre sus beneficios destacamos el aporte de fibra, de batacarotenos, pero también el ser muy rica en hierro y en vitamina B3. Esta vitamina es imprescindible para muchas funciones del organismo, como la correcta metabolización de la proteína o de la glucosa, ya que la B3 regula la glucemia en sangre. Otro beneficio es su efecto energizante, como podría ser también la maca. Es cardiocirculatoria y vasodilatadora periférica, es decir que mejora la circulación, además de reducir el contenido de grasa en sangre. Como el resto de vitaminas del grupo B, la niacina o vitamina B3 contribuye al correcto funcionamiento del sistema nervioso. Como ves, la B3 es muy importante para el desarrollo del niño en crecimiento, pero no te engañaré, puedes encontrarla en muchos otros alimentos como los cereales integrales (si no lo son no hay prácticamente vitaminas) Entonces, ¿por qué insisto en usar la lúcuma en esta receta? Pues porque otra de sus virtudes… ¡Es que está muy rica! Pero podrías usar otros ingredientes para rebozar las bolitas (tienes ideas en la explicación de la receta).

Ahora sí, ¡vamos a cocinar!

Helado de plátano con delicias de lúcuma

Ingredientes

PARA EL HELADO

  • 2 tazas de plátano congelado, cortado a rodajas.
  • Cacao nibs para decorar

PARA LAS BOLITAS DE LÚCUMA

  • 1 taza de dátiles (Medjool o de los que quieras, ¡pero sin azúcar añadida!)
  • 1/4 de taza de anacardos sin tostar
  • 2 cucharadas de nueces
  • 1/4 de taza de coco rallado
  • 1/2 taza de copos de avena integrales finos
  • 1 pizca de sal
  • agua (si necesario)
  • Lúcuma para decorar

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Preparación
Antes de nada, deshuesa los dátiles y ponlos en remojo en agua caliente. Si vas a usar dátiles de la variedad Medjool sáltate este paso. Remoja también los anacardos.

Ahora vamos a preparar el helado.Te recomiendo que hayas cortado el plátano a rodajas antes de congelarlo, así es más fácil de usar. También te recomiendo que uses plátanos ecológicos, aunque los pelemos, el plátano no ecológico está sometido a muchos productos químicos, de hecho, crecen dentro de una especie de bolsas que son rociadas con químicos para evitar que algunas plagas acaben con ellos. Qué feo suena esto, ¿verdad? Bueno, continuemos con nuestra receta… Si no tienes una procesadora de alimentos muy potente o una batidora tipo Vitamix, saca el plátano unos 10 -15 minutos antes para que la máquina pueda triturar. Separa los trocitos de plátano tanto como puedas, colócalos en la procesadora y tritura con paciencia. Seguramente tendrás que ir llevando el helado hacia las cuchillas con ayuda de una cuchara, porque suele pegarse a las paredes de la procesadora. Si necesitas, puedes incorporar un poquito de agua, hazlo a cucharadas, ya que como te pases, ¡nos quedamos sin helado! Pero si tienes paciencia, seguramente no necesites agua.

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Cuando lo tengas, ponlo en los recipientes donde los quieres servir y mételos en el congelador mientras preparas las bolitas.

Limpia el procesador y añade los dátiles y los anacardos (escurre el agua). De nuevo, ten paciencia porque la pasta se acumulará en las pareces de la procesadora y tendrás que ayudarla. Deja que se forme una pasta más o menos homogénea, no pasa nada si no se tritura perfectamente, está bien que la bolita quede con un poquito de textura. Añade las nueces, el coco, la avena y la sal y tritura un poquito más, tú eliges la textura. Si ves que necesitas un poco de agua, añade, de nuevo, agua a cucharadas, ¡no te pases! Ha de quedar una masa manipulable, con la que puedas formar bolas. Para formarlas, mójate un poquito las manos para que no se pegue demasiado la pasta, haz bolitas y rebózalas en lúcuma (prepara un bol con un poquito de lúcuma y pásalas por él) Siempre puedes usar cacao, algarroba, coco… o incluso té verde matcha… Pero con lúcuma quedan riquísimas y son muy nutritivas.

