Otra Navidad es posible: canelones veganos gluten free

canelones_saludables_veganosLlega la Navidad y con ella… los excesos. A veces tengo la sensación de que nos tomamos las fiestas como una carrera de obstáculos y que las comilonas son una muestra del exceso que representa esta manera “moderna” de tomarnos las fiestas. ¿Qué placer encontramos en comer sin parar? La mayoría de veces no “atiborramos” de alimentos que no solemos comer normalmente y que nos saturan física y mentalmente. No quiero decir que tengamos hacer una campaña contra la Navidad, sino que deberíamos revisar la manera en que encaramos estas fechas. De hecho, podemos simplemente cambiar pequeñas cosas que sentimos que no nos hacen estar bien, por otros hábitos que nos aporten salud física, bienestar emocional y claridad mental. Quizás he ido un poco lejos con esta última frase, pero realmente los alimentos que consumimos tienen un efecto más allá del cuerpo. De la misma manera, un estado interno determinado puede despertar la apetencia por cierto tipo de alimentos. En los talleres sobre alimentación emocional desarrollo un poco más este tema, pero, para no alargarme, sólo te cuento que te traigo una receta tradicional navideña en su versión vegana, gluten free y la mar de saludable: Canelones saludables para esta Navidad.

En Cataluña el día 26 de Diciembre suelen comerse los tradicionales canelones, hechos con carne, bechamel, queso y pasta. Estos canelones que te presento hoy no tienen ninguno de los ingredientes anteriores y, aun así, durante las pruebas que he hecho para crear esta receta, he conquistado a los comensales más exigentes (incluso carnívoros). Estos son mucho más ligeros, no llevan harina de ningún tipo ni grasas saturadas, son ricos en proteínas y tienen un saborcito a queso parmesano delicioso.

Te animo a que la pruebes esta Navidad ¡Seguro que serán un éxito rotundo en tu mesa!

CANELONES VEGANOS DE TEMPEH. CON BECHAMEL DE COLIFLOR Y PARMESANO VEGANO

Ingredientes

Para la “pasta” de los canelones

  • 2 calabacines grandes

Para la bechamel

  • 1 coliflor pequeña
  • 2 dientes de ajos
  • 1 cebolla
  • 1/2 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada recién molida
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva o coco para saltear

Para el relleno

  • 1 paquete de tempeh (si sigues la Fase 3 de la Dieta que Cura, usa tempeh de garbanzo)
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • 4 cucharadas soperas de judías tipo azuki o lentejas (ya hervidas)
  • 1 cucharada de tahine (pasta de sésamo)
  • 2 cucharadas de tamari o salsa de soja
  • 1 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • Sal al gusto (la salsa de soja ya es salada, así que no te pases)

Preparación

Para la pasta de los canelones: Lava los calabacines y con ayuda de un pelador de patatas o una mandolina haz tiras muy finitas a lo largo hasta que empieces a encontrar el corazón del calabacín, lo notarás por las semillas. Repite el proceso dando la vuelta al calabacín. Puedes desechar las primeras capas, que serán las de la piel. La idea es acabar con un “carpaccio” de calabacín. Ve poniendo las tiras en un colador con un poquito de sal para que vayan soltando el agua. Después trocea los restos del calabacín que te han sobrado, tanto el corazón, como las tiras que se han roto, porque las usaremos para el relleno de los canelones.

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Para la bechamel: Lava y trocea la coliflor, usa también el tronco. Hiérvela durante 10 minutos, normalmente no queremos cocinar las crucíferas más de tres minutos, aquí te explico por qué, pero esta vez lo que queremos es sustituir la bechamel tradicional, así que “sacrificaremos” ese criterio para hacer un plato festivo.
Una vez haya hervido la coliflor, llena una taza con el agua del hervido y desecha el resto.
En una sartén saltea el ajo y la cebolla picados en un poco de aceite de coco y sal. En el vaso de la batidora añade la coliflor, la cebolla y el ajo ya cocinados, la pimienta, la nuez moscada y la taza de agua del hervido. Tritura hasta que se forme una crema sedosa similar a la bechamel. Prueba y ajusta de sal, rectifica si es necesario la consistencia de tu bechamel añadiendo más o menos agua, piensa que durante el tiempo que esté en el horno, la bechamel se volverá un poco más densa, así que mejor que quede un poco más clara ahora.

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Para el relleno: pica la cebolla y el ajo y saltéalos en una sartén con un poco de aceite de coco u oliva y una pizca de sal para que la cebolla “sude”. Ralla el bloque de tempeh con la parte gruesa del rallador y añádelo a la cebolla pasados unos 3-4 minutos. Cuando la mezcla empiece a dorarse, añade las judías o las lentejas que previamente habrás “pisado” un poco con un tenedor y también la cucharada de tahine, el ajo en polvo, la pimienta y las dos cucharadas de salsa de soja. Remueve bien y cocina por unos dos minutos. Añade entonces los restos de calabacín, remueve de nuevo y cocina a fuego medio con la sartén tapada, para que el relleno suelte el agua. Cuando veas que todo está integrado y doradito, añade 3 cucharadas soperas de la bechamel de coliflor para que el relleno quede un poco más pastoso.

Para el parmesano: sigue esta receta sustituyendo las avellanas por anacardos.

Antes de continuar, enciende el horno a 150º.

Llega el momento de enrollar tus canelones, hazlo en la misma fuente donde los vayas a hornear. Coge tiras de calabacín y poniéndolas una al lado de otra, un poco superpuestas, crea una forma cuadrada. Pon un poco de relleno y con cuidado enrolla el canelón.

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Cuando los tengas todos en tu bandeja, añade la bechamel de coliflor y espolvorea con el parmesano. Hornea unos 20 minutos vigilando que no se doren demasiado.

¡Ya están listos! Disfruta de tus canelones saludables y de las fiestas.

Taller de introducción a la alimentación saludable y una receta de chocolate

¡Hola! ¿Qué tal va el comienzo de temporada? Yo estoy muy contenta y felizmente ocupada en todos los eventos de Comida Que Cura. Sin ir más lejos, este sábado inauguramos los talleres de Otoño con el curso de introducción a la alimentación saludable y para celebrarlo he decidido compartir la receta del tentempié que voy a ofrecer en él. Si no te apetece cocinar (aunque es muy fácil de preparar), puedes venir al taller y degustar lo que voy a preparar para todos los asistentes, quedan las última plazas (y que conste que esto no es una estrategia de marketing). Por si andas despistado/a, te recuerdo los detalles del curso:

CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA ALIMENTACIÓN SALUDABLE

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Perfecto para empezar a cambiar tu dieta hacia una alimentación más sana y consciente. En este taller intensivo (una mañana) empezarás por el principio, aprendiendo las bases sobre las que construir una vida más saludable, despejando dudas y despertando tu creatividad en la cocina.

Hablaremos de los alimentos y las cantidades necesarias para llevar una dieta nutritivamente equilibrada y sin carencias. Repasaremos las preguntas más comunes, hablaremos de temas de actualidad como el gluten, la leche, los efectos emocionales de los alimentos… Todo para ofrecerte herramientas que te permitan construir tu propia dieta, para que seas autónomo y te sientas seguro en cada paso.

  • El 17 de Septiembre de 10 a 14h
  • En Planeta Terra Ecobotiga. Avd. de la Pineda 100 (Castelldefels)
  • Inversión: 20€ (plazas limitadas)
    Incluye dossier explicativo y tentempié saludable.

Para apuntarte contacta conmigo No te lo pienses mucho, ¡Estamos casi al completo!

 

A continuación te dejo la receta que ofreceré en el taller:

Bolitas de cacao y cacahuete crudiveganas

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Ingredientes

  • 10 orejones (albaricoques deshidratados)
  • 3 dátiles Medjool o 6 dátiles normales
  • 1/2 taza de cacahuetes tostados y no salados (puedes comprarlos crudos y tostarlos tú mismo en una sartén o en el horno)
  • 1 c.s.* de copos de avena finos
  • 1 c.s. de manteca de coco o 2 c.s. de aceite de coco
  • 1 c.s. de cacao puro sin azúcar + un par de cucharadas más para rebozar las bolitas
  • 1 c.p.* de algarroba (opcional pero muy, muy recomendable)
  • 1 pizca de sal marina

*c.s.= cucharada sopera
*.p.= cucharada de postre

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Preparación

Pon los orejones y, si no usas dátiles Medjool, también los 6 dátiles en remojo en agua caliente por un mínimo de 1/2 hora.

Mientras, en un procesador de alimentos, tritura los cacahuetes. Recuerda que han de ser cacahuetes tostados y no salados y que te recomiendo mucho que hagas este proceso manualmente en casa, en el horno o en una sartén. Vigila porque es fácil que se quemen, ¡has de estar bien atento!. Cuando los tritures, deja pequeños trozos para darle un efecto crujiente a las bolitas. Reserva los cacahuetes en un bol.

