Dos recetas depurativas facilísimas

¡Hola! ¿Cómo va el detox post-navideño? ¿Ya se nos han olvidado esos turrones de más y esas verduras de menos? Lanzarse a hacer un detox, es una tarea que, más allá de empezar, tiene su dificultad a la hora de sostenerse en el tiempo. Por eso estoy aquí, para daros un empujoncito y recordaros que ¡El detox sólo tiene cosas buenas! Así que ¡Ánimo! Que lo estáis haciendo genial y… si no e el caso… ¡No pasa nada! ¡A reengancharse! Una buena manera de volver a entrar en la onda detox es preparando estas recetas que os traigo hoy, son facilísimas y muy depurativas y, además, las podéis hacer en 10 minutos. Recordad también que no hay que ser un radical de la alimentación, los extremos no pueden sostenerse en el tiempo, por eso te recomiendo un detox suavecito, tranquilo, … para disfrutarlo.

¿De qué van las recetas de hoy? Pues la cosas va de coles, concretamente, de coles de Bruselas. Mis preferidas de mayor, mis vegetales más odiados de niña… Es curioso como vamos evolucionando… Si no te gustan demasiado, dales una oportunidad con la receta de coles de bruselas con hijiki y pasas, el toque dulce hace más tolerable el ligero sabor amargo. Si, como a mi, te encantan, puedes empezar por la receta picante, un placer experimentar el sabor sin disfrazar de estas crucíferas.

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Para no alargarme demasiado, te cuento que las coles son unas grandes aliadas de las enfermedades estomacales, si bien pueden provocar flatulencias a nivel intestinal (también hay trucos para evitarlas), el zumo de col cruda ayuda a cicatrizar y sanar úlceras estomacales. Por eso, y porque además son antioxidantes y contienen mucha fibra, son preventivas del cáncer, sobretodo del de estómago. A nivel nutricional nos aportan básicamente vitaminas y minerales. Destaco rápidamente el aporte de ácido fólico (B9) tan importante durante el embarazo, pero también para todo el mundo, ya que interviene en la activación de la B12, la vitamina más polémica, sobretodo si eres vegano. A nivel de minerales, las coles de Bruselas son ricas en potasio, ayudando a eliminar líquidos, así que por eso y por su ínfimo contenido en calorías son perfectas para personas con sobrepeso. Pero no nos olvidemos que la acumulación de líquidos en articulaciones también es un síntoma en enfermedades reumáticas, así que las coles favorecerán el drenaje articular mejorando la inflamación y sintomatología de patologías como la Artritis Reumatoide.

¿Te animas a incorporar las coles a tu detox?

COLES DE BRUSELAS Y BROCOLI SPICY STYLE

Ingredientes

  • Unos 4-5 ramitos de brócoli
  • Unas 6 coles de bruselas
  • 3 c.s. de aceite de coco (o aceite de oliva de primera presión en frío)
  • 1/2 c.p. de chili en copos
  • 1/4 de c. p. de pimentón de la vera (opcional)
  • 1 pizca de estevia en polvo (la hoja pulverizada, de color oscuro. El polvo blanco suele ser químico) o un poquito de endulzante natural (panela, agave, abedul…)

PREPARACIÓN

Lava las coles y el brócoli y cocínalos al vapor durante 4 minutos de reloj. Te recomiendo cocinar los vegetales lo más enteros posibles (para minimizar la pérdida de vitaminas) y cortarlo una vez cocidos. En esta receta, las coles se parten por la mitad, pero puedes también dejarlas enteras.

En un bote de cristal con tapa mezcla el aceite de coco (derretido previamente) con el chilli, el pimentón y la estevia. Si te falta, añade un poquito de sal. Tapa y agita enérgicamente. Añade la mezcla a las coles y el brócoli y disfruta.

Fácil, ¿verdad?

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COLES DE BRUSELAS CON ALGA HIJIKI Y PASAS

Ingredientes

  • Unas 10-12 coles de bruselas
  • 1 cebolla morada
  • 1 c.s. de aceite de coco (o aceite de oliva de primera presión en frío)
  • 1 c.s. de pasas
  • 1 c. s. de alga hijiki (medida en seco, sin hidratar)
  • 1 c.p. de tamari o una pizca de sal marina / Himalaya

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PREPARACIÓN

Hidrata el alga hijiki (también llamada hiziki) en un bol con agua durante 15- 20 minutos. Escurre y reserva.