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Puedes guardar las bolitas en un recipiente hermético en la nevera, comerlas como snack saludable o llevarlas a un picnic, ahora que hacer buen tiempo. Son geniales como merienda especial a la salida del cole, aunque ya sabes que siempre te recomiendo fruta fresca en esas ocasiones…

Otra opción es comerlas acompañadas del helado de plátano que tenías esperando en el congelador, de esto iba la receta, no? 😀 Puedes combinarlas como te presento yo en la foto, está absolutamente rico y ¡gusta a todos los públicos!

Si quieres más ideas, nos vemos el sábado 2 de Julio en la Ecobotiga Planeta Terra de Castelldefels.

 

Pastel express de lima y chocolate

Ayer publiqué una foto aquí y aquí de mi merienda. Un pastel crudivegano de lima y chocolate súper fácil y, dentro de lo que entendemos como pastel, es una de las opciones más saludables que puedas echarte al cuerpo, como esta versión de aquí.

No tenía previsto publicar la receta porque, como he dicho, es un pastel raw muy sencillito que puedes encontrar en internet fácilmente, pero algunos me preguntasteis cómo se hacía, así que aquí tenéis la receta.

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Os aviso de que lo hice a ojo, como todo lo que suelo preparar al margen de Comida que Cura, ya os conté en el pan que cura que me cuesta mucho preparar las recetas midiendo y apuntando todo. Pero voy a intentar hacer memoria y ajustar las cantidades. Os pido que si probáis la receta y observas algún error, lo compartáis en los comentarios, así, entre todos, configuraremos este pastel súper rico.

Pensad que con esta receta como base, podéis crear muchos otros pasteles. El aguacate se puede combinar con casi cualquier sabor: fresas, frutos del bosque, plátano, naranja, mango, café de cereales, cerezas, coco, canela, manzana, vainilla… en fin, lo que se te ocurra. El aguacate te da la textura y es un lienzo en blanco para el sabor. Así que… ¡arriba esa creatividad!

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PASTEL CRUDIVEGANO DE LIMA Y CHOCO

INGREDIENTES

(Para dos tazas de pastel y un mini molde -8 cm de diámetro- como los de la foto)

Base

  • 1 taza de almendras laminadas crudas (si tienes almendra molida con 3/4 de taza es suficiente, si tienes almendras crudas enteras, 1 y 1/4 de taza)
  • 3/4 taza de dátiles
  • 1/4 taza pasas
  • 1 c.s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de lima

  • 2 aguacates grandes o 3 pequeños
  • 2 limas (el zumo + la piel rallada de una de ellas)
  • 1/4 taza de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de chocolate

  • 1 aguacate grande o 2 pequeños
  • 1 c.s. de algarroba en polvo (mejor ecológica y raw)
  • 1 y 1/2 c.s. de cacao en polvo sin endulzar (mejor ecológico y raw)
  • 3 c.s. de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal
  • Almendras laminadas para decorar

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PREPARACIÓN

Para la base, pon en remojo los dátiles y las pasas en agua tíbia, al menos durante una hora.

Si usas almendras enteras, te recomiendo que las actives para darle más potencia nutricional a tu pastel. Si no, está bien que uses almendras compradas, ya sean laminadas o hechas harina.

Escurre los dátiles y las pasas y, en un procesador de alimentos, tritura todos los ingredientes de la base hasta que se forme una bola en la máquina, quizás debas ajustar la consistencia añadiendo más agua o más almendras. Reserva.

Para el relleno de lima, en el mismo procesador coloca todos los ingredientes y tritura. Reserva.

Limpia un poco la máquina y prepara ahora el relleno de chocolate de la misma forma que antes, mezclando todos los ingredientes.