Tritura ahora los orejones y los dátiles, escurriendo previamente el agua del remojo. Busca que se forme una crema espesa, que se pegue a las paredes del procesador de alimentos, es posible que necesites añadir un poco de agua, pero no te pases, piensa que queremos manipular la pasta para hacer bolitas y si está muy clara no podrás.

Una vez bien triturado todo, añade los copos de avena, el cacao, la manteca o aceite de coco, la algarroba (si la usas) y la pizca de sal. Tritura hasta que se integren bien todos los ingredientes. Por último, añade los cacahuetes que previamente has triturado y pulsa sólo un poco en tu procesadora para que se integren sin triturarse demasiado.

Coloca la pasta en un bol o tupper y refrigera por unos 20 minutos en tu nevera.

Pasado ese tiempo será muy fácil formar las bolitas. Mójate un poco las manos y haz bolas del tamaño de una albóndiga (la comparación es un poco extraña, pero describe muy bien la medida). Refrigera por media hora más, puedes meter las bolas en el congelador para acelerar el proceso. Pasado ese tiempo, reboza las bolitas en cacao. Si las rebozas antes de refrigerar, la masa absorberá el cacao y te quedarán las bolitas mojadas. De esta manera, te aseguras de mantener el rebozado intacto.

¡Sólo te queda disfrutarlas!

 

 

 

 

 

 

 

 

Receta express: superfood açaí bol

¿Os habéis dado cuenta de lo difícil que es comer de forma saludable fuera de casa?

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Yo no me quejo mucho, porque en Barcelona cada vez hay más lugares que se suman a la moda “healthy”. Porque no nos engañemos, esto del movimiento raw, los runners, el paddle surf, los açaí bowls, la quinoa, etc. etc. es una moda muy rentable. Sea por lo que sea, si esa moda sirve para que muchos tomemos consciencia de la importancia de vivir de forma saludable, a mi ya me vale.

Si decides eliminar de tu vida los productos procesados, los azúcares, incluso los lácteos y el gluten, ten por seguro que te lo vas a tener que currar si quieres comer fuera de casa. Empezando porque vas a tener que desembolsar una cantidad de dinero importante por cualquiera de tus comidas, luego porque vas a tener que hacer un master para saber qué te estás comiendo y para a acabar porque no hay tantos sitios que realmente lo hagan bien. Que en un restaurante te sirvan quinoa no implica que la materia prima sea de buena calidad, que te hagan zumos cold pressed no quiere decir que la fruta que usan sea orgánica… Y así pasa con muchas otras cosas.

Por otro lado está eso de ir a contracorriente, pedir un triste café en un bar “normal” puede ser toda una odisea: “¿me pone un café con leche de soja?”, “No, con leche desnatada no, que es de vaca, la quiero con leche vegetal”, “sí, la soja es vegetal, no sale de ningún animal” (esto es una conversación verídica que tuve hace un tiempo) “sin azúcar, por favor””No, no, camarero, tampoco quiero sacarina…” Luego te pone el café pensando que eres una pija que se pasa la vida comiendo barritas Biomanán. Y ya no digamos cuando no tomas café e intentas pedir un triste rooibos… En el fondo lo que piensen los demás da igual, pero no vamos a negar que llega un momento que estas situaciones te cansan.

Vengo un poco sensible con este tema, porque hoy salí de casa a desayunar y me tuve que dar la vuelta y volver a casa. Como represalia y venganza contra todas las ofertas de bar de bocadillo de chorizo y refresco o de café y croissant, me he preparado un açaí bol de escándalo. Tan rico estaba, ¡que quiero compartirlo contigo!

Apunta bien:

INGREDIENTES
1 plátano (puede ser congelado)
1 melocotón o nectarina
1 c.s.* de açaí en polvo
1 c.p.* de semillas de chía
1 c.p. aceite o manteca de coco

Toppings: (lo que tengas por casa)Por ejemplo: semillas de cáñamo, pipas de calabaza,almendras crudas, trocitos de melocotón, arándanos deshidratados, bayas de goji, cacao nibs…

PREPARACIÓN
Tritura el plátano, 3/4 partes del melocotón, las semillas de chía y el aceite de coco.
Decora con los toppings que tengas por casa y con el cuarto de melocotón que has reservado cortado a trocitos.
¡Ya está!

*c.p.: cucharada de postre / c.s.: cucharada sopera

Veggie burgers fáciles

Hoy vengo con una receta súper fácil y súper económica. Prometo que no tienes que usar ninguna fruta recolectada en un árbol milenario de un acantilado del Amazonas, ni una baya que sólo crece 3 días al año en un poblado africano. Hoy puedes hacer estas hamburguesas vegetarianas con ingredientes (casi) normales que tengas en tu despensa. 😀

Y hablo de recetas fáciles porque ya sé que a veces me complico la vida y, de rebote, os la medio complico a vosotros. Al menos a la hora de ir a comprar o de organizarse en la cocina. Aunque intento compensarlo con listas de la compra saludables que puedes descargar, imprimir y colgar en tu nevera o guías de tiendas en Barcelona para comprar productos sanos, sé que a veces me decís que mis recetas llevan cosas raras… y es VERDAD.

Siento deciros que en algunas ocasiones, como cuando quieres tratar alguna patología con la dieta, hay que tirar de alimentos poco comunes que tienen la capacidad de limpiar, regenerar, sanar… Aunque seguro que algunos ya os van sonando: fermentados, rejuvelac, kimchi… A veces me río porque en vez de ingredientes para una receta, parece que estemos preparando una pócima de bruja de cuento… Pata de rana, ojo de tritón…. ¡Ui no! ¡estas cosas no que no son vaganas! Bueno, bromas a parte, sé que para algunos puede ser fácil y para otros puede sonar a chino, por eso hoy dedico esta receta a todos los que, con todo el cariño, os habéis quejado de mis extravagancias a la hora de cocinar. Para vosotros… ¡hamburguesas vegetarianas súper fáciles!

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Estas hamburguesas son muy sencillas y nutritivas, ya que por la combinación de legumbre y cereal, son proteína completa, proteína de alto valor biológico. Si no te suena nada de esto que te digo, te recomiendo que consultes el post sobre proteínas vegetales. En él verás cómo conseguir proteínas de origen vegetal que le cunden al cuerpo como si fueran de origen animal, evitando toxinas, antibióticos y, de paso, crueldad contra los animales.

Antes de pasar a la receta, sólo te comento que el cereal base de estas hamburguesas es el mijo. Podríamos decir que es lo único “raro” que puedes encontrar en esta receta. Pero si te interesa la Comida Que Cura, seguro que ya te suena de algo, ¿no?. El mijo es el único cereal que es alcalinizante, además no tiene gluten, aporta vitaminas del grupo B y minerales como el magnesio. Por eso, te recomiendo mucho, mucho que incorpores el mijo en tu vida, es asequible y versátil, te encantará.

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Por otro lado, aunque no es lo ideal, te cuento que, tal y como hice en esta otra receta de hamburguesas, he preparado una gran cantidad para poder congelarlas y organizar mis comidas cuando no tengo tiempo de cocinar. Es importante “comer inteligente”, si cocinar cada día no es viable para tí, organízate en la cocina para hacer esta tarea lo más llevadera posible. Así evitarás acabar comiendo cualquier cosa o optando por comer fuera sin poder elegir Comida que Cura.

Bueno, ¿hacemos ya las súper veggie burgers?

Ingredientes

(Para unas 15 hamburguesas aproximadamente)

  • 1 y 1/2 T de mijo*
  • 3/4 T de lentejas (cualquier variedad, yo usé “du puis”)
  • 4 y 1/2 T de agua
  • 1 tira de unos 3 cm de alga kombu (si no tienes no pasa nada, pero te la recomiendo)
  • 2 cebollas grandes tipo “Figueres”
  • 3 dientes de ajo
  • 2-3 zanahorias
  • 2 c.p. rasas de sal del Himalaya o sal marina no refinada
  • 1 c.p. de pimienta negra
  • 1 c.s. de tomillo
  • 1 c.s. de romero
  • 3 c.s. de orégano
  • Aceite de oliva o de coco para cocinar

*Leyenda: T= taza, c.p.=cucharada de postre, c.s.= cucharada sopera

Preparación

La noche anterior, pon en remojo el mijo y las lentejas por separado.

