Plan depurativo fácil: pon un vaso de agua en tu mañana

Si sigues Comida que Cura, seguramente ya sabrás lo mucho que aconsejo beber un gran vaso de agua tíbia en ayunas. Pero hoy vengo a contarte como optimizar ese vaso de agua, no con una ni con dos variaciones, sino con siete. Siete versiones del vaso de agua matutino para limpiar en profundidad sin esfuerzo. 

¿Por qué incorporar el vaso de agua ahora? Porque la Primavera es el momento idóneo para hacer un “reset” y transicionar hacia el momento más cálido y extrovertido el año. Si nunca has hecho una depuración o si no te apetece seguir una en este momento, puedes platearte el incorporar el vaso matutino de agua (con el añadido que quieras) durante un mes. Es una manera de empezar, a veces es bueno no querer hacerlo todo de golpe. Pero si te animas y quieres meterte de lleno en el tema de los planes detox, puedes asisitir a la pequeña charla-taller que daré en Llavoretes el próximo 28 de Marzo. En ella explicaré las pautas para hacer una depuración primaveral de forma segura y llegando hasta donde sientas que es adecuado para ti.  Hacer una pequeña depuración estacional puede ser más fácil de lo que parece. No pienses que depurar es sinónimo de ayunar, no es necesario (ni en algunos casos aconsejable). Si te animas a venir al taller de detox, puedes consultar cómo apuntarte en la pestaña de talleres.

Volvamos al “upgrade” del vaso de agua matinal. Antes de entrar en materia, te recuerdo unos puntos básicos:

  1. Lo primero que has de hacer por la mañana es lavarte los dientes y rasparte la lengua con un “limpia lenguas”. Sé lo que estás pensando “¿no sirve el cepillo de dientes?” Pues no, no es suficiente ni funciona igual. El día que pruebes el limpia lenguas lo entenderás todo. Esto es muy importante para poder eliminar las toxinas que el cuerpo ha expulsado a través de la lengua por la noche, que es cuando se dedica a limpiar en profundidad. Si no lo haces, te volverás a tragar la porquería al beberte el agua o al desayunar. :S
  2. El vaso de agua siempre ha de beberse tibio, aunque sea Agosto y estés en un crucero por el Caribe. Respetamos la temperatura del cuerpo, por eso buscamos que el agua no cree mucho contraste con ella al estar demasiado fría.
  3. Deja pasar un rato hasta ingerir cualquier otro alimento, aunque sea un zumo o cualquier otro líquido. Puedes tomar tu agua nada más levantarte y luego ducharte, vestirte… seguir tu rutina matutina retrasando un poco el desayuno.

Vamos con las 7 versiones del vaso de agua.

1.Vaso de agua tíbia
El primero que te propongo está claro que es el básico. El que nunca falla, un vaso de agua filtrada (no del grifo) a temperatura del cuerpo. Puedes tomar 1 ó 2 vasos, los que te sienten bien. No te fuerces ni tengas prisa. Mejor empezar poco a poco para no cogerle manía y provocar un “efecto rebote”.

2. Agua con limón, un clásico que nunca falla
Receta: 1 vaso de agua tíbia con el zumo de medio limón.
Efecto: Alcalinizante y depurativo. No hace falta añadir mucho limón de golpe, empieza poco a poco y ya irás aumentando la cantidad de limón. Puedes usar primero 1/4 de limón quizás en unas semanas ya le habrás cogido el gusto y te apetezca exprimir un limón entero.

3. Agua con vinagre de manzana sin pasteurizar
Receta: 1 vaso de agua tíbia con unas gotitas de vinagre de manzana sin pasteurizar.
Efecto: Muy depurativo y probiótico. Ideal como alternativa si estás tratando la Artritis Reumatoide con la Fase 3 de la Dieta que Cura.

4. Agua con rejuvelac
Receta: medio vaso de agua tíbia y medio vaso de rejuvelac.
Aquí te dejo la receta y alguna información extra sobre esta bebida extraña que como quizás hayas intuido por su nombre, tiene algo que ver con mantenernos jóvenes y guapos por dentro y por fuera.

5. Agua con chlorella
¿A qué te suena esto de chlorella? quizás a “clorofila”, verdad? Es que esta alga es muy rica en este pigmento, pero ¿sabías que la estructura de la clorofila es muy similar a la del plasma sanguíneo? Por eso todos los vegetales verdes son imprescindibles en tu dieta regular si quieres mantenerte sano y lleno de energía. Además la chlorella es muy adecuada para hacer una limpieza profunda, limpia incluso de metales pesados y está muy indicado cuando el dentista nos quita un empaste de mercurio (de esos metálicos antiguos) ya que en el proceso se liberan muchos gases provenientes de este metal tan tóxico. Aprovecho para recomendarte que te quites cualquier amalgama de mercurio que tengas, ya que muchas enfermedades tienen que ver con esos empastes. Volviendo a la chlorella,  en general es perfecta para depurar y remineralizar, yo te recomiendo hacer una limpieza de chlorella al menos una vez al año.
Receta: 1 vaso de agua tíbia con media cucharadita de alga chlorella en polvo.
Efecto: Alcalinizante, remineralizante y muy depurativo, ideal para hacer una limpieza de metales pesados.

6. Agua con vinagre de umeboshi
La ume es una ciruela que se fermenta en sal marina cerca de dos años, es un alimento medicamento que potencia la salud y que se ha usado desde hace muchos muchos años en la macrobiótica. Por comodidad puedes usar su vinagre para añadirlo a tu vaso de agua, pero también podrías usar un pellizco de la propia ciruela fermentada (umeboshi) o de la pasta que se comercializa.
Receta: 1 vaso de agua tíbia con unas gotitas de vinagre de umeboshi.
Efecto: Alcalinizante, remineralizante y muy depurativo. También es un probiótico y antiséptico natural.

7. Agua con agua de mar.
Receta: 3/4 de vaso de agua tíbia con 1/4 de agua de mar.
El biólogo René Quinton investigó sobre las propiedades y efectos del agua de mar en numerosas enfermedades. Tomar agua de mar (adquirida en la farmacia o algún herbolario) diluida en agua mineral ayuda a remineralizar, alcalinizar además de ser antibactericida.

Si le coges el gusto a lo del vaso de agua, puedes hacer tus propios combinados: ¿qué tal un poquito de agua tibia con unas gotas de limón y un chorrito de agua de mar? Sé creativo y sobretodo observa cómo te sienta esta ayuda extra para que tu cuerpo brille por dentro y por fuera.

Limpieza post Navideña: día 1

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Empezamos esta limpieza post excesos navideños de forma suave y progresiva. Seguramente te apetece mucho dejar atrás los turrones y las comidas pesadas, así que estos tres días de re-equilibrio no van a ser nada duros.

Si quieres profundizar más en tu limpieza haciendo un detox post Navidad, puedes venir a los talleres que haré el próximo 17 y 20 de Enero, puedes apuntarte aquí. En estos talleres también te daré otras pautas complementarias además de la alimentación que te ayudarán a ir un poco más allá en tu depuración. Dale un respiro a tu organismo, límpialo y fortalécelo para potenciar tu salud y sentirte de nuevo ligero y equilibrado. Aprovecha el precio “anti cuesta de Enero”, sólo 8€. =)

Te recuerdo, como siempre, que es importante hacer ejercicio diariamente. Haz las actividades que más te gusten y te motiven, pero trata de moverte y de sudar para eliminar toxinas y activar el metabolismo.

Quizás ya sabes que mi otra mitad, además de Comida Que Cura, se dedica y debe a la práctica de Yoga tradicional. El yoga es una actividad que no sólo tiene un impacto a nivel físico, sino que busca impregnar también la parte emocional y psicológica. No pienses que por esto, el yoga no supondrá un reto para ti o que es algo que no te va a hacer sudar o sentir agujetas, casi todos los alumnos que viene a clase por primera vez se sorprenden de la profundidad con la que se trabaja a nivel físico. Pero lo mejor es que lo compruebes tú mismo, te invito que vengas a mis clases en Barcelona, puedes incorporarte a las sesiones grupales, donde trabajamos con yoga Vinyasa, pranayama y técnicas de meditación o si tienes alguna necesidad especial como la Artritis Reumatoide, escríbeme para reservar unas clases privadas

¿Listo para el primer día de limpieza?