Monta el pastel: si usas un molde, presiona la base del pastel con las manos un poco mojadas. Queremos que esta base tenga más o menos 1 cm de grosor. Vierte ahora la capa de lima y aplana con una espátula. Mete el pastel en el congelador por, al menos, una hora.

Pasado ese tiempo, saca el pastel y añade la capa de chocolate, que será más finita que la de lima. Decora con las láminas de almendra y vuelve a meter en el congelador por otra hora más como mínimo. Pero puedes guardarlo varios días hasta que lo vayas a consumir, en este caso, tápalo con papel film.

Cuando lo quieras comer, sácalo del congelador una media hora antes. Pasa un cuchillo entre el pastel y el borde para poder desmoldarlo fácilmente sin romperlo.

Si quieres preparar el pastel en taza (mejor si lo quieres comer directamente, sin congelar) Ve combinado las diferentes capas del pastel como quieras. En la foto puedes ver como lo he hecho yo, pero es .

Ya está, eso es todo. Facilísimo ¡Y está muy, muy rico!

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El pan que cura

Cuando digo que no tomo gluten ni maíz, uno de los comentarios más frecuentes es “¡Cómo puedes vivir sin pan!” Lo sé. Parece imposible, ¿no?. Bueno, la verdad es que tengo mis trucos… Pero sí, es duro vivir sin pan, sin galletas, sin magdalenas… Pero, por suerte, cada vez está más de moda eso de la vida gluten free y en mi ciudad, en Barcelona, ya hay lugares que ofrecen pan libre de gluten y de maíz y que hacen también alguna repostería gluten free, sin lactosa y sin azúcar refinada. Hay que buscarlos mucho y pagar el precio que se les antoja, ya que los que estamos privados de estas delicias estamos dispuestos a desembolsar una cantidad considerable por un capricho de vez en cuando. Pero, como suelo decir, estas cosas son excepciones, como dice mi suegra, son alimentos para nuestra “duša” (alma). Si quieres un capricho, siempre es mejor que seas tú mismo el que prepare tu comida, sabiendo qué ingredientes y qué procesos ha seguido tu alimento.

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El pan que cura puede ser un capricho “cotidiano”, quiero decir que no es lo mismo comerse un pastelito (por muy sano que sea) que tomar una rebanada de este pan. Está hecho de semillas y cereales sin procesar, no lleva tanta grasa como un dulce ni tampoco endulzante, lo puedes hacer con stevia para que sea totalmente sugar free o añadirle unas pasas para darle un toque diferente. Si quieres, lo puedes hacer completamente libre de gluten (y esto va para los que estáis en la Fase 3 de la Dieta que Cura) o, si lo prefieres, puedes hacerlo con copos de avena, que aunque no es gluten free, es un cereal bastante tolerable y que también nos aporta muchos beneficios. Como siempre, depende del momento en el que estés. Ya expliqué en este artículo, que las fases más estrictas de la Dieta que Cura son temporales y que la idea es que luego puedas llevar una dieta más abierta, siempre dentro de los márgenes de la Comida que Cura. No nos vamos a poner a comer bocadillos de panceta y chuchos de crema, ¿verdad? 😉

Si te apetece mucho tomar el pan de avena pero necesitas que sea gluten free, tienes la opción de comprar avena sin gluten, es un producto que cada vez es más fácil de conseguir. Sólo como curiosidad… ¿Sabías que la avena es un cereal que originariamente no tenía gluten? Ha ido mutando a lo largo de su historia y ha acabado “contaminándose”, pero no es un cereal que lleve “escrito en sus genes” el código del gluten.