Lava las coles de bruselas y hazlas al vapor durante 3 minutos de reloj. En esta receta las mantenemos enteras.

Corta la cebolla a lunas y en una sartén rehógalas con el aceite de coco u oliva hasta que queden blandas, añade la cucharadita de tamari (o sal) y las pasas y sigue cocinando removiendo constantemente hasta que se caramelice un poco la cebolla.

Añade ahora el alga, puedes cortarlas un poco con las tijeras si ves que han quedado tiras muy largas. Cocina por un par de minutos y añade las coles. Baja el fuego, tapa la sartén y deja que se cocine todo por unos 3 minutos más para que las coles se ablanden un poco y se integren los sabores. Remueve de nuevo y comprueba que todo está a tu gusto. Rectifica si es necesario. ¡Disfruta!

 

“Otra” crema de calabaza

Si pones en tu buscador “crema de calabaza” te aparecerán cientos de recetas, entonces ¿Qué tiene ésta de diferente?

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La primera diferencia es que esta crema no lleva lácteos, ni alimentos de origen animal (caldos animales), ni grasas saturadas. Es totalmente vegana y saludable. Pero quizás lo que marca la diferencia es su sabor: dulce, familiar pero con un toque distinto, producto de la combinación de los ingredientes. Por eso es importante que no cambies ninguno de ellos. Para empezar, utiliza la variedad de calabaza que te propongo, no te arrepentirás. 😉

Hokkaido Squash, una calabaza con personalidad
Esta variedad, la Hokkaido o Red Kuri, es una calabaza suave pero intensa. Puedes cocinarla con su piel, porque ni se nota. Sobretodo porque la vamos a triturar, pero si la haces al horno y la cortas finita, también es muy suave al comerla.

¿Qué más podemos decir de la Red Kuri?

  • Es Rica en betacarotenos (provitamina A) que favorecen la regeneración celular y la cicatrización, mantienen la salud ocular e intervienen en la síntesis de proteínas. Son imprescindibles para el crecimiento osteoarticular en la infancia. También intervienen en la fertilidad y la creación de hormonas sexuales. Pero quizás lo que más nos interesa es su capacidad antioxidante. Los betacarotenos son importantes neutralizadores de radicales libres, protegen frente a carcinógenos, la contaminación, metales tóxicos, aditivos químicos, drogas, fármacos, radiaciones… Protegen al pulmón de la contaminación atmosférica y del tabaco. El efecto antioxidante se relaciona con la protección contra numerosas enfermedades crónicas y degenerativas: cáncer, inflamación crónica, envejecimiento prematuro…
    Además de en la calabaza, encuentras betacarotenos en los vegetales anaranjados y rojizos y en las hojas bien verdes: zanahoria, boniatos, espinacas, acelgas…
  • Diurética: para la retención de líquidos, pero yendo un poco más allá, nos gusta porque mantiene todo el sistema renal y urinario en buen estado y porque ayuda a eliminar líquidos que se acomulan en enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, causando dolor y deterioro de las articulaciones.
  • Rica en fibra: mejora la salud de la flora intestinal, controla los niveles de glucosa en sangre y de grasa en el sistema cardiocirculatorio.
  • Antiparasitaria: tanto la calabaza como, sobretodo, sus semillas se utilizan para acabar contra los parásitos intestinales.

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El hinojo, el toque aromático
Uno de los “secretos” de esta crema es el hinojo. Tiene un sabor anisado e intenso. O te encanta o lo detestas, no suele haber término medio. En esta receta, el hinojo tiene un papel secundario, pero imprescindible. No es un ingrediente muy popular en la cocina occidental, pero quizás, cuando conozcas sus propiedades, empieces a incorporarlo a tu día a día.

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  • Propiedades digestivas y carminativas: favorece la digestión y, sobretodo, es conocido por evitar las flatulencias e inflamación intestinal. Por eso puede usarse tanto el bulbo fresco como sus semillas para mejorar la digestibilidad, por ejemplo en platos de legumbres.
  • Propiedades diuréticas: tal y como pasa con la calabaza, el hinojo es útil para la drenar el organismo, eliminando toxinas y mejorando los síntomas de enfermedades que acumulan líquido en el cuerpo como la artritis.
  • Rico en minerales, vitaminas y aminoácidos: sobretodo el hierro, pero también magnesio y calcio (ayudan a reducir el colesterol). Rico en vitaminas como la C y aminoácidos como la histamina, metionina, arginina, alanina (favorece la creación de defensas)… que tienen un papel antioxidantes y antiinflamatorio, así como ser las piezas del puzzle que componen las proteínas.