DÍA 1

Nota: en la medida de los posible elige productos ecológicos durante tu limpieza. Evitamos también los refinados, las grasas de mala calidad y el azúcar y la sal.

DESAYUNO _______________

Batido de frutos rojos, zumo de naranja, espinacas y hierba de trigo.

MEDIA MAÑANA _______________

5 almendras crudas, 1 cucharada sopera de pipas de calabaza. A ser posible, en ambos casos activadas.

COMIDA _______________

  • Ensalada de kale y colinabo con aliño de mostaza y curry
  • Verduras al vapor con gomasio
  • caldo de verduras
  • 2 tostadas de arroz con olivada

Para la ensalada:

Ingredientes

  • 2 hojas de kale (yo he usado la variante “black kale”)
  • 2 hojas de lechuga (yo he usado trocadero)
  • 1/4 de colinabo
  • 1 cucharada sopera de alga arame
  • 1 poco de rábano picante rallado o cualquier rabanito
  • 1 cucharada sopera de pipas de girasol
  • 1 cucharada sopera de levadura nutricional

Aliño:

  • 1 cucharada sopera de aceite de oliva de primera presión en frío
  • 1 cucharada de postre de mostaza
  • 1 cucharada de postre de curry
  • 1 cucharada de postre de vinagre de umeboshi
  • 1 cucharada de postre de vinagre de módena ecológico y sin azúcar añadido
  • 6 cucharadas sopera de agua filtrada

Preparación:

Primero remoja el alga arame en agua filtrada por al menos 2 minutos. Luego prepara el aliño mezclando todos los ingredientes. Lava y escurre el kale, trocéalo quitando los troncos más duros (puedes guardarlos para zumos). Pasa ahora el kale troceado a un bol grande y añade unas 3 cucharadas del aliño, masajéalo con las dos manos para romper las fibras y hacerlo más tierno, este paso es imprescindible para poder comer cualquier kale cruda sino es muy dura y fibrosa. Dedica unos 5 minutos a este paso, porque es el pequeño truco que marca la diferencia.

Lava y trocea la lechuga y añádela a la kale. Lava y pela el colinabo, trocéalo a medias lunas muy finitas y añádelo al bol. Incorpora el resto de ingredientes y el resto del aliño.

Para la verdura al vapor:

Ingredientes

  • 1 patata pequeña
  • 1 zanahoria pequeña
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 pencas de acelgas
  • 2 hojas de col redonda
  • 4 ramitos de brocoli
  • 1 tira de alga kombu
  • Condimentos: 1 cucharadita de aceite de oliva, gomasio y pimienta molida.

Calienta 1 litro de agua filtrada en una olla grande preparada para cocer al vapor. Añade 1 tira de alga kombu.

Utilizamos más cantidad de agua de lo normal para conseguir un caldo de verduras que convertiremos luego en nuestra cena.

Limpia y lava toda la verdura que vas a cocer. Pela la patata y la zanahoria y trocéalas. Cuando el agua hierva añádelas. Pasados 10 minutos, añade la cebolla pelada y las acelgas que habrás troceado separando el tronco de las hojas, primero metemos en la olla la parte del tronco y dejamos que se cocinen 5 minutos más. Añade ahora las hojas de col troceadas y las hojas de las acelgas, cocina 5 minutos más. Apaga el fuego y añade los ramitos de bróculi, deja que se cocinen ligeramente por 3 minutos.

Cuando sirvas las verduras, condiméntala con el aceite de oliva, la pimienta y el gomasio.

Para el caldo, sólo llena una taza con el caldito que te ha quedado de cocinar las verduras al vapor.

Las tostadas y la olivada las compro ecológicas, una manera fácil, rápida y saludable de complementar la comida.

MERIENDA _______________

Batido verde de kale, pera y espirulina con un poquito de leche de almendra (mejor casera o sino asegúrate que no tiene azúcar añadida)

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CENA _______________

  • Crema de raíz de apio y rábano negro
  • Infusión al gusto: yo he elegido rooibos de vainilla

Para la crema:

Ingredientes

  • 1 raíz de apio pequeña (las ecológicas suelen serlo) o unas dos tazas de raíz de apio troceada.
  • 1 rábano negro
  • Caldo de hervir las verduras al vapor
  • Alga kombu (si no la tenemos en el caldo ya)
  • Nuez moscada recién molida
  • sal marina sin refinar

Preparación:

En el caldo de cocinar la verdura al vapor de la comida, añade la raíz de apio pelada y troceada y el rábano negro sin pelar (pero bien limpio, puedes utilizar un cepillo de coco).

Si no tienes el alga kombu en el caldo del mediodía, añádela ahora junto con un poquito de sal. Deja que hierva todo una media hora. Tritura bien y condimenta con la nuez moscada.

Aquí puedes continuar con tu segundo día de limpieza.

 

Otra Navidad es posible: canelones veganos gluten free

canelones_saludables_veganosLlega la Navidad y con ella… los excesos. A veces tengo la sensación de que nos tomamos las fiestas como una carrera de obstáculos y que las comilonas son una muestra del exceso que representa esta manera “moderna” de tomarnos las fiestas. ¿Qué placer encontramos en comer sin parar? La mayoría de veces no “atiborramos” de alimentos que no solemos comer normalmente y que nos saturan física y mentalmente. No quiero decir que tengamos hacer una campaña contra la Navidad, sino que deberíamos revisar la manera en que encaramos estas fechas. De hecho, podemos simplemente cambiar pequeñas cosas que sentimos que no nos hacen estar bien, por otros hábitos que nos aporten salud física, bienestar emocional y claridad mental. Quizás he ido un poco lejos con esta última frase, pero realmente los alimentos que consumimos tienen un efecto más allá del cuerpo. De la misma manera, un estado interno determinado puede despertar la apetencia por cierto tipo de alimentos. En los talleres sobre alimentación emocional desarrollo un poco más este tema, pero, para no alargarme, sólo te cuento que te traigo una receta tradicional navideña en su versión vegana, gluten free y la mar de saludable: Canelones saludables para esta Navidad.

En Cataluña el día 26 de Diciembre suelen comerse los tradicionales canelones, hechos con carne, bechamel, queso y pasta. Estos canelones que te presento hoy no tienen ninguno de los ingredientes anteriores y, aun así, durante las pruebas que he hecho para crear esta receta, he conquistado a los comensales más exigentes (incluso carnívoros). Estos son mucho más ligeros, no llevan harina de ningún tipo ni grasas saturadas, son ricos en proteínas y tienen un saborcito a queso parmesano delicioso.

Te animo a que la pruebes esta Navidad ¡Seguro que serán un éxito rotundo en tu mesa!

CANELONES VEGANOS DE TEMPEH. CON BECHAMEL DE COLIFLOR Y PARMESANO VEGANO

Ingredientes

Para la “pasta” de los canelones

  • 2 calabacines grandes

Para la bechamel

  • 1 coliflor pequeña
  • 2 dientes de ajos
  • 1 cebolla
  • 1/2 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada recién molida
  • Sal al gusto
  • Aceite de oliva o coco para saltear

Para el relleno

  • 1 paquete de tempeh (si sigues la Fase 3 de la Dieta que Cura, usa tempeh de garbanzo)
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • 4 cucharadas soperas de judías tipo azuki o lentejas (ya hervidas)
  • 1 cucharada de tahine (pasta de sésamo)
  • 2 cucharadas de tamari o salsa de soja
  • 1 cucharadita de pimienta recién molida
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • Sal al gusto (la salsa de soja ya es salada, así que no te pases)

Preparación

Para la pasta de los canelones: Lava los calabacines y con ayuda de un pelador de patatas o una mandolina haz tiras muy finitas a lo largo hasta que empieces a encontrar el corazón del calabacín, lo notarás por las semillas. Repite el proceso dando la vuelta al calabacín. Puedes desechar las primeras capas, que serán las de la piel. La idea es acabar con un “carpaccio” de calabacín. Ve poniendo las tiras en un colador con un poquito de sal para que vayan soltando el agua. Después trocea los restos del calabacín que te han sobrado, tanto el corazón, como las tiras que se han roto, porque las usaremos para el relleno de los canelones.