Al día siguiente, escurre el agua del remojo y en una olla grande, añade las 4 tazas y media de agua, la tira de alga kombu, un poquito de sal y las lentejas. Deja hervir por unos 20 minutos y luego añade el mijo. Queremos que esta mezcla quede muy, muy cocida, que casi se transforme en una pasta, por eso buscaremos cocinarla más de la cuenta. Piensa que el mijo aumenta mucho su volumen y absorbe mucha agua, por eso te recomiendo que lo vigiles y vayas removiéndolo de vez en cuando. Con esta proporción de agua, tienes que acabar la cocción con una mezcla pastosa al cabo de unos 15-20 minutos cocinando a fuego medio. Si ves que hay que rectificar de agua, ya sabes, tú mismo gestiona el tema.

Por otro lado, en una sartén rehoga la cebolla que habrás cortado a cuadraditos no muy pequeños en un fondo de aceite de coco o aceite de oliva. Usa poco aceite, sólo lo justo para que no se pegue. Después de unos minutos añade el ajo picado y, por último, la zanahoria rallada. Cocina removiendo bien para que no se queme.

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Una vez esté listo, toca incorporar el mijo y las lentejas a la sartén. Si quieres, retira el alga kombu (eso si la has usado). Yo lo que hago es cortarla pequeñita con las tijeras e incorporarla a la mezcla, queda totalmente camuflada. Añade también la sal, la pimienta y las especias.

Con un pisa-patatas incorpora bien todo, tal como aparece en la foto. Tiene que quedar como una masa con “tropezones”.

Pasa la mezcla a un bol para que se temple. Mejor si puedes meter la masa en la nevera unas horas para darle más consistencia.

Cuando la masa haya enfriado, prepara las hamburguesas. En la rejilla del horno coloca un papel antiadherente, mójate un poquito las manos y forma hamburguesas no muy gruesas. A mi no me ha hecho falta untar de aceite el papel de horno, pero si ves que se te van a pegar (posiblemente es un síntoma de que tus hamburguesas tienen demasiada agua todavía) puedes pintar con un poco de aceite de oliva o coco.

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Mete en el horno a unos 160ºC durante unos 15 minutos, hasta que las hamburguesas queden doradas.

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Si las vas a congelar (a no se que hayas invitado a un equipo de fútbol a comer seguro que sí lo harás) empaqueta individualmente tus hamburguesas luego mételas en una bolsa hermética con la fecha. Conserva en el congelador como máximo un mes.

Ya tienes la comida solucionada para un buen rato =)

Pastel express de lima y chocolate

Ayer publiqué una foto aquí y aquí de mi merienda. Un pastel crudivegano de lima y chocolate súper fácil y, dentro de lo que entendemos como pastel, es una de las opciones más saludables que puedas echarte al cuerpo, como esta versión de aquí.

No tenía previsto publicar la receta porque, como he dicho, es un pastel raw muy sencillito que puedes encontrar en internet fácilmente, pero algunos me preguntasteis cómo se hacía, así que aquí tenéis la receta.

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Os aviso de que lo hice a ojo, como todo lo que suelo preparar al margen de Comida que Cura, ya os conté en el pan que cura que me cuesta mucho preparar las recetas midiendo y apuntando todo. Pero voy a intentar hacer memoria y ajustar las cantidades. Os pido que si probáis la receta y observas algún error, lo compartáis en los comentarios, así, entre todos, configuraremos este pastel súper rico.

Pensad que con esta receta como base, podéis crear muchos otros pasteles. El aguacate se puede combinar con casi cualquier sabor: fresas, frutos del bosque, plátano, naranja, mango, café de cereales, cerezas, coco, canela, manzana, vainilla… en fin, lo que se te ocurra. El aguacate te da la textura y es un lienzo en blanco para el sabor. Así que… ¡arriba esa creatividad!

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PASTEL CRUDIVEGANO DE LIMA Y CHOCO

INGREDIENTES

(Para dos tazas de pastel y un mini molde -8 cm de diámetro- como los de la foto)

Base

  • 1 taza de almendras laminadas crudas (si tienes almendra molida con 3/4 de taza es suficiente, si tienes almendras crudas enteras, 1 y 1/4 de taza)
  • 3/4 taza de dátiles
  • 1/4 taza pasas
  • 1 c.s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de lima

  • 2 aguacates grandes o 3 pequeños
  • 2 limas (el zumo + la piel rallada de una de ellas)
  • 1/4 taza de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de chocolate

  • 1 aguacate grande o 2 pequeños
  • 1 c.s. de algarroba en polvo (mejor ecológica y raw)
  • 1 y 1/2 c.s. de cacao en polvo sin endulzar (mejor ecológico y raw)
  • 3 c.s. de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal
  • Almendras laminadas para decorar

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PREPARACIÓN

Para la base, pon en remojo los dátiles y las pasas en agua tíbia, al menos durante una hora.

Si usas almendras enteras, te recomiendo que las actives para darle más potencia nutricional a tu pastel. Si no, está bien que uses almendras compradas, ya sean laminadas o hechas harina.

Escurre los dátiles y las pasas y, en un procesador de alimentos, tritura todos los ingredientes de la base hasta que se forme una bola en la máquina, quizás debas ajustar la consistencia añadiendo más agua o más almendras. Reserva.

Para el relleno de lima, en el mismo procesador coloca todos los ingredientes y tritura. Reserva.

Limpia un poco la máquina y prepara ahora el relleno de chocolate de la misma forma que antes, mezclando todos los ingredientes.

Monta el pastel: si usas un molde, presiona la base del pastel con las manos un poco mojadas. Queremos que esta base tenga más o menos 1 cm de grosor. Vierte ahora la capa de lima y aplana con una espátula. Mete el pastel en el congelador por, al menos, una hora.

Pasado ese tiempo, saca el pastel y añade la capa de chocolate, que será más finita que la de lima. Decora con las láminas de almendra y vuelve a meter en el congelador por otra hora más como mínimo. Pero puedes guardarlo varios días hasta que lo vayas a consumir, en este caso, tápalo con papel film.

Cuando lo quieras comer, sácalo del congelador una media hora antes. Pasa un cuchillo entre el pastel y el borde para poder desmoldarlo fácilmente sin romperlo.

Si quieres preparar el pastel en taza (mejor si lo quieres comer directamente, sin congelar) Ve combinado las diferentes capas del pastel como quieras. En la foto puedes ver como lo he hecho yo, pero es .

Ya está, eso es todo. Facilísimo ¡Y está muy, muy rico!

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El pan que cura

Cuando digo que no tomo gluten ni maíz, uno de los comentarios más frecuentes es “¡Cómo puedes vivir sin pan!” Lo sé. Parece imposible, ¿no?. Bueno, la verdad es que tengo mis trucos… Pero sí, es duro vivir sin pan, sin galletas, sin magdalenas… Pero, por suerte, cada vez está más de moda eso de la vida gluten free y en mi ciudad, en Barcelona, ya hay lugares que ofrecen pan libre de gluten y de maíz y que hacen también alguna repostería gluten free, sin lactosa y sin azúcar refinada. Hay que buscarlos mucho y pagar el precio que se les antoja, ya que los que estamos privados de estas delicias estamos dispuestos a desembolsar una cantidad considerable por un capricho de vez en cuando. Pero, como suelo decir, estas cosas son excepciones, como dice mi suegra, son alimentos para nuestra “duša” (alma). Si quieres un capricho, siempre es mejor que seas tú mismo el que prepare tu comida, sabiendo qué ingredientes y qué procesos ha seguido tu alimento.

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El pan que cura puede ser un capricho “cotidiano”, quiero decir que no es lo mismo comerse un pastelito (por muy sano que sea) que tomar una rebanada de este pan. Está hecho de semillas y cereales sin procesar, no lleva tanta grasa como un dulce ni tampoco endulzante, lo puedes hacer con stevia para que sea totalmente sugar free o añadirle unas pasas para darle un toque diferente. Si quieres, lo puedes hacer completamente libre de gluten (y esto va para los que estáis en la Fase 3 de la Dieta que Cura) o, si lo prefieres, puedes hacerlo con copos de avena, que aunque no es gluten free, es un cereal bastante tolerable y que también nos aporta muchos beneficios. Como siempre, depende del momento en el que estés. Ya expliqué en este artículo, que las fases más estrictas de la Dieta que Cura son temporales y que la idea es que luego puedas llevar una dieta más abierta, siempre dentro de los márgenes de la Comida que Cura. No nos vamos a poner a comer bocadillos de panceta y chuchos de crema, ¿verdad? 😉

Si te apetece mucho tomar el pan de avena pero necesitas que sea gluten free, tienes la opción de comprar avena sin gluten, es un producto que cada vez es más fácil de conseguir. Sólo como curiosidad… ¿Sabías que la avena es un cereal que originariamente no tenía gluten? Ha ido mutando a lo largo de su historia y ha acabado “contaminándose”, pero no es un cereal que lleve “escrito en sus genes” el código del gluten.