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Cuando descubrí el pan que cura, no me lo podía creer. La verdad es que hacía años que había ojeado la receta, pero como que no tenía la necesidad de tomar pan sin gluten, no le presté demasiada atención. Esta receta es original de la increíble Sara B. del blog My New Roots, ¡Esta mujer es una inspiración! Lees su blog y ya la quieres invitar a tu casa a merendar ¡y no sólo para que te traiga cualquiera de los dulces deliciosos que prepara! Sino por la coherencia, seriedad y amor con que transmite su estilo de vida. Ella, al pan que cura le llama “The life changing loaf of bread” y verdaderamente es algo que cambiará tu vida si estás evitando tomar gluten pero no quieres renunciar al pan.

Para variar, no he sido capaz de seguir la receta de forma estricta, lo he intentado dos veces, y dos veces he hecho lo que me ha dado la gana ¡no puedo evitarlo! No sabéis lo que me cuesta medir y anotar todo para vosotros en las recetas del blog, siempre he cocinado a ojo. Bien, pues las recetas que tenéis a continuación son mi versión del pan de Sara B., una más fiel a la original con avena y otra pensada para los que más lo vais a disfrutar, los que estáis es una fase totalmente gluten free. En vez de avena, usamos copos de arroz integral.

Antes de entrar en materia, os comento varias cosas:

1. El Psyllium Husk es el “pegamento” de este pan y que no puede sustituirse por nada. Así que intentad haceros con una bolsita, aunque sea por internet.

2. Respecto a los frutos secos, podéis poner los que queráis, para mi las avellanas le dan un toque buenísimo y también las nueces.

3. El lino y la chía mejor usarlos triturados (puedes hacerlo en un molinillo de café), pero eso es mi gusto personal, a mi me ha gustado más porque creo que da como resultado un pan más esponjoso, que recuerda más a un pan tradicional. Sara B. incorpora las semillas enteras.

4. Los copos de arroz integral también son importantes para esta receta, también si haces la versión de avena, ya que se deshacen imitando la textura de las harinas y, de nuevo, dan esponjosidad al pan.

5. Como todo, cuantas más veces prepares la receta, mejor te saldrá. También conocerás qué ingredientes combinan mejor según tus gustos.

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¿Te animas a preparar el pan que cura?

INGREDIENTES

RECETA BASE
(ingredientes comunes para las dos versiones)

  • 1 taza de pipas de calabaza (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pipas de girasol (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pasas
  • 1 taza de nueces
  • 1/2 taza de almendras crudas con piel, también mejor activadas (Aquí podrías usar avellanas, nueces de macadamia, coquitos del Brasil…)
  • 6 cucharadas de psyllium husk
  • 2 cucharadas rasas de sal marina o del Himalaya
  • 1/4 cucharadita de estevia (u otro endulzante natural como agave, azúcar de coco, panela… En este caso, puedes usar una cucharada sopera)
  • 3/4 taza de semillas de lino (molidas)
  • 1/4 de taza de semillas de chia (molidas)
  • 3 cucharadas de aceite de coco derretido

 

VERSIÓN CON AVENA (CON GLUTEN)
Opcional usar copos de avena gluten free

  • 3 tazas de copos de avena gruesa
  • 1 taza de copos de arroz
  • 3 tazas de agua filtrada templada

 

VERSIÓN CON COPOS DE ARROZ (SIN GLUTEN)

  • 5 tazas de copos de arroz integral
  • 4 tazas de agua filtrada templada

 

PREPARACIÓN
Necesitas un poco de previsión para preparar tu pan. El proceso no es nada complicado, básicamente consiste en mezclar los ingredientes. Lo más difícil es la paciencia. Has de esperar un poquito para que la masa se asiente, como si hicieras un pan tradicional. Aunque las horas más largas son las de la esperar a que el pan se enfríe para cortarlo y poder picarle el diente.

Entonces, en un bol grande, mezcla todos tus ingredientes secos. Combina bien todos los ingredientes.

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En un molde alargado para que nos quede la forma de pan de molde, pon un papel de horno y úntalo con un poco de aceite de coco.