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Para la bechamel: Lava y trocea la coliflor, usa también el tronco. Hiérvela durante 10 minutos, normalmente no queremos cocinar las crucíferas más de tres minutos, aquí te explico por qué, pero esta vez lo que queremos es sustituir la bechamel tradicional, así que “sacrificaremos” ese criterio para hacer un plato festivo.
Una vez haya hervido la coliflor, llena una taza con el agua del hervido y desecha el resto.
En una sartén saltea el ajo y la cebolla picados en un poco de aceite de coco y sal. En el vaso de la batidora añade la coliflor, la cebolla y el ajo ya cocinados, la pimienta, la nuez moscada y la taza de agua del hervido. Tritura hasta que se forme una crema sedosa similar a la bechamel. Prueba y ajusta de sal, rectifica si es necesario la consistencia de tu bechamel añadiendo más o menos agua, piensa que durante el tiempo que esté en el horno, la bechamel se volverá un poco más densa, así que mejor que quede un poco más clara ahora.

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Para el relleno: pica la cebolla y el ajo y saltéalos en una sartén con un poco de aceite de coco u oliva y una pizca de sal para que la cebolla “sude”. Ralla el bloque de tempeh con la parte gruesa del rallador y añádelo a la cebolla pasados unos 3-4 minutos. Cuando la mezcla empiece a dorarse, añade las judías o las lentejas que previamente habrás “pisado” un poco con un tenedor y también la cucharada de tahine, el ajo en polvo, la pimienta y las dos cucharadas de salsa de soja. Remueve bien y cocina por unos dos minutos. Añade entonces los restos de calabacín, remueve de nuevo y cocina a fuego medio con la sartén tapada, para que el relleno suelte el agua. Cuando veas que todo está integrado y doradito, añade 3 cucharadas soperas de la bechamel de coliflor para que el relleno quede un poco más pastoso.

Para el parmesano: sigue esta receta sustituyendo las avellanas por anacardos.

Antes de continuar, enciende el horno a 150º.

Llega el momento de enrollar tus canelones, hazlo en la misma fuente donde los vayas a hornear. Coge tiras de calabacín y poniéndolas una al lado de otra, un poco superpuestas, crea una forma cuadrada. Pon un poco de relleno y con cuidado enrolla el canelón.

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Cuando los tengas todos en tu bandeja, añade la bechamel de coliflor y espolvorea con el parmesano. Hornea unos 20 minutos vigilando que no se doren demasiado.

¡Ya están listos! Disfruta de tus canelones saludables y de las fiestas.

Cheesecake de boniato

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Aquí tienes la receta de uno de las meriendas que más he preparado este Otoño. Es una tarta vegana, sin azúcares refinados y con productos de temporada. Si quieres que sea completamente libre de gluten, sólo tienes que utilizar copos de avena sin gluten.

Esta tarta se sirvió en la “sobremesa” del Yoga y Picnic que celebramos el pasado Octubre en Barcelona y también la merienda del último taller de Introducción a la alimentación saludable. Es facilísima de preparar y da muy buen resultado, seguro que dejarás sorprendidos a los golosos más exigentes.

El boniato es una de las hortalizas más interesantes del Otoño: fuente de betacarotenos, vitamina A, C, D… minerales como el hierro, el magnesio… Por eso el boniato mejora tu inmunidad y te ayuda a combatir situaciones de stress. Eso sin contar su alto contenido en fibra y su efecto cálido sobre el organismo.

Además, en la cocina el boniato es uno de los alimentos “comodín” que puedes usar para todo: es una alternativa perfecta a las patatas, lo puedes usar en platos dulces y salados y es delicioso solo, simplemente cociendo al vapor o en el horno.

Para que veas lo versátil que puede ser este alimento, te dejo con una receta de esas que dejan huella, un cheesecake de boniato que estoy segura no vas a preparar sólo una vez.


 

Cheese cake de boniato y chocolate
(para 8 10 personas) Model de 20cm de diametro

INGREDIENTES

Para la base

  • 1 T de copos de avena finos
  • 1 T de pipas de girasol
  • 1/2 T de aceite de coco derretido
  • 3 c.s. de leche vegetal (arroz, avena, …)
  • 3 c.s. azúcar de coco
  • 1/2 c.p. sal

Para el relleno

  • 4 boniatos medianos
  • 1/2 T de leche de coco
  • 1c.s. de chía molida
  • zumo de 1/2 limón
  • ralladura de la piel de 1/2 limón
  • 5 c.s. de azúcar de coco
  • 1 c.s. de canela molida
  • 1/2 c.p. de cardamomo molido
  • 1/2 c.p. sal

Para la cobertura

  • 1 tableta de chocolate endulzado con agave.
  • 3 cucharadas de leche vegetal
  • 1 pizca de sal

 

PREPARACIÓN

Lo primero es hornear los boniatos. Lávalos bien y pínchalos con un tenedor, mételos en el horno con su piel y deja que se cocinen bien, al menos una hora a unos 180º dándoles la vuelta de vez en cuando,

Vamos a preparar la base. En un molinillo eléctrico, tritura las pipas de girasol y los copos de avena hasta hacer harina con ellos. Añade la mezcla a un bol junto con la sal y el azúcar de coco y remueve bien. Añade poco a poco los ingredientes líquidos mientras remueves. Queremos conseguir una consistencia de tierra mojada que se apelmace entre los dedos.

Forra el molde con papel de horno y unta con un poco de aceite de coco. Vierte la mezcla de la base y con las manos un poco humedecidas, ve distribuyéndola bien subiendo un poco hacia las paredes del molde.

Hornea a 160º unos 20 minutos, hasta que el color cambie a ligeramente tostado. ¡Cuidado que es fácil que se queme, hay que estar atento! Saca del horno y deja enfriar.

Ahora vamos a por el relleno. Una vez los boniatos estén cocinados, deja templar y pélalos. En una procesadora de alimentos añadimos la pulpa de los boniatos y el resto de los ingredientes del relleno. Tritura bien hasta que quede una pasta sedosa. Viértela sobre la base de la tarta y aplana bien con ayuda de una espátula.

Hornea unos 30 minutos a 180º, el color de la tarta debe oscurecerse ligeramente y ha de quedar más firme. Si no observas estos cambios, déjala unos 10-15 minutos más. A veces depende un poco del tipo de horno que utilizas. Piensa que cuando se enfríe cogerá más cuerpo. Lo ideal es que cuando esté templada, la metas una media hora en la nevera, para poder trabajar bien cuando incorpores el chocolate.

Para la cobertura, en una olla de fondo grueso derrite el chocolate y añade la leche vegetal y la pizca de sal, ajusta la consistencia, ha de quedar cremoso pero manejable.

Saca la tarta de la nevera y vierte el chocolate desde el centro hacia fuera. Puedes paladar un poco con una espátula. también puedes desmoldar la tarta y al incorporar el chocolate, dejar que caiga un poquito por los lados.

¡Ya está lista! Guarda la tarta en la nevera durante un máximo de 5 días. (Seguro que no durará tanto)

Tortilla de patata vegana baja en grasa

vegan_spanish_omeletteEsta es una receta que compartí en el taller de tupper saludable de principios de Octubre. No tiene ningún secreto y el ingrediente más extraño que vas a encontrar es la harina de garbanzo, así que puedes hacerla fácilmente y sorprender a los más exigentes y tradicionales en cuanto a tortilla de patatas se refiere.

La magia de esta tortilla no es sólo que sea vegana, sino también que estamos evitando la cantidad de aceite (normalmente refinadísimo y de mala calidad) que se usa al freír la patata de la receta original. Es muy importante incluir grasas en la dieta, pero siempre de buena calidad y de fuentes adecuadas, pero ¿Cuáles son esas grasas?