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Cuando descubrí el pan que cura, no me lo podía creer. La verdad es que hacía años que había ojeado la receta, pero como que no tenía la necesidad de tomar pan sin gluten, no le presté demasiada atención. Esta receta es original de la increíble Sara B. del blog My New Roots, ¡Esta mujer es una inspiración! Lees su blog y ya la quieres invitar a tu casa a merendar ¡y no sólo para que te traiga cualquiera de los dulces deliciosos que prepara! Sino por la coherencia, seriedad y amor con que transmite su estilo de vida. Ella, al pan que cura le llama “The life changing loaf of bread” y verdaderamente es algo que cambiará tu vida si estás evitando tomar gluten pero no quieres renunciar al pan.

Para variar, no he sido capaz de seguir la receta de forma estricta, lo he intentado dos veces, y dos veces he hecho lo que me ha dado la gana ¡no puedo evitarlo! No sabéis lo que me cuesta medir y anotar todo para vosotros en las recetas del blog, siempre he cocinado a ojo. Bien, pues las recetas que tenéis a continuación son mi versión del pan de Sara B., una más fiel a la original con avena y otra pensada para los que más lo vais a disfrutar, los que estáis es una fase totalmente gluten free. En vez de avena, usamos copos de arroz integral.

Antes de entrar en materia, os comento varias cosas:

1. El Psyllium Husk es el “pegamento” de este pan y que no puede sustituirse por nada. Así que intentad haceros con una bolsita, aunque sea por internet.

2. Respecto a los frutos secos, podéis poner los que queráis, para mi las avellanas le dan un toque buenísimo y también las nueces.

3. El lino y la chía mejor usarlos triturados (puedes hacerlo en un molinillo de café), pero eso es mi gusto personal, a mi me ha gustado más porque creo que da como resultado un pan más esponjoso, que recuerda más a un pan tradicional. Sara B. incorpora las semillas enteras.

4. Los copos de arroz integral también son importantes para esta receta, también si haces la versión de avena, ya que se deshacen imitando la textura de las harinas y, de nuevo, dan esponjosidad al pan.

5. Como todo, cuantas más veces prepares la receta, mejor te saldrá. También conocerás qué ingredientes combinan mejor según tus gustos.

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¿Te animas a preparar el pan que cura?

INGREDIENTES

RECETA BASE
(ingredientes comunes para las dos versiones)

  • 1 taza de pipas de calabaza (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pipas de girasol (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pasas
  • 1 taza de nueces
  • 1/2 taza de almendras crudas con piel, también mejor activadas (Aquí podrías usar avellanas, nueces de macadamia, coquitos del Brasil…)
  • 6 cucharadas de psyllium husk
  • 2 cucharadas rasas de sal marina o del Himalaya
  • 1/4 cucharadita de estevia (u otro endulzante natural como agave, azúcar de coco, panela… En este caso, puedes usar una cucharada sopera)
  • 3/4 taza de semillas de lino (molidas)
  • 1/4 de taza de semillas de chia (molidas)
  • 3 cucharadas de aceite de coco derretido

 

VERSIÓN CON AVENA (CON GLUTEN)
Opcional usar copos de avena gluten free

  • 3 tazas de copos de avena gruesa
  • 1 taza de copos de arroz
  • 3 tazas de agua filtrada templada

 

VERSIÓN CON COPOS DE ARROZ (SIN GLUTEN)

  • 5 tazas de copos de arroz integral
  • 4 tazas de agua filtrada templada

 

PREPARACIÓN
Necesitas un poco de previsión para preparar tu pan. El proceso no es nada complicado, básicamente consiste en mezclar los ingredientes. Lo más difícil es la paciencia. Has de esperar un poquito para que la masa se asiente, como si hicieras un pan tradicional. Aunque las horas más largas son las de la esperar a que el pan se enfríe para cortarlo y poder picarle el diente.

Entonces, en un bol grande, mezcla todos tus ingredientes secos. Combina bien todos los ingredientes.

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En un molde alargado para que nos quede la forma de pan de molde, pon un papel de horno y úntalo con un poco de aceite de coco.

En otro bol mezcla el agua y diluye el aceite de coco, añade los ingredientes húmedos al bol de ingredientes secos y remueve bien.

Aquí me paro para explicarte algo importante: las primeras veces que probé esta receta siempre tenía la sensación de que faltaba agua, seguramente porque buscaba la textura de “masa” típica de los panes o bizcochos tradicionales. Lo que queremos en esta receta es que la masa quede ligeramente húmeda, cuando la proporción de agua es la adecuada, al mezclar se formarán “pelotitas”, tal y como ves en la foto. Es una masa con la que podrías formar bolas sin que se te pegara a las manos.

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Al hacer la versión sin gluten, sólo con copos de arroz, has de añadir más agua (las 4 tazas que se indican en los ingredientes), ya que el arroz absorbe más líquido.

Vierte la mezcla en el molde y aplana bien con una espátula. Deja ahora que la masa repose un mínimo de 5 horas (durante la noche está bien, también).

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Pasado ese tiempo, precalienta el horno a 150º y hornea tu pan a esa temperatura por 1/3 de hora vigilando que no se queme. Si tienes ventilador en tu horno, enciéndelo, para favorecer que el agua se evapore más rápidamente.

Saca tu pan y tirando del papel de horno, desmóldalo. Ha de quedar firme, aunque por dentro aun no está cocinado.

En una rejilla protegida con otro papel de horno, coloca el pan, esta vez boca abajo. Vuelve a hornear por 3/4 de hora más. Cuida que no se tueste en exceso, los hornos varían de una a otra marca, así que si ves que se ve pone muy oscuro, baja la temperatura. Si tu horno no tiene ventilador (aire) hornea unos 15 minutos más con la puerta del horno un poquito entreabierta.

Para comprobar si tu pan está listo, dale unos golpecitos con una espátula o una cuchara. Ha de sonar a “hueco”. Esto es lo que explica Sara B. en su blog, pero yo os confieso que no controlo mucho el sonido a “hueco”… Por eso, espero que se enfríe un poco y lo parto por la mitad par ver si se ha cocinado por dentro.

Como que la cocina no es una ciencia exacta (es más bien un arte), si ves que pasado los tiempos de horno tu pan no está listo, te doy un pequeño truco que además de acortar mucho el tiempo de cocción te asegura el éxito a la hora de conseguir la consistencia adecuada: cuando el pan esté frío, córtalo con cuidado a rebanadas, si ves que se rompe porque aún está muy crudo, has de volver a ponerlo en el horno por una 1/2 hora más. Pero cuando seas capaz de cortarlo a rebanadas, colócalo sobre una rejilla y hornea las rebanadas unos 20 minutos a unos 100º con la puerta del horno un pelín abierta (si tienes ventilador en tu horno no hace falta que abras la puerta) lo que queremos es “deshidratar” un poco el pan. (De hecho, yo no lo he probado pero podrías probar de hacer una versión “raw” de este pan deshidratándolo, aunque me temo que necesitarás un par de días en el proceso).

Una vez listo, puedes guardar el pan (entero o a rebanadas) en bolsitas de papel en la nevera. Como sale un pan bastante grande, mi truco es cortarlo a rebanadas y congelarlo. Así puedo ir sacándolo cuando lo necesite sin necesidad de descongelar, lo meto directamente en la tostadora. Así, calentito, es como está más bueno.

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Sugerencias: puedes comerlo solo, está delicioso. Pero combina perfectamente con dulce o salado.

¿Qué tal preparar un bocadillo veggie con olivada, tomate seco y germinados?

¿O unas tostadas con tahine y mermelada casera sin azúcar?

O siempre podemos tirar de los clásicos: unas avocado toast sobre un pan que cura recién tostado.

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Dos recetas depurativas facilísimas

¡Hola! ¿Cómo va el detox post-navideño? ¿Ya se nos han olvidado esos turrones de más y esas verduras de menos? Lanzarse a hacer un detox, es una tarea que, más allá de empezar, tiene su dificultad a la hora de sostenerse en el tiempo. Por eso estoy aquí, para daros un empujoncito y recordaros que ¡El detox sólo tiene cosas buenas! Así que ¡Ánimo! Que lo estáis haciendo genial y… si no e el caso… ¡No pasa nada! ¡A reengancharse! Una buena manera de volver a entrar en la onda detox es preparando estas recetas que os traigo hoy, son facilísimas y muy depurativas y, además, las podéis hacer en 10 minutos. Recordad también que no hay que ser un radical de la alimentación, los extremos no pueden sostenerse en el tiempo, por eso te recomiendo un detox suavecito, tranquilo, … para disfrutarlo.