Aun hay otro ingrediente secreto que diferencia esta crema de las demás: la manzana. ¿Te imaginas la combinación final? El sabor dulce y equilibrado que le dan estos vegetales junto con las especias cambiará por completo tu concepto sobre las cremas de calabaza.

Te recomiendo que no te saltes ni sustituyas ninguno de los ingredientes, porque precisamente la combinación de todos ellos es lo que le da ese toque diferente a esta crema.

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Ingredientes

  • 1 calabaza hokkaido o red kuri no muy grande
  • 1 hinojo pequeño o medio grande
  • 1 puerro
  • 1 zanahoria grande o dos pequeñas
  • 1 manzana
  • 1 tira de alga kombu de unos 5-6 centímetros
  • 1 cucharada de postre de cúrcuma seca molida
  • 1/2 cucharada de postre de comino molido
  • 1/2 cucharada de postre de anís estrellado molido
  • 1 cucharada de postre de sal
  • aceite de coco o de oliva virgen extra de primera presión en frío

Preparación
Con un cepillo, raspa la calabaza debajo del grifo. Sin pelarla, trocéala y sácale las semillas.

Trocea también el puerro con su parte verde, la zanahoria y la manzana con su piel.

En una olla de fondo grueso rehoga el puerro y la zanahoria con un poquito de sal marina. Añade, pasado un par de minutos, la calabaza y la manzana. Con el fuego bajo, tapa la olla y deja que los ingredientes “suden”, removiendo a menudo.

Después de unos 5 minutos, añade agua filtrada hasta cubrir los alimentos y condimenta con el resto de ingredientes: el alga, la cúrcuma, el comino, el anís. No eches todavía el resto de sal, espera a que los sabores se potencien y se mezclen. Ten en cuenta que la kombu también va a salar un poquito.

Deja que la crema hierba a fuego medio durante aproximadamente unos 20 minutos. Pasado ese tiempo. tritura con la batidora de mano. Ahora es el momento de probar y rectificar de sal.

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La consistencia ha de ser ligera y sedosa, pero con cuerpo. Puedes, sin embargo, aligerar la consistencia añadiendo un poquito de agua o leche vegetal, yo te recomiendo de soja o cáñamo, por ser menos dulces que la de arroz o almendras (a no ser que sea casera). Se conserva en la nevera hasta 3 días.

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Hamburguesas veganas para carnívoros

He de confesar que las hamburguesas no me salen especialmente bien. Además, no disfruto nada preparándolas. Entonces ¿por qué han acabado en el blog? Primero porque estas en concreto son las hamburguesas más ricas y rápidas que he preparado y, eso, para mi, ya es motivo suficiente. También porque es una manera de aprovechar los restos de hacer zumo y porque son una opción muy socorrida para tener en el congelador y usar cuando no tienes tiempo de cocinar. Así que yo uso estas hamburguesas de “salvavidas”, como estas otras recetas e ingredientes. Hago muchas y las congelo para tener una opción rápida, incluso cuando se apunta alguien a comer o cenar, o para llevarme de tupper. La manera adecuada de descongelarlas es sacarlas del congelador unas horas antes y meterlas en la nevera. Una vez descongeladas, las paso de nuevo por la sartén para darles un poco de “chispa”. Es que han de cocinarse antes de congelar, pero eso te lo cuento más adelante.

hamburguesas veganas

Algunos diréis que eso de congelar no es demasiado saludable. Y decís bien, ya que perdemos la “energía” de los alimentos. Aunque a diferencia de lo que se piensa, no se pierden excesivamente los nutrientes. Aunque todo depende de los nutrientes, claro… Por ejemplo, las vitaminas son las más afectadas, sobretodo la vitamina C, que es la más delicada y se pierde incluso exponiéndola a la luz. Pero otras sustancias como las ácidos grasos o las proteínas o algunos minerales, no se ven demasiado alterados. De hecho, es peor cocinarlos excesivamente que congelarlos. Lo que quiero decir con esto, es que mejor no congelar los alimentos y consumirlos lo más frescos posible, pero que, si por nuestro ritmo de vida o por comodidad tenemos que hacerlo de forma puntual, tampoco hay que obsesionarse. Lo que sí te recomiendo es que no compres productos congelados y procesados: lasañas, patatas fritas, verduras… Si has de consumir algo congelado, que sea algo que has preparado tú mismo.