Fuentes de grasa de buena calidad

  • Frutos secos y semillas (y sus derivados): harinas (coco rallado) y pastas tipo tahine, crema de almendras o avellanas. Frutos secos más típicos: almendra, anacardo, avellana, nueces, nueces de macadam, cocos de brasil, también el cacahuete (aunque es una legumbre). Semillas como el sésamo, el lino, la chía, las semillas de calabaza o de girasol…
  • Aceites de buena calidad: de oliva, de coco, de girasol, sésamo, cáñamo, lino, aguacate,… Lo importante es que todos estos aceites sean de primera presión en frío. Los aceites de semillas son menos termoestables que los de oliva y coco, es decir, se oxidan y degradan a menor temperatura, por eso te aconsejo que no cocines con ellos. Esa costumbre de freír en aceite de girasol es bastante desaconsejable, lo ideal es usar el aceite de girasol (siempre de primera presión en frío) para ensaladas o cualquier receta que no necesite demasiada temperatura.
  • Aguacate y coco: muy ricos en grasas de buena calidad, pero no hay que abusar demasiado.
  • Productos animales: evitaremos la grasa proveniente de la carne roja y carnes de mala calidad como los embutidos. Destacaremos los lípidos que vienen del pescado azul (omega 3) y de la yema del huevo.

Después de este mini repaso, supongo que habrás adivinado que el poco aceite que vamos a usar en nuestra tortilla será aceite de oliva o de coco. =)

Es ideal para los niños, para llevar de picnic, de tupper, para una fiesta con amigos o simplemente para darte un capricho. Además, es Fase 3 friendly, perfecta si estás siguiendo la Dieta que cura.

Espero que la disfrutes!

Tortilla de patata vegana y al horno

INGREDIENTES

  • 4-5 patatas
  • 1 cebolla
  • 1 taza de harina de garbanzo
  • Aproximadamente una taza de agua filtrada
  • 1 cucharada de postre de ajo en polvo
  • 1/4 de perejil fresco picado
  • 1/2 cucharada de postre de cúrcuma en polvo
  • 1 cucharada de postre de sal marina sin refinar (o al gusto)
  • 2 cucharadas sopera de aceite de oliva virgen extra o aceite de coco

PREPARACIÓN

Enciende el horno a 180º y con ayuda de una mandolina corta las patatas en láminas finas de unos 3-5 mm de grosor. Aprovecha para cortar la cebolla también a láminas.

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En una bandeja de horno protegida con papel encerado coloca las láminas de patata sin amontonarlas demasiado. Añade un poco de sal y aproximadamente una cucharada de aceite de oliva y mete la bandeja en el horno bajando la temperatura a 160º durante unos 20 minutos. ¡Vigila que no se queme! Si tu horno es muy potente, reduce un poco la temperatura e incluso tapa las patatas con otro papel encerado para que puedan cocerse sin tostarse.

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Mientras, en un bol añade la harina de garbanzo, la cúrcuma y el ajo en polvo y mezcla bien, añade el agua y con ayuda de la batidora de mano mezcla bien para que no se formen grumos. La consistencia tiene que ser un poco más espesa que la del huevo batido, ¡sólo un poco! Si ves que pasados unos minutos la mezcla se espesa, corrige añadiendo un poquito de agua.

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Pasados 20 minutos, retira la bandeja del horno y añade las láminas de cebolla sobre las patatas. Vuelve a meter la bandeja y hornea por 20 minutos más sin tapar (baja un poco la temperatura del horno si es necesario para que no se tueste mucho) Cuando esté listo, añade las patatas y la cebolla a la mezcla de harina de garbanzo, tal y como harías con una tortilla con huevo, añade también el perejil picado y corrige de sal si es necesario.

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Calienta una cucharada de aceite de coco u oliva en una sartén y añade la mezcla. Al principio remeuve un poco para que se vaya cocinando la harina de garbanzo, ha de cocerse bien para que el sabor cambie. Luego deja que se cocine por un lado y gira la tortilla con ayuda de un plato, deja que se dore por el otro lado y ¡voilà! tortilla deliciosa, vegana, baja en grasa, rica en hidratos de carbono de buena calidad y en proteínas de alto valor biológico.

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Charla de Comida que Cura en Barcelona

Del 20 al 29 de Mayo se celebra la Semana Bio que organiza la Generalitat de Catalunya para promover una vida saludable y responsable con nuestro entorno.

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Comida que Cura participa en la Semana Bio ofreciendo una charla el próximo Sábado 21 de Mayo de 19 a 20:30h en Barcelona. El tema de la charla es muy interesante para todos los que seguís el blog:

La importancia de la alimentación ecológica en enfermedades autoinmunes

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En una hora y media nos plantearemos preguntas como estas:

  • ¿Está nuestro organismo preparado para recibir a diario una alimentación artificial y contaminada?
  • ¿Es normal que cada vez más personas sufran enfermedades autoinmunes crónicas que antes eran poco frecuentes?
  • ¿Qué es la teoría del ensuciamiento?
  • ¿Qué puedo hacer para mejorar mi calidad de vida si ya tengo una autoinmune?
  • ¿Qué puedo hacer para evitar posibles enfermedades?

Se hablarán de las teorías de algunos doctores como Seignalet (La alimentación la tercera medicina) o Paul Kouchakof (Teoría de la Leucocitosis Post prandial).

Es curioso que mientras escribía el post quería linkaros a la Wikipedia las biografías de los dos doctores y no existe nada ahí en español. Si me permitís un lapsus personal, os digo que me parece increíble como no se conocen más este tipo de teorías que ofrecen una alternativa muy eficaz a los tratamiento alopáticos comunes, o al menos, son medidas de soporte en algunos tratamientos de enfermedades crónicas degenerativas. Dicho esto, seguimos!

¿A quién va dirigida esta charla? Pues está claro, para todas las personas que padecen alguna enfermedad autoinmune. Pero también para todos aquellos que quieren vivir de forma saludable y libre de enfermedades. Así que podéis venir con amigos =)

Es importante que si queréis asistir, reservéis plaza. Podéis escribirme un mail a hola@comidaquecura.com para hacerlo. ¡Las plazas son limitadas!

Os paso los detalles:

Lugar:
Yoga Studio Barcelona
Plaça Universitat 4, 2º 2º
08007 Barcelona

Fecha:
Sábado 21 de Mayo
de 19 a 20:30h

Precio:
5€ Canjeables en vale regalo para usar en asesoramiento sobre alimentación saludable o clases de Yoga en Yoga Studio Barcelona.

Reservas: hola@comidaquecura.com

Si os interesa asistir a otras actividades dentro de la Semana Bio, aquí os dejo el link a la programación.

¡Nos vemos el sábado!

Alimentos fermentados. Lo que siempre has querido saber y no se te había ocurrido preguntar.

Cuando te pones a investigar sobre la dieta que mejora la inmunidad, das de pleno con la salud intestinal. Todo está ahí, en el intestino. Se hablan maravillas de la desintoxicación hepática pero nos quedaremos a medio camino si no continuamos trabajando, después de una depuración, con la salud intestinal. Es cierto que está muy de moda hablar de los probióticos, la flora o la microbiota, pero esto no es un invento moderno. Desde los inicios de los tiempos, los seres humanos mostraron cierta intuición a la hora de crear superfoods para el intestino (sí, sí, los superalimentos no son sólo esos polvitos que venden en bolsas con cierra fácil a precio de oro). A través de procesos relativamente fáciles, conseguían potenciar los nutrientes de algunos alimentos hasta el punto de usarlos como medicinas. Uno de esos procesos es la fermentación. Debido a que, muchas veces, los limites entre fermentación, germinación, activación, se desdibujan, permitidme seguir mi propio proceso en las explicaciones que os daré en esta “saga” de artículos sobre la fermentación.

Pero vamos a adentrarnos en el maravilloso mundo de los fermentos o también llamados alimentos de cultura viva.