¿De qué van las recetas de hoy? Pues la cosas va de coles, concretamente, de coles de Bruselas. Mis preferidas de mayor, mis vegetales más odiados de niña… Es curioso como vamos evolucionando… Si no te gustan demasiado, dales una oportunidad con la receta de coles de bruselas con hijiki y pasas, el toque dulce hace más tolerable el ligero sabor amargo. Si, como a mi, te encantan, puedes empezar por la receta picante, un placer experimentar el sabor sin disfrazar de estas crucíferas.

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Para no alargarme demasiado, te cuento que las coles son unas grandes aliadas de las enfermedades estomacales, si bien pueden provocar flatulencias a nivel intestinal (también hay trucos para evitarlas), el zumo de col cruda ayuda a cicatrizar y sanar úlceras estomacales. Por eso, y porque además son antioxidantes y contienen mucha fibra, son preventivas del cáncer, sobretodo del de estómago. A nivel nutricional nos aportan básicamente vitaminas y minerales. Destaco rápidamente el aporte de ácido fólico (B9) tan importante durante el embarazo, pero también para todo el mundo, ya que interviene en la activación de la B12, la vitamina más polémica, sobretodo si eres vegano. A nivel de minerales, las coles de Bruselas son ricas en potasio, ayudando a eliminar líquidos, así que por eso y por su ínfimo contenido en calorías son perfectas para personas con sobrepeso. Pero no nos olvidemos que la acumulación de líquidos en articulaciones también es un síntoma en enfermedades reumáticas, así que las coles favorecerán el drenaje articular mejorando la inflamación y sintomatología de patologías como la Artritis Reumatoide.

¿Te animas a incorporar las coles a tu detox?

COLES DE BRUSELAS Y BROCOLI SPICY STYLE

Ingredientes

  • Unos 4-5 ramitos de brócoli
  • Unas 6 coles de bruselas
  • 3 c.s. de aceite de coco (o aceite de oliva de primera presión en frío)
  • 1/2 c.p. de chili en copos
  • 1/4 de c. p. de pimentón de la vera (opcional)
  • 1 pizca de estevia en polvo (la hoja pulverizada, de color oscuro. El polvo blanco suele ser químico) o un poquito de endulzante natural (panela, agave, abedul…)

PREPARACIÓN

Lava las coles y el brócoli y cocínalos al vapor durante 4 minutos de reloj. Te recomiendo cocinar los vegetales lo más enteros posibles (para minimizar la pérdida de vitaminas) y cortarlo una vez cocidos. En esta receta, las coles se parten por la mitad, pero puedes también dejarlas enteras.

En un bote de cristal con tapa mezcla el aceite de coco (derretido previamente) con el chilli, el pimentón y la estevia. Si te falta, añade un poquito de sal. Tapa y agita enérgicamente. Añade la mezcla a las coles y el brócoli y disfruta.

Fácil, ¿verdad?

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COLES DE BRUSELAS CON ALGA HIJIKI Y PASAS

Ingredientes

  • Unas 10-12 coles de bruselas
  • 1 cebolla morada
  • 1 c.s. de aceite de coco (o aceite de oliva de primera presión en frío)
  • 1 c.s. de pasas
  • 1 c. s. de alga hijiki (medida en seco, sin hidratar)
  • 1 c.p. de tamari o una pizca de sal marina / Himalaya

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PREPARACIÓN

Hidrata el alga hijiki (también llamada hiziki) en un bol con agua durante 15- 20 minutos. Escurre y reserva.

Lava las coles de bruselas y hazlas al vapor durante 3 minutos de reloj. En esta receta las mantenemos enteras.

Corta la cebolla a lunas y en una sartén rehógalas con el aceite de coco u oliva hasta que queden blandas, añade la cucharadita de tamari (o sal) y las pasas y sigue cocinando removiendo constantemente hasta que se caramelice un poco la cebolla.

Añade ahora el alga, puedes cortarlas un poco con las tijeras si ves que han quedado tiras muy largas. Cocina por un par de minutos y añade las coles. Baja el fuego, tapa la sartén y deja que se cocine todo por unos 3 minutos más para que las coles se ablanden un poco y se integren los sabores. Remueve de nuevo y comprueba que todo está a tu gusto. Rectifica si es necesario. ¡Disfruta!

 

Verdades y mentiras sobre los detox + una receta depurativa facilísima

Como estamos en época de buenos propósitos… Si uno de tus deseos para el 2016 es vivir de forma saludable, aquí me tienes para echarte una mano. ¡Lo que haga falta a favor de la salud! Durante los próximos días publicaré recetas depurativas sencillas que puedes incorporar a tu detox post navideño. Ya te conté en la entrada anterior lo que puedes hacer para seguir una depuración sencilla, sin mucho drama y que te ayudará a poner a punto el organismo.

Pero antes de seguir, vamos a profundizar un poco más en el concepto de “depuración”. Es un hecho, si nunca has ayunado o practicado un detox, no estás al día. Pero no nos confundamos, más allá de las modas, si bien una depuración es un paso imprescindible a la hora de tratar patologías y mantener la salud, no todo vale. Algunos de los errores más comunes a la hora de hacer un detox pueden ser:

  1. Comer como si no hubiera mañana e intentar remediar el estropicio con un ayuno o detox. Si lo haces así, es que no has entendido el concepto de “depuración”. Es como hacer una limpieza a fondo de tu casa. Imagina que normalmente tienes la casa patas arriba, todo sucio y desordenado, seguro que no es muy agradable estar en esa casa y que, a nivel emocional y psicológico, tampoco te apetece mucho estar ahí. Imagina ahora que un día decides hacer una limpieza a fondo, quizás, aunque te esmeres mucho, ya hay manchas que no puedes limpiar o algún estropicio irreversible. Quizás en ese punto te preguntarás cómo has llegado hasta esta situación. ¿No sería más lógico intentar mantener unos mínimos de orden y limpieza de forma habitual? Pues lo mismo pasa con nuestro organismo, mejor mantenerlo más o menos saludable y no someterlo a cambios drásticos. Así que entiende el detox como una manera de darle un respiro a tu organismo para que se regenere, más que un método para contrarrestar excesos.
  2. Un detox no es una dieta. Obviamente si comes menos y eliges alimentos bajos en calorías, vas a perder peso, pero eso no quiere decir que las depuraciones sean un método para adelgazar. Si vives contando calorias, seguramente no estés obteniendo los resultados deseados. La ansiedad que provoca el querer controlar cada caloría, el ser inflexible, el castigarse constantemente con pensamientos negativos hacia uno mismo… todo eso provoca un efecto rebote. El secreto para estar en el peso adecuado es buscar la salud, eso siempre desde la aceptación y la sensatez. El sobrepeso supone, prácticamente siempre, problemas a nivel de colesterol, diabetes, problemas coronarios, psicoemocionales… Hay que buscar la causa de los desequilibrios de peso y tratarlos de forma adecuada. Por mucho que comas Comida Que Cura, si mentalmente no hay una “higiene”, no te servirá para nada. Una depuración es precisamente eso, un método para limpiar de toxinas el organismo, pero luego hay que también nutrir el cuerpo (y el alma), por eso la depuración no tiene nada que ver con un régimen dietético.
  3. El detox no es un invento de las celebrities. Es cierto que ellas lo han popularizado entre el resto de mortales, han dado a conocer los zumos verdes, los retiros de yoga y ayuno y se ven estupendas con su green smoothie en la mano. Pero esto de la depuración tiene más que ver con un griego de hace miles de años que con Gwyneth Paltrow. Y es que Hipócrates recetaba y practicaba el ayuno para curar patologías en la antigua Grecia. Así que entiende la depuración como un tratamiento médico, con su posología y sus contraindicaciones más que como una moda pasajera de Hollywood.
  4. Un detox no lo cura todo. Aunque una depuración sea uno de los pasos imprescindibles dentro del tratamiento de fondo para recuperar la salud. No quiere decir que sea lo que te cure o garantice tu salud. De hecho, si ahora mismo tienes una patología es una buena idea hacer un detox, pero no de cualquier manera y a lo loco, en este caso, ponte en manos de un profesional que te aconseje qué tipo de depuración es adecuada para ti. Este punto me lleva directamente al siguiente…
  5. El detox es para todos. Ésto es relativo. Existen tantas depuraciones como personas y situaciones. Por ejemplo, si tienes una autoinmune en una fase en que necesites nutrir y fortalecer, es muy posible que una depuración extrema, tipo ayuno o monodieta de varios días, deprima más aún tu sistema inmune. También puede ocurrir lo contrario, si por ejemplo eres una persona con muchas alergias y sigues un detox que estimule tu sistema inmune, puede ser que provoques una crisis alérgica. Sin embargo, siempre encontrarás una depuración a tu medida. Quizás necesites algo muy suave, progresivo, no siempre hace falta ayunar. También es cierto que las personas que no tienen unos buenos hábitos y hacen una depuración por primera vez lo suelen pasar muy mal, el proceso de eliminar toxinas puede ser muy difícil: dolor de cabeza, malestar, cansancio, mal humor… Esto son sólo unos pocos ejemplos para que veas cuántas situaciones distintas necesitan depuraciones diferentes.