¿Qué tienen de bueno estas hamburguesas?

Antes de pasar a enumerarte las virtudes de los ingredientes, te cuento que estas hamburguesas tienen un pequeño secreto que le da un toque especial: unas hojitas de menta picadas. Sí, has leído bien, no llevan perejil, ni cilantro, ni siquiera albahaca. Llevan menta. Pruébalo y sorpréndete.

De todos los ingredientes, hago mención especial de la proteína de guisante. Quizás, depende de donde vivas, te cueste un poco encontrarla. Si no estás siguiendo la Fase 3 de la Dieta que Cura, puedes sustituirla por proteína de soja o lo que también se llama “soja texturizada”. Como siempre, te recomiendo que sea ecológica, hay que vigilar con la soja, que suele ser transgénica. Lo bueno de usar soja es que ya estás consumiendo proteína completa. En el caso del guisante, deberíamos completarlo con un poquito de cereal (Si todo esto te suena a chino, ponte al día aquí). En esta receta la proteína de guisante o soja le da consistencia a la hamburguesa, creando una textura similar a la de la carne. Aunque, créeme, no es mi objetivo imitar productos cárnicos… Sin embargo, creo que es una receta que puede agradar a personas que comen carne, por la textura y también por el sabor.

La remolacha como aliada de la Artritis Reumatoide
Otro de los ingredientes dignos de mencionar es la remolacha que, además del color “carnívoro”, nos aporta muchos nutrientes básicos para mantener a raya patologías inmunitarias. Básicamente por dos cosas: su poder atioxidante y su (científicamente probada) capacidad antiinflamtoria. Además de muchos otros nutrientes que hacen sinergía entre ellos para cuidar de nosotros desde dentro. A continuación te cuento un poco más sobre ellos:

remolacha

  • Flavonoides: su capacidad antioxidante confiere un gran potencial terapéutico en enfermedades como el cáncer, patologías cardiovasculares, hepáticas o autoinmunes. Pero, como Comida Que Cura va, entre otras cosas, de Artritis Reumatoide, te cuento que los flavoniodes pueden inhibir las prostaglandinas y la proteína C reactiva, que son enzimas inflamatorias que se “disparan” en patologías como la artriris. Esto quiere decir que una dieta rica en bioflavoniodes hará que tu inflamación se modere.
  • Folatos: vitales para el buen funcionamiento del ADN y ARN. Intervienen en la creación y protección de las células, por ejemplo de las células del sistema inmune, pero también de la sangre, es decir, de los hematíes o glóbulos rojos.
  • Vitaminas: grupo B, provitamina A, y vitamina C. En general, influyen en el buen funcionamiento del sistema nervioso, mejoran la salud de la piel, de las mucosas… Aunque podría explicártelo muy extensamente, quédate con que la remolacha nos aporta vitaminas necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Vitaminas que a veces no tienen reserva en el cuerpo y hay que ir tomando de forma diaria a través de los alimentos. Otra vez te recuerdo que si no consumes alimentos ecológicos, tampoco consumes vitaminas ni minerales, pero sí pesticidas, fertilizantes, etc.
  • Minerales: hierro, sobretodo. Pero también magnesio, fósforo y cobre.
  • Fibra soluble: además de mejorar nuestra flora intestinal y ser ligeramente laxante. Ayuda a bajar los niveles de colesterol en sangre protegiendo todo el sistema cardiovascular.