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¿Qué es la fermentación?
La palabra no es muy atractiva, lo sé. Asociamos fermentación con algo que se ha puesto malo, podrido, putrefacto, escatológico… Pero te diré que la fermentación controlada es justo lo contrario: nueva vida, fuerza, salud, seguridad.

Me encanta el apunte del experto en fermentación (y personaje pintoresco) Sandor Ellix Katz cuando dice que el hombre no ha inventado la fermentación, sino que más bien la fermentación ha creado al hombre, ya que las células de nuestro cuerpo la utilizan en los procesos de metabolismo anaeróbico, para producir energía a partir de nutrientes en ausencia de oxígeno.

Pero para llevar esto a un terreno más cotidiano, el de nuestra cocina, te cuento que cuando las bacterias (sí, has leído bien b a c t e r i a s) y los carbohidratos entran en contacto, se produce la magia de la fermentación. En ese momento, las bacterias empiezan a alimentarse del carbohidrato predigiriéndolo para tí y convirtiéndolo en ácido o alcohol. Este proceso hace que el alimento sea mucho más asimilable, facilita las digestiones y potencia el poder de los nutrientes de tu comida. Pero todas estas virtudes, te las detallo un poco más adelante.

yogurt

Si aun así esto de la fermentación te suena a chino, te diré que no es algo ajeno a ti, consumes alimentos fermentados continuamente: queso, yogurt, vino, vinagre, salsa de soja, miso, tempeh, chucrut… ¿Sorprendido? Sin embargo, cuando pensamos en ella, a menudo aparece la siguiente pregunta en nuestra cabeza:

¿Puedo intoxicarme al tomar alimentos fermentados?
No hay más riesgo de intoxicación que con otro tipo de alimentos. Así que ¡miedos y prejuicios fuera! La fermentación tiene que ver con las bacterias. Quizás por eso también la asociamos a algo nocivo o sucio, que puede enfermarnos. No nos gusta juntar la palabra “bactera” y “comida” en una misma frase.

Las bacterias, como las personas, tienen muchas naturalezas y cada una tiene su papel. Dependiendo del rol que juegue y del entorno en el que actúa, el resultado puede ser muy distinto. De hecho, el 99.9% de las bacterias conocidas nos protegen (¿te suenan los probióticos?) y sólo unas cuantas nos pueden enfermar. La medicina alopática actual “demoniza” algunas bacterias como la Helicobacter Pyllori mostrando sólo un punto de vista y, como siempre, se centran en tratar síntomas y no causas. La H. Pyllori ha estado (y estará) en el estómago de los seres humanos desde hace miles de años y es necesaria para el correcto funcionamiento de la digestión, ayuda a regular los ácidos del estómago, equilibra la sensación de saciedad-apetito… Cuando la H. Pyllori se “vuelve loca” y crece demasiado, puede perjudicarnos. Pero es un síntoma del desequilibrio que hay en la comunidad de bacterias que habitan en nuestro organismo. Esa comunidad nos está diciendo que la dieta que llevamos está destruyendo el ecosistema de las bacterias: sus infraestructuras (puedes imaginártelas en una ciudad, con sus edificios, calles,…) su equilibrio social (las bacterias que limpian, las que mantienen la seguridad y el orden, las bacterias-médico…) Y si eso se cae, todo cae… la salud de los sistemas del cuerpo: inmunidad, salud pulmonar, órganos emunitorios como el hígado, los riñones… En fin, TODO.

El biólogo Lynn Margulis cita de manera un tanto poética el papel creador de las bacterias, como si incluso, fueran el “pincel” o el “Photoshop” de Diós. (Igual me he pasado con esta comparación, pero ya sabéis que a mi estas cosas científicas a veces me ponen ñoña)

“En los primeros dos billones de años de vida de la Tierra, las bacterias -sus únicos habitantes- transformaron continuamente la superficie y la atmósfera terrestre. Inventaron todo lo esencial para la vida con procesos químicos diminutos”

Me gusta tanto esta explicación porque es un ejemplo de como pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden cambiar (o crear) un mundo entero. Uno de los principios de la Comida que Cura. También porque abre debate sobre una nueva teoría, el hombre viene de la bacteria 😉

Bromas a parte… Entonces, si cada ser humano contiene el Universo en su interior, podríamos decir que esta macro-transformación de la Tierra podría tener su análogo en una micro-transformación del organismo del ser humano. Por eso, vamos a usar las bacterias para cambiar nuestro pequeño mundo interno y dejarlo brillar hacia el gran mundo externo.

yogurt de anacardos

Pero… ¿Qué beneficios sobre la salud tiene la fermentación?
Hasta aquí ya hemos aprendido que la bacteria no es un supervillano, sino más bien es una Superbacteria que combate el mal en tu organismo. También sabemos que no hay que tenerle miedo. Pero más allá de todo esto, los beneficios concretos de consumir alimentos fermentados son:

  1. Potenciar los nutrientes de los alimentos: el proceso de fermentación crea nuevos micronutrientes que no están presentes en el alimento original y potencia otros nutrientes como el aminoácido lisina, los minerales zinc y hierro o las vitaminas del complejo B, incluyendo la “famosa” B12.
  2. Mejorar la digestión y metabolización de los nutrientes: algunos compuestos se descomponen en formas más elementales, los minerales se hacen más biodisponibles y la lactosa se transforma en ácido láctico.
  3. Mejorar la inmunidad: estudios científicos han mostrado como el consumo habitual de fermentados mejora el equilibrio de la flora intestinal y regula la respuesta inmunitaria ¿Te suena la leucocitos digestiva? Esto es especialmente importante si tiene Artritis Reumatoide o cualquier patología de autoagresión inmune. Ya que poner en alerta al organismo constantemente nos debilita y agrava la enfermedad.
  4. Alcalinizar el organismo: aunque muchos fermentados tengan sabor ácido (vinagre, chucrut…) tienen un efecto alcalinizante del organismo por la cantidad de minerales que contienen y su alta biodisponibilidad.
  5. Desintoxicar: la fermentación puede transformar compuestos tóxicos presentes en algunos alimentos en nutrientes como minerales: los nitratos, los oxalatos o los fitatos se debilitan y también algunos pesticidas o conservantes químicos pierden efectividad.

Entonces, ¿Tomar alimentos fermentados cura enfermedades?
La curación no es un fenómeno asociado a un único factor. Algunas empresas y farmacéuticas juegan con la necesidad que tenemos los seres humanos, (sobretodo cuando estamos enfermos y desesperados) de aferrarnos a una cura milagrosa para lo que nos causa dolor. No nos engañemos, los fermentos no curan el cáncer, el SIDA, la Artritis Reumatoide ni te hace perder kilos o te quita las arrugas. De lo que sí estoy segura es de que los alimentos de cultura viva mejoran el estado general de las personas, también de las que están enfermas, teniendo, además, un impacto mayor en personas sometidas a medicación o tratamientos agresivos que destruyen la flora intestinal y bajan la inmunidad.

¿Qué se puede fermentar?
¡¡Muchísimas cosas!! Desde agua (rejuvelac), hasta alimentos frescos como frutas y verduras, cereales, legumbres, semillas… También carnes, pescados, huevos, lácteos… Vamos, que se puede fermentar prácticamente todo lo que te imagines, la cosa es hacerlo de la forma adecuada, ya que existen muchísimas maneras de fermentar.

¿Es un proceso complicado?
Existen muchas formas de fermentar, algunas muy complejas y otras tan simples como el remojo por unas cuantas horas o utilizar una cápsula de probióticos como hacemos en esta receta de yogur vegano o en esta otra de kimchi. Es importante que cuando preparemos alimentos de cultura viva o los usemos en nuestra cocina, no los calentemos a más de 47ºC para no matar a las bacterias.

¿Es seguro hacerlo en casa?
Sí, es seguro. Obviamente no nos vamos a poner a fermentar cosas muy complicadas, lo vamos a hacer en plan casero, lo más simple posible, sacándole el máximo partido.