En otro bol mezcla el agua y diluye el aceite de coco, añade los ingredientes húmedos al bol de ingredientes secos y remueve bien.

Aquí me paro para explicarte algo importante: las primeras veces que probé esta receta siempre tenía la sensación de que faltaba agua, seguramente porque buscaba la textura de “masa” típica de los panes o bizcochos tradicionales. Lo que queremos en esta receta es que la masa quede ligeramente húmeda, cuando la proporción de agua es la adecuada, al mezclar se formarán “pelotitas”, tal y como ves en la foto. Es una masa con la que podrías formar bolas sin que se te pegara a las manos.

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Al hacer la versión sin gluten, sólo con copos de arroz, has de añadir más agua (las 4 tazas que se indican en los ingredientes), ya que el arroz absorbe más líquido.

Vierte la mezcla en el molde y aplana bien con una espátula. Deja ahora que la masa repose un mínimo de 5 horas (durante la noche está bien, también).

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Pasado ese tiempo, precalienta el horno a 150º y hornea tu pan a esa temperatura por 1/3 de hora vigilando que no se queme. Si tienes ventilador en tu horno, enciéndelo, para favorecer que el agua se evapore más rápidamente.

Saca tu pan y tirando del papel de horno, desmóldalo. Ha de quedar firme, aunque por dentro aun no está cocinado.

En una rejilla protegida con otro papel de horno, coloca el pan, esta vez boca abajo. Vuelve a hornear por 3/4 de hora más. Cuida que no se tueste en exceso, los hornos varían de una a otra marca, así que si ves que se ve pone muy oscuro, baja la temperatura. Si tu horno no tiene ventilador (aire) hornea unos 15 minutos más con la puerta del horno un poquito entreabierta.

Para comprobar si tu pan está listo, dale unos golpecitos con una espátula o una cuchara. Ha de sonar a “hueco”. Esto es lo que explica Sara B. en su blog, pero yo os confieso que no controlo mucho el sonido a “hueco”… Por eso, espero que se enfríe un poco y lo parto por la mitad par ver si se ha cocinado por dentro.

Como que la cocina no es una ciencia exacta (es más bien un arte), si ves que pasado los tiempos de horno tu pan no está listo, te doy un pequeño truco que además de acortar mucho el tiempo de cocción te asegura el éxito a la hora de conseguir la consistencia adecuada: cuando el pan esté frío, córtalo con cuidado a rebanadas, si ves que se rompe porque aún está muy crudo, has de volver a ponerlo en el horno por una 1/2 hora más. Pero cuando seas capaz de cortarlo a rebanadas, colócalo sobre una rejilla y hornea las rebanadas unos 20 minutos a unos 100º con la puerta del horno un pelín abierta (si tienes ventilador en tu horno no hace falta que abras la puerta) lo que queremos es “deshidratar” un poco el pan. (De hecho, yo no lo he probado pero podrías probar de hacer una versión “raw” de este pan deshidratándolo, aunque me temo que necesitarás un par de días en el proceso).

Una vez listo, puedes guardar el pan (entero o a rebanadas) en bolsitas de papel en la nevera. Como sale un pan bastante grande, mi truco es cortarlo a rebanadas y congelarlo. Así puedo ir sacándolo cuando lo necesite sin necesidad de descongelar, lo meto directamente en la tostadora. Así, calentito, es como está más bueno.

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Sugerencias: puedes comerlo solo, está delicioso. Pero combina perfectamente con dulce o salado.

¿Qué tal preparar un bocadillo veggie con olivada, tomate seco y germinados?

¿O unas tostadas con tahine y mermelada casera sin azúcar?

O siempre podemos tirar de los clásicos: unas avocado toast sobre un pan que cura recién tostado.

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Desayuno de quinoa y manzana

Aunque lo ideal es empezar el día con un buen batido o licuado, a veces, en las estaciones frías, nos apetecen otro tipo de desayunos. Por eso os traigo esta receta, para que tengáis una alternativa sin gluten al tradicional porridge hecho con copos de avena, que, por cierto, aunque es muy bueno par algunas cosas, crea mucosidad. Así que si estás resfriado, olvídate de la avena por un tiempo.