Este curso express que acabo de hacerte sobre lo que es y no es un detox, tiene una razón de ser. Me gustaría que entendieras que un detox es un prisma de muchas caras, se puede hacer de muchas maneras según tu momento, situación y motivación. Al empezar el Otoño dediqué 3 posts a explicar muy bien cómo hacer un detox profundo de forma segura. Ahora, en invierno, te propongo una depuración más suave, que se pueda sostener fácilmente en el tiempo y, quizás, incorporar algunas de las propuestas como hábito. Y para complementarlo, hoy te traigo ideas de menús o platos que, por la naturaleza de sus ingredientes y las cocciones, favorecen la limpieza del organismo o, al menos, no lo ensucian.

Te recuerdo que es imprescindible que te muevas, que hagas ejercicio, para movilizar y eliminar toxinas y también porque es el estado natural del ser humano. Estamos diseñados para llevar una vida activa, eso es lo natural. Y no hablo sólo de elegir las escaleras en vez del ascensor, hablo de hacer ejercicio de forma consciente, dejar un espacio para ti y el deporte, de cualquier tipo, pero ten claro que hay que usar el cuerpo para lo que está diseñado.

Antes de ir a las recetas, aprovecho para hacer memoria de algo tan simple como es beber. Bebe mucha agua, somos un 80% agua, como una buena profesora mía suele decir, “somos células en un medio acuático”, así que dale a tu organismo su materia prima. El agua que no sólo te hidrata, sino que también te ayuda a depurar: cuando el cuerpo empieza a eliminar el líquido sobrante, arrastra también desechos que ya no necesita.

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Ahora sí, te dejo con la primera receta de la saga.

JUDÍAS VERDES CON SALSA DE MANZANA Y AVELLANAS
Este es un plato muy sencillo pero sorprendente. La salsa es suave, dulce y con un fondo intenso gracias a las avellanas. Perfecta para una cena ligera. Puedes usar otros ingrediente base como brócoli, coles de bruselas, endivias, corazones de alcachofas…

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Ingredientes

  • Una taza de judías verdes frescas y ecológicas de la variedad que prefieras.

Para la salsa

  • 1 manzana
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla tierna
  • 15 avellanas tostadas
  • Caldo de hervir las judías
  • Sal marina o del Himalaya
  • Pimienta
  • Aceite de coco o de oliva
  • Semillas de sésamo para decorar.

Preparación
Corta los extremos de las judías verdes. Si usas la variedad de judías planas, tal y como he hecho yo, corta a los largo las vainas para hacerlas más finitas.

Cuece al vapor las judías por 4 minutos. No te pases con la cocción, queremos que la verdura quede al dente.

Prepara la salsa: en una sartén, rehoga la cebolla y los ajos troceados en aproximadamente un par de cucharadas soperas de aceite de coco o de oliva. Sal pimienta al gusto y remueve enérgicamente durante un par de minutos para que no se doren demasiado. Añade 3/4 de la manzana pelada y cortada a trocitos. Rehoga durante un minuto más removiendo constantemente. Añade 1/2 taza de caldo de hervir las judías y cocina a fuego medio durante 4 minutos con la sartén tapada. Destapa la sartén y cocina un minuto más para que se evapore un poco el caldo.

En el vaso de la batidora de mano o en el vaso americano, pon la mezcla de la sartén, el resto de la manzana cruda y las avellanas. Tritura hasta que quede una salsa homogénea. Prueba y rectifica de sal si es necesario.

Sirve en un bol las judías con la salsa por encima y un poquito de sésamo.

Pautas para un detox post navideño fácil y una ensalada simplemente deliciosa

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Año nuevo, vida nueva. Es un tópico que se repite cada primero de Enero, desde los clásicos como apuntarse al gimnasio, ponerse a dieta, dejar de fumar… Hasta cualquier otro deseo secreto que nos proponemos cumplir a cualquier precio aprovechando el cambio de año. La mayoría de veces, los buenos propósito, se quedan precisamente en eso, propósitos que no llegamos a cumplir más de unos cuantos días. El secreto del fracaso es muy simple: los extremos no funcionan, el sufrimietno no puede sostenerse en el tiempo (es incompatible con la naturaleza humana) y también que el ser humano busca el placer de forma innata. Por eso, si tu propósito es comer de forma más saludable en este 2016, te propongo que te pongas en marcha haciendo, primero, un cambio de actitud. Aunque parece muy simple y muy obvio, es necesario tener presentes estas pequeñas premisas que te ayudarán a hacer cambios sostenibles en el tiempo. A partir de ahí hay algo imprescindible que explica muy bien el bueno de Eisntein:

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Albert Einstein

Si ya estás ahí: tienes voluntad, paciencia, creatividad, ilusión… Te mereces que te lo pongan un poco más fácil. Y yo, desde Comida que Cura, quiero aportar mi granito de arena para que puedas empezar el año de forma más saludable y deliciosa. Porque al contrario de lo que muchos piensan, comer sano no quiere decir estar a régimen ¡Para nada! O sino echa un vistazo a estos dulces.

Ensuciar y limpiar
Aunque lo ideal es mantener una dieta y costumbres saludables de forma cotidiana, es cierto que en algunos momentos, nos dejamos llevar. Pasa en Navidad, cuando no contamos las calorías o comemos esas cosas que sabemos que no nos hacen demasiado bien. Pero es cierto que, en algunos casos, hace más mella la culpa de comer algo “prohibido” que el efecto real de ese alimento. Así que si te has pasado durante las fiestas, es momento de re-equilibrar.

No creo en las dietas milagrosas ni estrictas, creo en la salud desde la sensatez. No tiene sentido hacer un ayuno severo para adelgazar esos kilos de más o para rebajar la culpabilidad, porque aunque lo “aguantes”, seguramente tendrás efecto rebote al acabarlo. Es mejor ser moderado, incluso en la limpieza, de esa manera podrás depurar el organismo de forma más prolongada y profunda y sin castigar el cuerpo con cambios extremos.

Algunas pequeñas cosas que puedes hacer (si es que no las haces ya):

  • Tomar agua tibia con limón por la mañana. Si quieres ir un poco más allá, añade una cucharadita de hierba de trigo en polvo al agua durante 15 días.
  • Desayuna un zumo verde o en su defecto un batido verde. Aquí puedes descargarte mi ebook con recetas de zumos y batidos.
  • Evita durante unas 3 semanas harinas (también integrales), dulces y lácteos (puedes tomar algo de kefir o yogur ecológico)
  • Haz más ejercicio del que haces habitualmente, aunque sea añadir 1/2 hora más al día.
  • Sustituye una de las comidas por una ensalada o crema de verduras.
  • A media mañana o para merendar, toma fruta de un solo tipo.
  • Añade infusiones depurativas 3 veces al día usando alguna de estas plantas:
  1. Diuréticas: abedul, alcachofera, bardana, brezo, cola de caballo, esparraguera, fresno, fumaria, gatuña, grama de las boticas, maíz, ortiga mayor, saúco, vara de oro.
  2. Para la piel: abedul, caléndula, fresno, fumaria, pensamiento, zarzaparrilla.
  3. Para la sangre: diente de león, fresno, fumaria, grama de las boticas, ortiga mayor, ortosifón, vara de oro.
  4. Para las articulaciones: abedul, cola de caballo, diente de león, fresno, gatuña, grosello negro, ortiga mayor, saúco, vara de oro, zarzaparrilla.
  5. Para el hígado: alcachofera, cardo mariano, diente de león, grama común, ortiga mayor
  6. Para el riñón: fresno, diente de león, gatuña, ortiga mayor, ortosifón,
  7. Para los pulmones: marrubio, saúco, eucalipto, tomillo, zarzaparrilla.
  8. Para el sistema digestivo: alcachofera, caléndula, fresno, fumaria, marrubio, ortiga mayor.

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Lo ideal es combinar 3-4 plantas según tu intención. Siempre te recomiendo tener en cuenta la limpieza hepática, ya que ahí, en el hígado, empieza todo. 😉

Una ensalada sin complicaciones
Aunque la ensalada que te traigo hoy es muy facilita, es una receta arriesgada. Primero porque es una ensalada y estamos en Enero, así que apetece menos que una sopita caliente; luego porque muchos asociamos la ensalada con 3 hojas de lechuga iceberg, dos trozos de tomate y un puñado de olivas rellenas; y para acabar, porque quizás el ingrediente base es totalmente desconocido para ti: el kale.