¿Cuántos alimentos fermentados hay que tomar al día?
Esto es un poco ambiguo. Te recomiendo que incorpores una pequeña cantidad de alimentos de cultura viva a tu dieta habitual. Es más fácil de lo que crees. Dando por supuesto que evitamos los lácteos y derivados, potenciaremos alimentos como el miso, el chucrut, el tamari, el tempeh, el kimchi…

bol_kimchi

¿Los alimentos fermentados son para todo el mundo?
Más que no recomendar fermentados por su naturaleza en sí. Nos fijaremos en los ingredientes originales que componen el fermento. Por ejemplo, evitaremos la kombucha el dietas libres de azúcar o diabéticos ya que esta bebida fermentada utiliza el azúcar como alimento de las bacterias y, aunque mucha acabe trasnformándose, no podemos calcular con exactitud qué cantidad de glucosa ha quedado en su forma original en la bebida. Por eso evitaremos aquellos fermentos que contengan alimentos que pueden ser nocivos para un grupo concreto de individuos.

Recetas
En Comida que Cura ya hemos experimentado con algunos fermentos, a continuación tienes unas cuantas recetas para que vayas poniéndote al día. En los próximos posts añadiremos unas cuantas más. ¡Que viva la bacteria!

 

Bibliografía recomendada (sólo disponible en inglés)
Wild Fermentation y The art of Fermentation de Sandor Ellix Katz, publicados en Estados Unidos por la Chelsea Green Publishing Co.

Pastel express de lima y chocolate

Ayer publiqué una foto aquí y aquí de mi merienda. Un pastel crudivegano de lima y chocolate súper fácil y, dentro de lo que entendemos como pastel, es una de las opciones más saludables que puedas echarte al cuerpo, como esta versión de aquí.

No tenía previsto publicar la receta porque, como he dicho, es un pastel raw muy sencillito que puedes encontrar en internet fácilmente, pero algunos me preguntasteis cómo se hacía, así que aquí tenéis la receta.

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Os aviso de que lo hice a ojo, como todo lo que suelo preparar al margen de Comida que Cura, ya os conté en el pan que cura que me cuesta mucho preparar las recetas midiendo y apuntando todo. Pero voy a intentar hacer memoria y ajustar las cantidades. Os pido que si probáis la receta y observas algún error, lo compartáis en los comentarios, así, entre todos, configuraremos este pastel súper rico.

Pensad que con esta receta como base, podéis crear muchos otros pasteles. El aguacate se puede combinar con casi cualquier sabor: fresas, frutos del bosque, plátano, naranja, mango, café de cereales, cerezas, coco, canela, manzana, vainilla… en fin, lo que se te ocurra. El aguacate te da la textura y es un lienzo en blanco para el sabor. Así que… ¡arriba esa creatividad!

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PASTEL CRUDIVEGANO DE LIMA Y CHOCO

INGREDIENTES

(Para dos tazas de pastel y un mini molde -8 cm de diámetro- como los de la foto)

Base

  • 1 taza de almendras laminadas crudas (si tienes almendra molida con 3/4 de taza es suficiente, si tienes almendras crudas enteras, 1 y 1/4 de taza)
  • 3/4 taza de dátiles
  • 1/4 taza pasas
  • 1 c.s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de lima

  • 2 aguacates grandes o 3 pequeños
  • 2 limas (el zumo + la piel rallada de una de ellas)
  • 1/4 taza de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal

Relleno de chocolate

  • 1 aguacate grande o 2 pequeños
  • 1 c.s. de algarroba en polvo (mejor ecológica y raw)
  • 1 y 1/2 c.s. de cacao en polvo sin endulzar (mejor ecológico y raw)
  • 3 c.s. de agave u otro endulzante natural tipo miel, azúcar de coco, panela, sirope de arce, de coco…)
  • 1 c. s. de aceite de coco
  • 1 pizca de sal
  • Almendras laminadas para decorar

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PREPARACIÓN

Para la base, pon en remojo los dátiles y las pasas en agua tíbia, al menos durante una hora.

Si usas almendras enteras, te recomiendo que las actives para darle más potencia nutricional a tu pastel. Si no, está bien que uses almendras compradas, ya sean laminadas o hechas harina.

Escurre los dátiles y las pasas y, en un procesador de alimentos, tritura todos los ingredientes de la base hasta que se forme una bola en la máquina, quizás debas ajustar la consistencia añadiendo más agua o más almendras. Reserva.

Para el relleno de lima, en el mismo procesador coloca todos los ingredientes y tritura. Reserva.

Limpia un poco la máquina y prepara ahora el relleno de chocolate de la misma forma que antes, mezclando todos los ingredientes.

Monta el pastel: si usas un molde, presiona la base del pastel con las manos un poco mojadas. Queremos que esta base tenga más o menos 1 cm de grosor. Vierte ahora la capa de lima y aplana con una espátula. Mete el pastel en el congelador por, al menos, una hora.

Pasado ese tiempo, saca el pastel y añade la capa de chocolate, que será más finita que la de lima. Decora con las láminas de almendra y vuelve a meter en el congelador por otra hora más como mínimo. Pero puedes guardarlo varios días hasta que lo vayas a consumir, en este caso, tápalo con papel film.

Cuando lo quieras comer, sácalo del congelador una media hora antes. Pasa un cuchillo entre el pastel y el borde para poder desmoldarlo fácilmente sin romperlo.

Si quieres preparar el pastel en taza (mejor si lo quieres comer directamente, sin congelar) Ve combinado las diferentes capas del pastel como quieras. En la foto puedes ver como lo he hecho yo, pero es .

Ya está, eso es todo. Facilísimo ¡Y está muy, muy rico!

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El pan que cura

Cuando digo que no tomo gluten ni maíz, uno de los comentarios más frecuentes es “¡Cómo puedes vivir sin pan!” Lo sé. Parece imposible, ¿no?. Bueno, la verdad es que tengo mis trucos… Pero sí, es duro vivir sin pan, sin galletas, sin magdalenas… Pero, por suerte, cada vez está más de moda eso de la vida gluten free y en mi ciudad, en Barcelona, ya hay lugares que ofrecen pan libre de gluten y de maíz y que hacen también alguna repostería gluten free, sin lactosa y sin azúcar refinada. Hay que buscarlos mucho y pagar el precio que se les antoja, ya que los que estamos privados de estas delicias estamos dispuestos a desembolsar una cantidad considerable por un capricho de vez en cuando. Pero, como suelo decir, estas cosas son excepciones, como dice mi suegra, son alimentos para nuestra “duša” (alma). Si quieres un capricho, siempre es mejor que seas tú mismo el que prepare tu comida, sabiendo qué ingredientes y qué procesos ha seguido tu alimento.

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El pan que cura puede ser un capricho “cotidiano”, quiero decir que no es lo mismo comerse un pastelito (por muy sano que sea) que tomar una rebanada de este pan. Está hecho de semillas y cereales sin procesar, no lleva tanta grasa como un dulce ni tampoco endulzante, lo puedes hacer con stevia para que sea totalmente sugar free o añadirle unas pasas para darle un toque diferente. Si quieres, lo puedes hacer completamente libre de gluten (y esto va para los que estáis en la Fase 3 de la Dieta que Cura) o, si lo prefieres, puedes hacerlo con copos de avena, que aunque no es gluten free, es un cereal bastante tolerable y que también nos aporta muchos beneficios. Como siempre, depende del momento en el que estés. Ya expliqué en este artículo, que las fases más estrictas de la Dieta que Cura son temporales y que la idea es que luego puedas llevar una dieta más abierta, siempre dentro de los márgenes de la Comida que Cura. No nos vamos a poner a comer bocadillos de panceta y chuchos de crema, ¿verdad? 😉

Si te apetece mucho tomar el pan de avena pero necesitas que sea gluten free, tienes la opción de comprar avena sin gluten, es un producto que cada vez es más fácil de conseguir. Sólo como curiosidad… ¿Sabías que la avena es un cereal que originariamente no tenía gluten? Ha ido mutando a lo largo de su historia y ha acabado “contaminándose”, pero no es un cereal que lleve “escrito en sus genes” el código del gluten.