La cara “oscura” de la remolacha, los oxaltaos.
La remolacha y otras verduras como las acelgas y las espinacas, contienen oxaltaos que inhiben la absorción de minerales como el hierro, el magnesio o el calcio. Y que pueden causar problemas a nivel renal y, desde ahí, a otros sistemas como el cardiocirculaorio. Pero… no hay que tirarse de los pelos, la naturaleza se regula ella solita. La mayoría de plantas y algunos pseudocereales como la quinoa o el amaranto contienen oxaltaos, aunque en proporciones muy pequeñas. Si comiéramos como debemos, respetando los alimentos de temporada, todo estará en su sitio, ya que no consumiríamos cantidades demasiado grandes de productos ricos en oxaltaos. Pero volviendo al tema de la sabiduría de la naturaleza… ¿Te has parado a pensar por qué la remolacha es rica en hierro y a la vez en oxaltaos? Pues porque tampoco sería bueno tener demasiado hierro en sangre. O lo mismo pasa con el calcio, si no existieran alimentos que regulan la absorción de algunos minerales y vitaminas, podríamos también cursar anomalías como, en el caso del calcio, la hipercalcemia. Lo que quiero decir (y ya es la segunda vez en este post) es que no hay que obsesionarse. A veces perdemos la realidad de vista, nos prohibimos algunos alimentos sin saber muy bien por qué. Los único que deberías “prohibirte” (y ni siquiera me siento muy cómoda utilizando esta palabra) es todo lo que te conté aquí. Pero una dieta equilibrada, (incluso aunque tengas que ponerte estricto utilizando tu dieta como medicina y, en este caso, evitar algunos alimentos durante un tiempo) no tiene que ver con limitaciones y prohibiciones, tiene que ver con la moderación y el sentido común. He dicho.

Nota: En el caso que tengas tendencia a la anemia ferropénica sólo ten en cuenta no ingerir en la misma comida alimentos ricos en hierro junto con otros que sean ricos en oxaltaos. Por ejemplo, no tomar espinacas y algas hijiki (súper ricas en hierro) en la misma ingesta. Así aprovecharás todo el hierro sin que los oxalatos te lo roben.

hamburguesas para carnivoros

Azuki
Son unas judías maravillosas que si aun no conoces, van a cautivarte en pocos segundos.
Tienen un sabor suave, dulzón, y una textura cremosa pero firme a la vez. Son un alimento que centra, que da estabilidad, lo que en macrobiótica se denomina un alimento con energía yang. Entre sus propiedades podemos destacar el aporte de fibra, que ayuda al tránsito intestinal y a regular los niveles de azúcar en sangre, incidiendo también a la salud del sistema cardiovascular. Otro de los puntos fuertes de las azuki es su función como prebiótoco, de nuevo por su fibra, que sirve de “abono” del intestino para que los probióticos crezcan fuertes y frondosos. Pero quizás una de las propiedades más conocidas y destacables es la de ser una gran desintoxicante del riñón. ¿Has visto que tienen forma de mini riñón? Así que… ¡Sorpresa! Su efecto sobre este órgano ayuda a contrarrestar los posibles efectos nocivos derivados de los oxalatos de la remolacha (aunque ya te he dicho que deberías comer mucha mucha remolacha para notarlos). Pero, por si acaso, así te quedas más tranquilo. 😉

Bien pues vamos ya con la receta, antes de que se me ocurra algo más que contarte sobre estas hamburguesas…

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INGREDIENTES
(Para unas 10 hamburguesas)

  • 1 taza de pulpa de remolacha de hacer zumo. Puedes usar remolacha rallada, pero tendrás que usar menos cantidad para conseguir la misma consistencia en tus hamburguesas (ya que tendrás más jugo). También puedes usar más proteína de guisante o soja para compensar la humedad.
  • 1 bote de judías azuki ecológicas (colando el líquido)
  • 2 tazas de proteína de guisante texturizada (no en bolas) o también soja texturizada (no transgénica)
  • 1 c.s. de ajo en polvo
  • 1 c.s. de pimienta
  • 1 c.s. de pimentón dulce ahumado
  • 1 c.s. de sal del himalaya
  • Truco secreto: unas hojas de menta picadas. Aproximadamente una cucharada sopera rasa.
  • Aceite de coco o de oliva (siempre virgen extra de primera presión en frío) para hacerlas en la sartén.

PREPARACIÓN
Con la batidora de mano o con una batidora de vaso, tritura las azuki hasta que se haga una pasta. Puede llevarte un rato ya que la pasta se pega a las cuchillas y los bordes del recipientes y hay que ir despegándola.
Mezcla en un bol bien grande todos los ingredientes de la receta junto con las azuki que acabas de triturar. Deja que todos los ingredientes se integren bien. Prueba y rectifica de sal, pimienta o lo que sea.
Mójate las manos y forma hamburguesas del tamaño que prefieras.

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Calienta una sartén con un poquito de aceite de oliva o coco y pasa tus hamburguesas para que se doren un poco por fuera y cojan más consistencia. Las cocinamos antes de congelar para que mantengan estas consistencia cuando las vuelvas a descongelar. Es un buen truco si vas a incorporar las hamburguesas “salvavidas” en tu rutina.