Este porridge está hecho con un pseucereal entero, que es la mejor manera de tomar cereales (y pseudeocereales). Tomamos el grano entero, con su salvado y su germen para mantener toda su vitalidad intacta y poder obtener todos los beneficios de sus nutrientes. Y recuerdo esto sólo por si acaso, porque seguro que ya no hay nadie por aquí que aun compre cereales refinados ¿verdad? 😉

Como también ya sabrás, el cocinar los alimentos nos hace perder una parte de sus propiedades y, aunque no hay que obsesionarse, puedes preparar esta receta de manera que mantengamos casi intactos sus beneficios. Pero también te dejo la versión tradicional y “fácil”, en el caso de que no tengas tiempo.

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Devuelve la vida tus cereales y semillas
En este post ya te expliqué los básicos para activar tus semillas y por qué es de (vital) importancia que te acostumbres a hacerlo. Si no lo tienes muy presente, no pasa nada, hoy repasamos y aplicamos la teoría a un caso práctico, el del porridge de quinoa en su versión cruda.

En realidad, este paso no es imprescindible para hacer la receta de hoy, puedes cocinar la quinoa sin remojar ni germinar. Pero si quieres hacerlo perfecto (y tienes tiempo) te recomiendo que la actives y la germines, porque realmente los beneficios nutricionales se multiplican muchísimo si lo haces: mejor digestión, más aminoácidos, vitaminas, minerales, oligoelementos…

Te recuerdo cómo activar y germinar:

  1. Pon en remojo la quinoa durante la noche.
  2. Por la mañana, escurre el agua y deja la quinoa sobre un colador que habrás colocado sobre un bol para ir drenando el agua que vaya soltando. Cubre el colador con un trapo o una tapa, para que no le de la luz a la quinoa. Puedes ir remojando con agua filtrada la quinoa cada 3-4 horas.
  3. En aproximadamente 24h verás que a la quinoa le sale una colita, está germinando. No hace falta que la dejes germinar más.
  4. Deshidrata la quinoa en una deshidratadora o, en su defecto, en un horno a la temperatura mínima y con la puerta ligeramente abierta para que circule el aire. El tiempo depende del horno, de la humedad del ambiente… Sólo asegúrate de que queda bien seca antes de guardarla, para que no se eche a perder.
  5. Almacena la quinoa en un bote de cristal.

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Al deshidratarla, la quinoa (y también pasa con el trigo sarraceno y las semillas) queda ligeramente crujiente, como un cereal hinchado. Puedes consumirlos directamente así o, si lo prefieres, puedes remojarlas por un par de horas antes de usarlos.

Vamos con la receta en sus dos versiones

1. Versión rápida sin germinar ni deshidratar

COMPOTA DE MANZANA

Esta es la versión de una amiga mía. Me encanta porque es muy suave y dulce y porque huimos un poco de la típica compota con canela y piel de limón.

Ingredientes

  • 2 manzanas peladas y sin semillas
  • 1/4 de taza de pasas
  • 1/2 vaina de vainilla
  • 1 pizca de sal

Preparación
En una olla pequeña de fondo grueso pon las manzanas troceadas con un poquito de sal, las pasas, y la raspadura de vainilla, pon también la vaina para que le de sabor, luego la quitamos. Añade un fondo de agua filtrada y cocina tapado hasta que la manzana se ablande y se deshaga.