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A mi favor te diré que, aunque estoy un poco obsesionada con las ensaladas, mi obcecación tiene un motivo: los vegetales y frutas crudos son los alimentos que más nos depuran y nos aportan vitaminas y minerales (entre otros macro y microelementos) y son los únicos alimentos que no ponen en alerta nuestro sistema inmune. Como ventaja secundaria, pero nada despreciable, te diré que las ensaladas están deliciosas. Hay vida más allá de la lechuga iceberg.

Kale hasta en la sopa

En los últimos años la col rizada o kale se ha convertido en la más cool de las verduras. La culpa la tienen las celebrities, las revistas de moda y la globalización. Pero, más allá de ser un vegetal mainstream, la kale tiene unas propiedades dignas de mención.

  • Fitonutrientes: que le otorgan un papel antioxidante y antiinflamatorio, muy útil para enfermedades autoinmes, ya que también refuerza el sistema inmune. Los antioxidantes son de vital importancia a la hora de prevenir el cáncer o como refuerzo en tratamientos como la quimioterapia.
  • Minerales y oligoelementos: hierro, aunque no fácilmente asimilable por el organismo. Calcio, en este caso sí que es interesante ya que debido a su contenido en potasio y magnesio nos ayuda a mantener una buena absorción y metabolización del calcio.
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Ilustración: Erin Sparler
  • Vitaminas: 70 gr de kale nos aporta:
  1. 600% de la C.D.R. (cantidad diaria recomendada) de Vitamina K. Aunque para no engañar a nadie (hay que leer estas cosas con lupa) os recuerdo que la vitamina K se sintetiza (crea) en el intestino humano, aunque de forma insuficiente, por eso esta cantidad es tan elevada, porque necesitamos muy poco aporte para cubrir nuestras necesidades. La vitamina K es importante para el correcto funcionamiento de las plaquetas y la sangre en general, sobretodo en el papel de coagulación y regeneración ante una hemorragia.
  2. 200% de la C.D.R. de vitamina A. Siempre que tomemos la verdura cruda o el jugo prensado en un máquina de extracción lenta. Esta vitamina es imprescindible para metabolizar las proteínas, además te ayudará a tener la piel más saludable, así como protege el sistema inmune y el sistema reproductor. De igual manera es de vital importancia en niños en edad de crecimiento. Todos los vegetales con hojas verde oscuro contiene vitamina A, ya que la clorofila (el color verde) enmascara la vitamina A.
  3. 130% de la C.D.R. de vitamina C. De nuevo os cuento el “engaño” detrás de este dato, la OMS recomienda una ingesta diaria de 80mg, esta cantidad es ridícula. Sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría vivimos en lugares llenos de polución e ingerimos alimentos artificiales y contaminados con pesticidas y fertilizantes. Deberíamos ingerir unos 500mg de vitamina C diaria y, si eres fumador, ten en cuenta que deberías aumentar el consumo de vitamina C entre 25 y 100 mg por cigarrillo). La vitamina C es imprescindible para la formación de colágeno, para el corecto funcionamiento del sistema inmune y es un potente antioxidante celular.
  4. Fibra: las hojas de kale tiene un alto contenido en fibra, que no sólo regularán el tránsito intestinal, sino que tiene un papel hipolipemiente (baja los niveles de grasa en sangre).
  5. Clorofila: tal y como pasa con las algas o los germinados, las hojas verdes tiene un alto contenido en clorofila. Ésta es de vital importancia para regenerar y limpiar la sangre, por lo tanto, es un gran coadyuvante en enfermedades degenerativas que tienen que ver con la permeabilidad intestinal, como la artiritis reumatoide. Si no sabes de qué va esto, te recomiendo que leas los pasos de la Dieta que Cura tranquilamente.

Ahora que ya os he presentado, espero que te animes a incorporar la kale en tu dieta. Una buena opción es probarla en esta ensalada. Lee atentamente los pasos a seguir, ya que disfrutar plenamente de esta col, tiene sus pequeños trucos.

ENSALADA DE KALE SIMPLEMENTE PERFECTA

Es una ensalada muy versátil, puedes ponerle casi cualquier ingrediente que tengas por tu nevera. Yo te comparto la variante que más estoy preparando últimamente, pero, como puedes ver, en la primera foto de este post, tienes otra ensalada de kale con algún ingrediente distinto. ¡Sé creativo!

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Ingredientes

Para la ensalada

  • Unas 5 hojas de kale (puede ser de cualquier tipo, yo usé col kale rizada)
  • Un puñandito de germinados al gusto: alfalfa, lentejas, rabanillos…
  • Unas 7 avellanas tostadas (preferiblemente en el horno de casa)
  • Una cucharada sopera rasa de pasas
  • Una cucharada sopera de coco rallado
  • Una cucharadita de copos de alga nori
  • Opcional pero delicioso: una cucharada de postre de rábano picante rallado (horseradish en inglés)

Para el aliño

  • 2 cucharadas soperas de aceite de oliva de primera presión en frío
  • 1 cucharada sopera de vinagre balsámico (preferiblemente sin azúcar, endulzado, por ejemplo, con zumo de uva)
  • 1/2 cucharadita de ajo rallado en polvo
  • 1 cucharadita de concentrado de manzana o agave o miel
  • 1/2 cucharadita de anís molido en polvo
  • 1 cucharadita de vinagre de umeboshi (o en su defecto una pizca de sal)

Preparación

Primero preparamos el aliño: en un bote de cristal con tapa, mezcla todos los ingredientes, tapa el bote y agita bien. Puedes añadir un poquito de agua si ves que queda un poco espeso.

Para la ensalada, lava y escurre el kale, trocéalo quitando los troncos más duros, puedes guardarlos para el zumo o añadirlos a una sopa a trocitos. Pasa ahora el kale troceado a un bol grande, aquí viene la parte divertida e imprescindible para que las hojas pasen de ser gomosas e incomibles a tiernas y jugosas: masajea el kale con las dos manos, cógelo y literalmente “sóbalo” para romper las fibras y hacerlo más tierno. Dedica unos 5 minutos a este paso, porque es el pequeño truco que marca la diferencia.

Incorpora ahora los germinados que has elegido para tu ensalada e intenta mezclarlos bien repartiéndolos entre todas las hojas de kale, te recomiendo volver a usar las manos en este paso. Añade ahora el coco rallado y, si vas a usarlo, también el rábano picante rallado.

Otro pequeño truco para que tu ensaladas tengan un mejor sabor es añadir un poco del aliño cuando tengas la “base” del plato, que suele ser la hoja verde y algún otro ingrediente que quieras mezclar. En la ensalada de hoy, este es el punto en el que añades, más o menos, la mitad del aliño y mezclarás de nuevo bien para integrar los sabores.

Pasa la ensalada a la fuente o al plato en la que la comerás y acábala añadiendo las avellanas troceadas, las pasas y los copos de alga nori. Acaba de aliñar y disfrútala.

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Hamburguesas veganas para carnívoros

He de confesar que las hamburguesas no me salen especialmente bien. Además, no disfruto nada preparándolas. Entonces ¿por qué han acabado en el blog? Primero porque estas en concreto son las hamburguesas más ricas y rápidas que he preparado y, eso, para mi, ya es motivo suficiente. También porque es una manera de aprovechar los restos de hacer zumo y porque son una opción muy socorrida para tener en el congelador y usar cuando no tienes tiempo de cocinar. Así que yo uso estas hamburguesas de “salvavidas”, como estas otras recetas e ingredientes. Hago muchas y las congelo para tener una opción rápida, incluso cuando se apunta alguien a comer o cenar, o para llevarme de tupper. La manera adecuada de descongelarlas es sacarlas del congelador unas horas antes y meterlas en la nevera. Una vez descongeladas, las paso de nuevo por la sartén para darles un poco de “chispa”. Es que han de cocinarse antes de congelar, pero eso te lo cuento más adelante.

hamburguesas veganas

Algunos diréis que eso de congelar no es demasiado saludable. Y decís bien, ya que perdemos la “energía” de los alimentos. Aunque a diferencia de lo que se piensa, no se pierden excesivamente los nutrientes. Aunque todo depende de los nutrientes, claro… Por ejemplo, las vitaminas son las más afectadas, sobretodo la vitamina C, que es la más delicada y se pierde incluso exponiéndola a la luz. Pero otras sustancias como las ácidos grasos o las proteínas o algunos minerales, no se ven demasiado alterados. De hecho, es peor cocinarlos excesivamente que congelarlos. Lo que quiero decir con esto, es que mejor no congelar los alimentos y consumirlos lo más frescos posible, pero que, si por nuestro ritmo de vida o por comodidad tenemos que hacerlo de forma puntual, tampoco hay que obsesionarse. Lo que sí te recomiendo es que no compres productos congelados y procesados: lasañas, patatas fritas, verduras… Si has de consumir algo congelado, que sea algo que has preparado tú mismo.