 

Bebida que Cura, un ebook descargable para ti

Llevo unas semanas de ausencia en el blog. Aunque no he parado de ir y venir por las redes sociales, ya iba siendo hora de publicar algo por aquí. Sin poner excusas, he estado (y aun estoy) ocupada con las otras cosas que hago en mi vida y que en este momento reclaman mi atención. Pero no he parado de cocinar, comer rico y pensar mucho en Comida que Cura. Tengo varios post empezados con recetas de temporada, más calentitas y con ingredientes otoñales. Tango también muchas actualizaciones que hacer en algunos post relacionados con la información más rigurosa sobre artritis reumatoide y autoinmunes. Y esto es gracias a todo lo que estoy aprendiendo en la escuela. Como ya sabéis, sigo mis estudios sobre dietoterapia y terapia ortomolecular, siempre digo que hay que estudiar y valerse por uno mismo en esto de cuidar la salud… Aunque esta formación requiere mucha dedicación, he de confesar que cada clase es una revelación ¡tantas respuestas y conocimientos maravillosos! Dicen que el saber no ocupa lugar, pero cuando tienes un blog, ese conocimiento se transforma en letras, palabras, posts, en tiempo…

Pero yo me paraba por aquí para dejaros un pequeño regalillo, un ebook de batidos y zumos. Es una recopilación de las recetas que he ido publicando por las redes sociales, pero con información extra respecto a las generalidades de estas bebidas que curan o para qué tipo de carencias o afecciones pueden recomendarse.

Os lo dejo por aquí y espero que podáis sacarle partido. Puede ser una guía para “principiantes”, quizás estas recetas te ayuden a cogerle el truco a los zumos y batidos y luego puedas crear tus propias combinaciones.

Sea como sea, es vuestro y podéis usarlo y reusarlo a vuestro antojo: pasárselo a un amigo, hacer una “cata” de zumos que curan en casa, … o lo que se os ocurra. La comida y la bebida que cura es universal y es de todos ¡Así que a disfrutarlas!

DESCARGA EL IBOOK AQUÍ: bebida_que_cura

bebidas que curan portada

3 recetas crudiveganas de brocoli y coliflor

Ya sé que alguno por ahí, al leer el título de esta entrada, ha sentido un poco de crudi-fobia. Soy consciente de que algunas crucíferas como la coliflor y el brocoli crean un poco de rechazo. No sólo porque pueden sentar mal en algunas ocasiones, sino por el olor que desprenden al cocinarse. De entrada, son de las verduras que menos les gustan a los niños. En este caso, mi propuesta es camuflar su sabor (y olor) en vez de potenciarlo. La coliflor y el brocoli pueden servir como base de muchos platos crudiveganos, sustituyendo, sobretodo, los cerelaes (Arroz, cuscús…)

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¿Por qué huelen mal?
Las crucíferas, entre ellas la colifor y el brocoli, contienen sulforafano. Este componente se “activa” al cocinarse, al entrar en contacto con agua caliente, cuanto mayor es el tiempo de cocción, más ácido sulfhídrico se desprende y peor huele.

¿Por qué sientan mal?
Uno de los errores más comunes es cocinar en exceso las crucíferas pensando que así las hacemos más digestivas. Cuanto más las cocines, más gas producen y peor sientan. La recomendación es cocinarlas al dente, un máximo de 4-5 minutos (yo recomendaría 2-3 minutos). Si aun así, sientes que no te sientan bien, dale una ayuda extra a tu aparato digestivo y combínalas con alguna carminativa (verduras y plantas que reducen/eliminan los gases). Algunas de las carminativas más efectivas son las algas, por su contenido en ácido algínico, el hinojo, la menta, el anís, el laurel… Estas son sólo algunas de las más comunes o que más usamos en la cocina occidental. Otra opción es “pre-masticar” las verduras antes de ingerirlas, triturándolas o cortándolas muy pequeñitas. Este es el método que vamos a usar hoy en casi todas las recetas, sobretodo porque vamos a trabajar con verduras crudas y cocinadas al vapor muy poco tiempo.

Un planteamiento que yo me hago… si se llaman crucíferas, se tendrán que comer crudas ¿no? A mi me suena que sí 🙂 De momento, ya sabemos que para que sean más digeribles, no las vamos a cocer demasiado. También, si lo que queremos es disimular su sabor, mejor mantenlas lo más crudas posible, así no activas el sabor azufrado tan típico de estas verduras.