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Cuando descubrí el pan que cura, no me lo podía creer. La verdad es que hacía años que había ojeado la receta, pero como que no tenía la necesidad de tomar pan sin gluten, no le presté demasiada atención. Esta receta es original de la increíble Sara B. del blog My New Roots, ¡Esta mujer es una inspiración! Lees su blog y ya la quieres invitar a tu casa a merendar ¡y no sólo para que te traiga cualquiera de los dulces deliciosos que prepara! Sino por la coherencia, seriedad y amor con que transmite su estilo de vida. Ella, al pan que cura le llama “The life changing loaf of bread” y verdaderamente es algo que cambiará tu vida si estás evitando tomar gluten pero no quieres renunciar al pan.

Para variar, no he sido capaz de seguir la receta de forma estricta, lo he intentado dos veces, y dos veces he hecho lo que me ha dado la gana ¡no puedo evitarlo! No sabéis lo que me cuesta medir y anotar todo para vosotros en las recetas del blog, siempre he cocinado a ojo. Bien, pues las recetas que tenéis a continuación son mi versión del pan de Sara B., una más fiel a la original con avena y otra pensada para los que más lo vais a disfrutar, los que estáis es una fase totalmente gluten free. En vez de avena, usamos copos de arroz integral.

Antes de entrar en materia, os comento varias cosas:

1. El Psyllium Husk es el “pegamento” de este pan y que no puede sustituirse por nada. Así que intentad haceros con una bolsita, aunque sea por internet.

2. Respecto a los frutos secos, podéis poner los que queráis, para mi las avellanas le dan un toque buenísimo y también las nueces.

3. El lino y la chía mejor usarlos triturados (puedes hacerlo en un molinillo de café), pero eso es mi gusto personal, a mi me ha gustado más porque creo que da como resultado un pan más esponjoso, que recuerda más a un pan tradicional. Sara B. incorpora las semillas enteras.

4. Los copos de arroz integral también son importantes para esta receta, también si haces la versión de avena, ya que se deshacen imitando la textura de las harinas y, de nuevo, dan esponjosidad al pan.

5. Como todo, cuantas más veces prepares la receta, mejor te saldrá. También conocerás qué ingredientes combinan mejor según tus gustos.

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¿Te animas a preparar el pan que cura?

INGREDIENTES

RECETA BASE
(ingredientes comunes para las dos versiones)

  • 1 taza de pipas de calabaza (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pipas de girasol (si es posible, activadas)
  • 1/2 taza de pasas
  • 1 taza de nueces
  • 1/2 taza de almendras crudas con piel, también mejor activadas (Aquí podrías usar avellanas, nueces de macadamia, coquitos del Brasil…)
  • 6 cucharadas de psyllium husk
  • 2 cucharadas rasas de sal marina o del Himalaya
  • 1/4 cucharadita de estevia (u otro endulzante natural como agave, azúcar de coco, panela… En este caso, puedes usar una cucharada sopera)
  • 3/4 taza de semillas de lino (molidas)
  • 1/4 de taza de semillas de chia (molidas)
  • 3 cucharadas de aceite de coco derretido

 

VERSIÓN CON AVENA (CON GLUTEN)
Opcional usar copos de avena gluten free

  • 3 tazas de copos de avena gruesa
  • 1 taza de copos de arroz
  • 3 tazas de agua filtrada templada

 

VERSIÓN CON COPOS DE ARROZ (SIN GLUTEN)

  • 5 tazas de copos de arroz integral
  • 4 tazas de agua filtrada templada

 

PREPARACIÓN
Necesitas un poco de previsión para preparar tu pan. El proceso no es nada complicado, básicamente consiste en mezclar los ingredientes. Lo más difícil es la paciencia. Has de esperar un poquito para que la masa se asiente, como si hicieras un pan tradicional. Aunque las horas más largas son las de la esperar a que el pan se enfríe para cortarlo y poder picarle el diente.

Entonces, en un bol grande, mezcla todos tus ingredientes secos. Combina bien todos los ingredientes.

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En un molde alargado para que nos quede la forma de pan de molde, pon un papel de horno y úntalo con un poco de aceite de coco.

En otro bol mezcla el agua y diluye el aceite de coco, añade los ingredientes húmedos al bol de ingredientes secos y remueve bien.

Aquí me paro para explicarte algo importante: las primeras veces que probé esta receta siempre tenía la sensación de que faltaba agua, seguramente porque buscaba la textura de “masa” típica de los panes o bizcochos tradicionales. Lo que queremos en esta receta es que la masa quede ligeramente húmeda, cuando la proporción de agua es la adecuada, al mezclar se formarán “pelotitas”, tal y como ves en la foto. Es una masa con la que podrías formar bolas sin que se te pegara a las manos.

gluten_free_bread

Al hacer la versión sin gluten, sólo con copos de arroz, has de añadir más agua (las 4 tazas que se indican en los ingredientes), ya que el arroz absorbe más líquido.

Vierte la mezcla en el molde y aplana bien con una espátula. Deja ahora que la masa repose un mínimo de 5 horas (durante la noche está bien, también).

pan_sin_gluten

Pasado ese tiempo, precalienta el horno a 150º y hornea tu pan a esa temperatura por 1/3 de hora vigilando que no se queme. Si tienes ventilador en tu horno, enciéndelo, para favorecer que el agua se evapore más rápidamente.

Saca tu pan y tirando del papel de horno, desmóldalo. Ha de quedar firme, aunque por dentro aun no está cocinado.

En una rejilla protegida con otro papel de horno, coloca el pan, esta vez boca abajo. Vuelve a hornear por 3/4 de hora más. Cuida que no se tueste en exceso, los hornos varían de una a otra marca, así que si ves que se ve pone muy oscuro, baja la temperatura. Si tu horno no tiene ventilador (aire) hornea unos 15 minutos más con la puerta del horno un poquito entreabierta.

Para comprobar si tu pan está listo, dale unos golpecitos con una espátula o una cuchara. Ha de sonar a “hueco”. Esto es lo que explica Sara B. en su blog, pero yo os confieso que no controlo mucho el sonido a “hueco”… Por eso, espero que se enfríe un poco y lo parto por la mitad par ver si se ha cocinado por dentro.

Como que la cocina no es una ciencia exacta (es más bien un arte), si ves que pasado los tiempos de horno tu pan no está listo, te doy un pequeño truco que además de acortar mucho el tiempo de cocción te asegura el éxito a la hora de conseguir la consistencia adecuada: cuando el pan esté frío, córtalo con cuidado a rebanadas, si ves que se rompe porque aún está muy crudo, has de volver a ponerlo en el horno por una 1/2 hora más. Pero cuando seas capaz de cortarlo a rebanadas, colócalo sobre una rejilla y hornea las rebanadas unos 20 minutos a unos 100º con la puerta del horno un pelín abierta (si tienes ventilador en tu horno no hace falta que abras la puerta) lo que queremos es “deshidratar” un poco el pan. (De hecho, yo no lo he probado pero podrías probar de hacer una versión “raw” de este pan deshidratándolo, aunque me temo que necesitarás un par de días en el proceso).

Una vez listo, puedes guardar el pan (entero o a rebanadas) en bolsitas de papel en la nevera. Como sale un pan bastante grande, mi truco es cortarlo a rebanadas y congelarlo. Así puedo ir sacándolo cuando lo necesite sin necesidad de descongelar, lo meto directamente en la tostadora. Así, calentito, es como está más bueno.

pan_sin_gluten_1

Sugerencias: puedes comerlo solo, está delicioso. Pero combina perfectamente con dulce o salado.

¿Qué tal preparar un bocadillo veggie con olivada, tomate seco y germinados?

¿O unas tostadas con tahine y mermelada casera sin azúcar?

O siempre podemos tirar de los clásicos: unas avocado toast sobre un pan que cura recién tostado.

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Más allá de la Comida Que Cura, mi historia personal.

Hoy dejo a un lado las recetas y comparto unos pensamientos un poco más personales. Hace casi un año que empecé a escribir el blog y siento que es el momento de revisar y renovar algunas ideas. Espero que este escrito pueda ayudar a personas que están pasando por un proceso similar al que yo he vivido.