PORRIDGE DE QUINOA

Ingredientes

  • 1/2 taza de quinoa
  • 1 y 1/2 tazas de agua
  • 1 taza de leche vegetal (almendra, arroz, cáñamo, …)
  • 2 c.s. de pipas de calabaza (crudas o tostadas en esta versión)
  • Endulzante a gusto (prueba primero, quizás no lo necesites)
  • 1 pizca de sal

Preparación
Hierve la quinoa con el agua hasta que esté cocinada, una 1/2 hora es suficiente. Mezcla el endulzante (si lo vas a usar) y la pizca de sal en la leche vegetal.
Monta el plato: añade la leche a la quinoa y decora con la compota de manzana y unas pipas de girasol.

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2. Versión raw

CRUDI-COMPOTA DE MANZANA

Ingredientes

  • 1 manzana con su piel
  • 5 dátiles remojados en agua tibia durante una hora como mínimo
  • Unas gotitas de limón
  • 1 c.p. de canela
  • 1 pizca de sal

Preparación

Es mejor prepararlo al momento para que la manzana no se oxide. Tritura todos los ingredientes o, si prefieres otra versión más crujiente. Puedes rallas la manzana y añadir el resto de ingredientes (los dátiles troceados muy pequeñitos)

CRUDI-PORRIDGE DE QUINOA ACTIVADA

Ingredientes

  • 1/2 de taza de quinoa activada, germinada y deshidratada
  • 2 c.s. de pipas de calabaza activadas
  • 1 taza de leche vetetal al gusto
  • Endulzante de calidad al gusto: azúcar de coco, sirope de agave o panela.
  • 1 pizca de sal

Preparación
Mezcla el endulzante y la pizca de sal con la leche y en ella remoja la quinoa durante toda la noche, puedes añadir también las pipas de calabaza si no las tienes activadas y deshidratadas.

Al día siguiente prepara la cruda compota y añádela a la manzana.

Ya está. ¡Espero que lo disfrutéis mucho!

 

“Otra” crema de calabaza

Si pones en tu buscador “crema de calabaza” te aparecerán cientos de recetas, entonces ¿Qué tiene ésta de diferente?

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La primera diferencia es que esta crema no lleva lácteos, ni alimentos de origen animal (caldos animales), ni grasas saturadas. Es totalmente vegana y saludable. Pero quizás lo que marca la diferencia es su sabor: dulce, familiar pero con un toque distinto, producto de la combinación de los ingredientes. Por eso es importante que no cambies ninguno de ellos. Para empezar, utiliza la variedad de calabaza que te propongo, no te arrepentirás. 😉

Hokkaido Squash, una calabaza con personalidad
Esta variedad, la Hokkaido o Red Kuri, es una calabaza suave pero intensa. Puedes cocinarla con su piel, porque ni se nota. Sobretodo porque la vamos a triturar, pero si la haces al horno y la cortas finita, también es muy suave al comerla.

¿Qué más podemos decir de la Red Kuri?

  • Es Rica en betacarotenos (provitamina A) que favorecen la regeneración celular y la cicatrización, mantienen la salud ocular e intervienen en la síntesis de proteínas. Son imprescindibles para el crecimiento osteoarticular en la infancia. También intervienen en la fertilidad y la creación de hormonas sexuales. Pero quizás lo que más nos interesa es su capacidad antioxidante. Los betacarotenos son importantes neutralizadores de radicales libres, protegen frente a carcinógenos, la contaminación, metales tóxicos, aditivos químicos, drogas, fármacos, radiaciones… Protegen al pulmón de la contaminación atmosférica y del tabaco. El efecto antioxidante se relaciona con la protección contra numerosas enfermedades crónicas y degenerativas: cáncer, inflamación crónica, envejecimiento prematuro…
    Además de en la calabaza, encuentras betacarotenos en los vegetales anaranjados y rojizos y en las hojas bien verdes: zanahoria, boniatos, espinacas, acelgas…
  • Diurética: para la retención de líquidos, pero yendo un poco más allá, nos gusta porque mantiene todo el sistema renal y urinario en buen estado y porque ayuda a eliminar líquidos que se acomulan en enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, causando dolor y deterioro de las articulaciones.
  • Rica en fibra: mejora la salud de la flora intestinal, controla los niveles de glucosa en sangre y de grasa en el sistema cardiocirculatorio.
  • Antiparasitaria: tanto la calabaza como, sobretodo, sus semillas se utilizan para acabar contra los parásitos intestinales.