Empezamos con la coliflor y con la receta de TABOULÉ CRUDIVEGANO, por supuesto sin gluten y sin lácteos. 😉

INGREDIENTES
(para 2 personas)
1/2 coliflor con la parte del tronco
1/4 de semillas de girasol activadas
1 pepino
1 rama de apio
1 cebolla tierna
1 tomate
1/2 taza de pasas
1/2 taza de menta picada

Para el aliño:
El zumo de una lima
3 c.s. De aceite de oliva
1 c.p. De vinagre de umeboshi (o 1/2 c.p. Sal)

taboule crudivegano

PREPARACIÓN
En el procesador de alimentos, tritura primero un poco la coliflor. Lo bueno de picar tanto la coliflor como el brocoli en las recetas, es que aprovechas perfectamente toda la pieza. A veces, cuando uso las flores para otras receta, guardo la parte del tallo en una bolsa en la nevera y con eso me hago recetas como las del post de hoy.
Una vez triturada la coliflor de manera que quede pequeñita, casi como la textura del cus-cús, añade las pipas de girasol y tritura un poco más. En este punto, a mi me gusta añadir la cebolla tierna a trozos y pulsar unas cuantas veces para que quede pequeñita e integrada.
Por otro lado, corta el pepino, el apio y el tomate a trocitos pequeños.
En un bol, mezcla la coliflor picada con el resto de los ingredientes que acabas de cortar y también con las pasas y la menta.
Para el aliño, mezcla todos los ingredientes en un bote de cristal con tapa y agita bien para incorporar.
Aliña en el momento de servir, para que quede bien “al dente”.

Receta con brocoli: RISOTTO CASI CRUDO PARA EL VERANO
Este risotto se come templado, es un plato intenso pero fresco a la vez, ya que la textura cremosa la conseguimos con el aguacate. Como siempre, esta receta no tiene gluten ni lácteos.

risotto casi crudivegano

INGREDIENTES
(para dos personas)
3/4 de taza de arroz integral redondo
1 tira de alga kombu de 1,5 cm aprox.
2 tazas de agua flitrada

1/2 brocoli
1 aguacate
1 ajo tierno
1/2 c.p. Sal
1/2 c.p. Pimienta
1/2 c.p. Nuez moscada molida
1/2 c.s. De levadura nutricional
1/4 taza de pistachos pelados
1 c.s. De copos de alga nori

PREPARACIÓN
El brocoli contine mucha clorofila y vitamina A (perfecta para la salud de los ojos, la piel y las mucosas). Ambos elementos son hidrosolubles y termosensibles, así que al cocinar el brocoli, estos y otros elementos se pierden y casi todo el resto se quedan en el agua de cocción. Para aprovecharlos, vamos a cocinar la receta en este orden:
1. Corta el brocoli en flores pequeñas. En una olla un poco alta pon a hervir 2 tazas de agua. Cuando rompa el hervor, elige si quieres hervir o cocer al vapor el brocoli, yo te recomiendo al segunda opción, pero si no tienes la cestita típica para hacerlo, no pasa nada si lo hierves. Lo que sí es importante es que no te pases en el tiempo de cocción, pon una alarma o un reloj y calcula exactamente 3 minutos. Pasado ese tiempo, deja que le brocoli se enfríe en un plato. ¡No tires el agua! La vamos a usar para hervir el arroz, así aprovecharemos todas las vitaminas que se han quedado “flotando” en ella.
Para el arroz, lo ideal sería que lo dejaras en remojo la noche antes de preparar la receta. Cuando llegue el momento de cocinarlo, vuelve a llevar al fuego el agua de cocer el brocoli. Cuando hierva, vierte el arroz y deja tapado hasta que rompa de nuevo el hervor, desde ese momento cocina destapado. El fuego ha de ser medio y has de vigilar de que no se quede la olla sin agua. A veces depende del tipo de arroz, pero con esas cantidades, cuando te quedes sin agua, el arroz ya debe estar cocinado. Si no es el caso, puedes añadir un poquito más, pero hazlo muy poco a poco. Una vez cocinado, reserva y deja enfriar.
Prepara la salsa que “ligará” el risotto. En la trituradora, mete el aguacate cortado a trozos, la mitad del brócoli que estaba enfriándose, el ajo tierno, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Tritura hasta que forme una pasta, no pasa nada si quedan grumos. Si sientes que es demasiado pastoso, puedes añadir un poquito de agua ¡pero no te pases! Trocea un poco el resto del brócoli a cuchillo, tampoco hace falta que lo hagas muy pequeño, porque vamos a triturar. Añádelo al resto de ingredientes que tienes en la trituradora junto con los pistachos y la levadura nutricional. Pulsa unas cuantas veces para que todo se incorpore y queden trocitos de brócoli y de pistachos.
En un bol mezcla ahora el arroz con la “salsa” que acabas de preparar, prueba y rectifica de sal si es necesario.
Para servir, puedes usar un molde (como he hecho yo en la foto) y decorar con los copos de alga nori.