Muy resumidamente, os pongo en situación. Hace dos años y cuatro meses (escribo este artículo en Febrero de 2016) algo empezó a cambiar en mi. Aun no sabía lo que era, pero ahora os puedo decir que fue el inicio de mi artritis reumatoide. Para no alargarme, me salto todos los detalles sobre cómo tuve que luchar para conseguir un diagnóstico “fiable” y también, porque no es lo que nos interesa, el tiempo que estuve tratándome de forma alopática. Sólo os contaré que estuve 4 meses inyectándome semanalmente metrotexato sin muchos resultados pero sí con efectos secundarios devastadores. También estuve un año y medio tomando diariamente antiinflamatorios tipo AINE para poder, al menos, echar a caminar por las mañanas. Por suerte para mi, todo esto cambió cuando cambié la alimentación, pero os diré (y es en esto precisamente en lo que quiero profundizar hoy) que pasaron también otras muchas cosas clave para que todo volviera a la normalidad dentro de mi.

En mi caso (y en el vuestro) está bien parar y hacer un poco de balance. ¿En qué punto de mi vida estoy? ¿Qué ha pasado en los últimos años que me haya influido tanto? Antes de seguir, quiero dejar muy clara mi posición respecto a este punto. No creo que tengamos que justificar nuestra situación (en la salud o en la enfermedad) tirando balones fuera. Quiero decir que obviamente lo que pasa en nuestro entorno nos influye de tal manera que acaba siendo parte de nosotros, pero que no caigamos en el error de culpar al destino (o a las personas que tengamos a nuestro alrededor) de nuestras desgracias. Por eso, plantéate qué situaciones has vivido en los últimos años y cómo las has gestionado. Qué “te pesa” hasta el punto de “paralizarte”, muchas veces no sabemos fluir en las situaciones, no es culpa nuestra. Ni culpa de nadie.

Se dice que la enfermedad es un aviso (algunos lo llaman oportunidad) para el cambio, para avanzar en nuestra evolución personal. Sé de buena mano que hay etapas dentro de la enfermedad en el que esto te repatea, en las que lo ves sólo como una excusa barata para justificar lo que te pasa, o una frase que utilizan los conocidos cuando no saben qué más decirte. Más allá de los tópicos, realmente la enfermedad es una gran oportunidad. Pero tenemos que ser capaces de despertar, de mirarla a los ojos y sentirnos fuertes y libres para fluir con ella. Quizás algunos esperabais que acabara la frase anterior diciendo “… fuertes y libres para luchar contra ella”, pero ese, desde mi experiencia, es el primer y más grave error que cometemos. La enfermedad, aunque se sienta así, no es nuestra enemiga, es nuestra maestra. En mi caso personal, entendí esto el mismo instante en el que decidí abandonar el tratamiento de metrotexato. Fue la decisión de la que he estado más convencida en toda mi vida. La tomé desde el entendimiento más profundo, sin ningún tipo de miedo y sintiendo una extraña sensación de libertad, optimismo y seguridad en mi misma. Ese fue el momento en el que todo cambió. No quiero decir que tú tengas que dejar tu tratamiento, yo no tengo la capacidad para decidir por ti, ni nadie la tiene. Tú mismo has de valorar desde la madurez del adulto, si es el momento o no para dejar o continuar con cualquier tratamiento o medicamento.

Otra “perla” en mi proceso de acompañamiento de la enfermedad, fue una simple frase que leí: “el poder que crea el cuerpo, cura el cuerpo” Entendí entonces que somos energía. Esa energía no tiene ninguna cualidad, no es buena ni mala, simplemente es una fuerza que se moldea igual que el agua se adapta al recipiente en el que se vierte. Entonces, si mi cuerpo (o si se me permite un capricho personal), si mi cuerpo y mi espíritu, han levantado determinada cantidad de energía capaz de provocar enfermedad en mi, ¿por qué no puedo utilizar esa misma cantidad de energía, esa idéntica energía, para devolverle el equilibrio? Es, simplemente, un cambio de dirección, un nuevo objetivo.

Pero volviendo al entorno y a mi caso personal, en el momento en el que yo me encontré ante mi enfermedad, así, sin miedo, entregada completamente a lo que ella deparaba para mi. Me planteé qué había pasado fuera de mi que tenía tanto peso dentro de mi. Y la verdad es que venía de unos meses de cambios radicales e intensos: tuve que cambiar repentinamente de país, llevando toda mi vida en una maleta, “abandonando” sin saber hasta cuando a mi compañero de vida y, sobretodo, para enfrentar el cáncer de un ser querido. Lo cierto es que, extrañamente, cuando recuerdo esos meses, no siento pena, ni amargura ni siquiera lo vivo como una etapa dramática o dura. Tuve la entereza de llevarlo todo con energía e incluso un cierto optimismo. Pero, sospechosamente, cuando todo eso empezó a cambiar y las cosas se calmaron, apareció en mi vida la artritis, como si todas las lágrimas que no lloré se hubieran acumulado en mis articulaciones.

Es muy fácil decir que la enfermedad siempre tiene un componente emocional y que, trabajándolo, la enfermedad mejora o desaparece. Pero a ver quién es el listo que puede trabajarse sus miedos, frustraciones o conflictos cuando la mayoría, están escondidos en nuestro subconsciente. Las terapias ayudan, pero no todos encajamos con el mismo tipo de trabajo terapéutico y, si no nos funciona a la primera, perdemos la “fe” en su efectividad.

Paralelamente, existe una evidencia que es que el cuerpo necesita de una serie de nutrientes para seguir en marcha, y no necesita para nada otra cantidad de sustancias que por desgracia hoy en día suelen consumirse en exceso. Por eso soy tan “pesada” con la comida que cura, porque para trabajar en las profundidades, debemos contar con un medio adecuado. Y el cuerpo es ese “templo” en el que buscar el cobijo y la paz.

Así que para no alargarme más, quiero acabar contando que mi situación actual es estable y tranquila. La artritis no me molesta a mí y yo tampoco le presto mucha atención a ella. De vez en cuando, se pasa a hacerme una visita, algo “formal” que no suele alargarse más de unas horas. Más que como un recordatorio de que sigue ahí, “flotando” a mi alrededor, es un aviso que me dice que no tengo que abandonarme tal y como quizás lo he hecho en algún momento del pasado, tanto emocionalmente como en el ámbito de la salud: dieta, ejercicio, descanso… De nuevo, más que como una enemiga, la artritis viene de visita esporádicamente como una antigua maestra, una vieja conocida que me mantiene unida a una etapa de mi vida que no quiero ni debo olvidar.

A nivel práctico, esta estabilidad me permite tener un poco más de vida social, comer algunos alimentos que antes no toleraba, como la mayoría de la Fase 3 de la Dieta que Cura o algún producto que otro con gluten como la avena o la espelta de vez en cuando. Eso sí, cuando me paso, mi cuerpo ya me avisa de que tengo que rectificar el exceso para recuperar el equilibrio. Lo que quiero mostrar con esto, es que la Dieta que Cura en su fase más extrema, es un tratamiento que tiene un principio y un fin, algo que no vas a tener que hacer para siempre. A veces me habéis preguntado cuánto tiempo hay que seguir cada fase de la Dieta, pero no hay una respuesta, para cada uno es diferente y depende también de lo bien que lo hagas. Al principio no hay que saltarse nada de nada, hay que ser estricto. Luego la cosa irá aflojando, el cuerpo se fortalecerá y estabilizará poco a poco, con sus idas y venidas. Pero has de tener paciencia y ser perseverante.

Espero que este artículo un poco diferente os haya ayudado a entender un poco más mi situación y quizás, sea también una referencia si te encuentras tratando alguna enfermedad autoinmune con alimentación y estilo de vida saludable.

Te invito a que compartas tu experiencia e inquietudes en los comentarios o que me escribas un correo o que te pases por las redes sociales de Comida que Cura.

¡Mucha suerte y fuerza! Por aquí seguiremos cuidándonos con una Comida que Cura deliciosa.