¿Qué tienen de bueno estas hamburguesas?

Antes de pasar a enumerarte las virtudes de los ingredientes, te cuento que estas hamburguesas tienen un pequeño secreto que le da un toque especial: unas hojitas de menta picadas. Sí, has leído bien, no llevan perejil, ni cilantro, ni siquiera albahaca. Llevan menta. Pruébalo y sorpréndete.

De todos los ingredientes, hago mención especial de la proteína de guisante. Quizás, depende de donde vivas, te cueste un poco encontrarla. Si no estás siguiendo la Fase 3 de la Dieta que Cura, puedes sustituirla por proteína de soja o lo que también se llama “soja texturizada”. Como siempre, te recomiendo que sea ecológica, hay que vigilar con la soja, que suele ser transgénica. Lo bueno de usar soja es que ya estás consumiendo proteína completa. En el caso del guisante, deberíamos completarlo con un poquito de cereal (Si todo esto te suena a chino, ponte al día aquí). En esta receta la proteína de guisante o soja le da consistencia a la hamburguesa, creando una textura similar a la de la carne. Aunque, créeme, no es mi objetivo imitar productos cárnicos… Sin embargo, creo que es una receta que puede agradar a personas que comen carne, por la textura y también por el sabor.

La remolacha como aliada de la Artritis Reumatoide
Otro de los ingredientes dignos de mencionar es la remolacha que, además del color “carnívoro”, nos aporta muchos nutrientes básicos para mantener a raya patologías inmunitarias. Básicamente por dos cosas: su poder atioxidante y su (científicamente probada) capacidad antiinflamtoria. Además de muchos otros nutrientes que hacen sinergía entre ellos para cuidar de nosotros desde dentro. A continuación te cuento un poco más sobre ellos:

remolacha

  • Flavonoides: su capacidad antioxidante confiere un gran potencial terapéutico en enfermedades como el cáncer, patologías cardiovasculares, hepáticas o autoinmunes. Pero, como Comida Que Cura va, entre otras cosas, de Artritis Reumatoide, te cuento que los flavoniodes pueden inhibir las prostaglandinas y la proteína C reactiva, que son enzimas inflamatorias que se “disparan” en patologías como la artriris. Esto quiere decir que una dieta rica en bioflavoniodes hará que tu inflamación se modere.
  • Folatos: vitales para el buen funcionamiento del ADN y ARN. Intervienen en la creación y protección de las células, por ejemplo de las células del sistema inmune, pero también de la sangre, es decir, de los hematíes o glóbulos rojos.
  • Vitaminas: grupo B, provitamina A, y vitamina C. En general, influyen en el buen funcionamiento del sistema nervioso, mejoran la salud de la piel, de las mucosas… Aunque podría explicártelo muy extensamente, quédate con que la remolacha nos aporta vitaminas necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Vitaminas que a veces no tienen reserva en el cuerpo y hay que ir tomando de forma diaria a través de los alimentos. Otra vez te recuerdo que si no consumes alimentos ecológicos, tampoco consumes vitaminas ni minerales, pero sí pesticidas, fertilizantes, etc.
  • Minerales: hierro, sobretodo. Pero también magnesio, fósforo y cobre.
  • Fibra soluble: además de mejorar nuestra flora intestinal y ser ligeramente laxante. Ayuda a bajar los niveles de colesterol en sangre protegiendo todo el sistema cardiovascular.

La cara “oscura” de la remolacha, los oxaltaos.
La remolacha y otras verduras como las acelgas y las espinacas, contienen oxaltaos que inhiben la absorción de minerales como el hierro, el magnesio o el calcio. Y que pueden causar problemas a nivel renal y, desde ahí, a otros sistemas como el cardiocirculaorio. Pero… no hay que tirarse de los pelos, la naturaleza se regula ella solita. La mayoría de plantas y algunos pseudocereales como la quinoa o el amaranto contienen oxaltaos, aunque en proporciones muy pequeñas. Si comiéramos como debemos, respetando los alimentos de temporada, todo estará en su sitio, ya que no consumiríamos cantidades demasiado grandes de productos ricos en oxaltaos. Pero volviendo al tema de la sabiduría de la naturaleza… ¿Te has parado a pensar por qué la remolacha es rica en hierro y a la vez en oxaltaos? Pues porque tampoco sería bueno tener demasiado hierro en sangre. O lo mismo pasa con el calcio, si no existieran alimentos que regulan la absorción de algunos minerales y vitaminas, podríamos también cursar anomalías como, en el caso del calcio, la hipercalcemia. Lo que quiero decir (y ya es la segunda vez en este post) es que no hay que obsesionarse. A veces perdemos la realidad de vista, nos prohibimos algunos alimentos sin saber muy bien por qué. Los único que deberías “prohibirte” (y ni siquiera me siento muy cómoda utilizando esta palabra) es todo lo que te conté aquí. Pero una dieta equilibrada, (incluso aunque tengas que ponerte estricto utilizando tu dieta como medicina y, en este caso, evitar algunos alimentos durante un tiempo) no tiene que ver con limitaciones y prohibiciones, tiene que ver con la moderación y el sentido común. He dicho.

Nota: En el caso que tengas tendencia a la anemia ferropénica sólo ten en cuenta no ingerir en la misma comida alimentos ricos en hierro junto con otros que sean ricos en oxaltaos. Por ejemplo, no tomar espinacas y algas hijiki (súper ricas en hierro) en la misma ingesta. Así aprovecharás todo el hierro sin que los oxalatos te lo roben.

hamburguesas para carnivoros

Azuki
Son unas judías maravillosas que si aun no conoces, van a cautivarte en pocos segundos.
Tienen un sabor suave, dulzón, y una textura cremosa pero firme a la vez. Son un alimento que centra, que da estabilidad, lo que en macrobiótica se denomina un alimento con energía yang. Entre sus propiedades podemos destacar el aporte de fibra, que ayuda al tránsito intestinal y a regular los niveles de azúcar en sangre, incidiendo también a la salud del sistema cardiovascular. Otro de los puntos fuertes de las azuki es su función como prebiótoco, de nuevo por su fibra, que sirve de “abono” del intestino para que los probióticos crezcan fuertes y frondosos. Pero quizás una de las propiedades más conocidas y destacables es la de ser una gran desintoxicante del riñón. ¿Has visto que tienen forma de mini riñón? Así que… ¡Sorpresa! Su efecto sobre este órgano ayuda a contrarrestar los posibles efectos nocivos derivados de los oxalatos de la remolacha (aunque ya te he dicho que deberías comer mucha mucha remolacha para notarlos). Pero, por si acaso, así te quedas más tranquilo. 😉

Bien pues vamos ya con la receta, antes de que se me ocurra algo más que contarte sobre estas hamburguesas…

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INGREDIENTES
(Para unas 10 hamburguesas)

  • 1 taza de pulpa de remolacha de hacer zumo. Puedes usar remolacha rallada, pero tendrás que usar menos cantidad para conseguir la misma consistencia en tus hamburguesas (ya que tendrás más jugo). También puedes usar más proteína de guisante o soja para compensar la humedad.
  • 1 bote de judías azuki ecológicas (colando el líquido)
  • 2 tazas de proteína de guisante texturizada (no en bolas) o también soja texturizada (no transgénica)
  • 1 c.s. de ajo en polvo
  • 1 c.s. de pimienta
  • 1 c.s. de pimentón dulce ahumado
  • 1 c.s. de sal del himalaya
  • Truco secreto: unas hojas de menta picadas. Aproximadamente una cucharada sopera rasa.
  • Aceite de coco o de oliva (siempre virgen extra de primera presión en frío) para hacerlas en la sartén.

PREPARACIÓN
Con la batidora de mano o con una batidora de vaso, tritura las azuki hasta que se haga una pasta. Puede llevarte un rato ya que la pasta se pega a las cuchillas y los bordes del recipientes y hay que ir despegándola.
Mezcla en un bol bien grande todos los ingredientes de la receta junto con las azuki que acabas de triturar. Deja que todos los ingredientes se integren bien. Prueba y rectifica de sal, pimienta o lo que sea.
Mójate las manos y forma hamburguesas del tamaño que prefieras.

hamburguesas_remolacha
Calienta una sartén con un poquito de aceite de oliva o coco y pasa tus hamburguesas para que se doren un poco por fuera y cojan más consistencia. Las cocinamos antes de congelar para que mantengan estas consistencia cuando las vuelvas a descongelar. Es un buen truco si vas a incorporar las hamburguesas “salvavidas” en tu rutina.