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El hinojo, el toque aromático
Uno de los “secretos” de esta crema es el hinojo. Tiene un sabor anisado e intenso. O te encanta o lo detestas, no suele haber término medio. En esta receta, el hinojo tiene un papel secundario, pero imprescindible. No es un ingrediente muy popular en la cocina occidental, pero quizás, cuando conozcas sus propiedades, empieces a incorporarlo a tu día a día.

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  • Propiedades digestivas y carminativas: favorece la digestión y, sobretodo, es conocido por evitar las flatulencias e inflamación intestinal. Por eso puede usarse tanto el bulbo fresco como sus semillas para mejorar la digestibilidad, por ejemplo en platos de legumbres.
  • Propiedades diuréticas: tal y como pasa con la calabaza, el hinojo es útil para la drenar el organismo, eliminando toxinas y mejorando los síntomas de enfermedades que acumulan líquido en el cuerpo como la artritis.
  • Rico en minerales, vitaminas y aminoácidos: sobretodo el hierro, pero también magnesio y calcio (ayudan a reducir el colesterol). Rico en vitaminas como la C y aminoácidos como la histamina, metionina, arginina, alanina (favorece la creación de defensas)… que tienen un papel antioxidantes y antiinflamatorio, así como ser las piezas del puzzle que componen las proteínas.

Aun hay otro ingrediente secreto que diferencia esta crema de las demás: la manzana. ¿Te imaginas la combinación final? El sabor dulce y equilibrado que le dan estos vegetales junto con las especias cambiará por completo tu concepto sobre las cremas de calabaza.

Te recomiendo que no te saltes ni sustituyas ninguno de los ingredientes, porque precisamente la combinación de todos ellos es lo que le da ese toque diferente a esta crema.

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Ingredientes

  • 1 calabaza hokkaido o red kuri no muy grande
  • 1 hinojo pequeño o medio grande
  • 1 puerro
  • 1 zanahoria grande o dos pequeñas
  • 1 manzana
  • 1 tira de alga kombu de unos 5-6 centímetros
  • 1 cucharada de postre de cúrcuma seca molida
  • 1/2 cucharada de postre de comino molido
  • 1/2 cucharada de postre de anís estrellado molido
  • 1 cucharada de postre de sal
  • aceite de coco o de oliva virgen extra de primera presión en frío

Preparación
Con un cepillo, raspa la calabaza debajo del grifo. Sin pelarla, trocéala y sácale las semillas.

Trocea también el puerro con su parte verde, la zanahoria y la manzana con su piel.

En una olla de fondo grueso rehoga el puerro y la zanahoria con un poquito de sal marina. Añade, pasado un par de minutos, la calabaza y la manzana. Con el fuego bajo, tapa la olla y deja que los ingredientes “suden”, removiendo a menudo.

Después de unos 5 minutos, añade agua filtrada hasta cubrir los alimentos y condimenta con el resto de ingredientes: el alga, la cúrcuma, el comino, el anís. No eches todavía el resto de sal, espera a que los sabores se potencien y se mezclen. Ten en cuenta que la kombu también va a salar un poquito.

Deja que la crema hierba a fuego medio durante aproximadamente unos 20 minutos. Pasado ese tiempo. tritura con la batidora de mano. Ahora es el momento de probar y rectificar de sal.

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La consistencia ha de ser ligera y sedosa, pero con cuerpo. Puedes, sin embargo, aligerar la consistencia añadiendo un poquito de agua o leche vegetal, yo te recomiendo de soja o cáñamo, por ser menos dulces que la de arroz o almendras (a no ser que sea casera). Se conserva en la nevera hasta 3 días.

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