Receta versátil: SUSHI-MAKI CRUDIVEGANO
Esta última receta puedes hacerla con coliflor o con brócoli, te dejo fotos de las dos versiones. En realidad te voy a dar sólo sugerencias para crear la base de la receta, ya que puedes modificarla a tu gusto y según lo que tengas en la nevera.

sushi_crudivegano
INGREDIENTES BÁSICOS
1/2 coliflor o 1/2 brocoli
1/4 taza de pipas de calabaza activadas
1/4 taza de pipas de girasol activadas
1 c.s. De vinagre de arroz ecológico
1 c.p. De agave

Hojas de alga nori
Mat de bambú para ayudarte a enrollar
Tamari
Wasabi (opcional)

INGREDIENTES VERSÁTILES
(Son ingredientes que puedes ir cambiando a tu gusto)

Brotes / germinados de lo que quieras: alfalfa, rabanitos, lentejas…
Champiñones
Aguacate
Cebolla tierna
Pepino
Lechuga
Espinacas
Zanahoria
Nabo daikon
Rabanitos
Manzana
Semillas de sésamo
….

PREPARACIÓN
En la trituradora, procesa el brocoli o la coliflor junto con las semillas, el vinagre de arroz y el agave. Ha de quedar una textura como de cus-cús, que quede compacta cuando la presiones entre los dedos.

Sobre el mat de bambú, coloca una hoja de nori , extiende una capa fina de la mezcla que acabas de preparar dejando un centímetro libre hasta los bordes. Pon los ingredientes sobre la mezcla. Por ejemplo: corta tiras de pepino, germinados, tiras de zanahoria… has de colocarlos hacia el borde que está más cercano a ti, para poder enrollar bien tu sushi.
Te dejo este link para que veas cómo se hace.
Para cortar el sushi, necesitas un cuchillo bien afilado que irás mojando en agua, así consigues reblandecer la nori y sale más fácil. Corta rodajas de un dedo de grosor aproximadamente.
A la hora de comerlo, moja en tamari y, si te gusta el picante, añade un poquito de wasabi.

sushi_que_curaYa has aprendido tres maneras diferentes de prepar brocoli o coliflor, además mejorando su digestibilidad y su sabor. ¡Que las disfrutes!

Tomato wannabe: salsa de tomate sin tomate

Esta es la receta que agradeces infinitamente cuando estás tratando tu Artritis Reumatoide (RA) a través de la Fase 3 de la Dieta que Cura, y te enteras de que el tomate ha de desaparecer de tus comidas. Puede ser que para ti esto sea fácil. En mi caso, tengo una seria dependencia del tomate. Me encanta. Pero esta receta de hoy o “cheat meal” (comida con trampa) cubrirá tu “dosis” necesaria de tomate.Salsa de no tomate

Esta salsa, está basada en la receta de Cocina Macrobiótica Mediterránea, de quien he aprendido (y sigo aprendiendo) mucho. Pero yo he hecho algunos pequeños cambios, he eliminado algunos ingredientes y añadido el vinagre, que a mi parecer, hace que el sabor de la salsa sea más parecida a la el tomate “real”. La puedes usar como fondo de muchas recetas: para pasta (sin gluten), arroz o cualquier cereal, lasaña, como base de otroas salsas o patés… Yo he hecho hasta conservas, para tener siempre a punto mi salsa de tomate wannabe.

Ingredientes
1 bote de remolacha ecológica o 2 remolachas hervidas o frescas
1 cebolla
2 dientes de ajo
1 tira de alga kombu de unos 2-3 cm.
1 c.p. de pasta de umeboshi
1 c.s. orégano seco
1 c.s. de vinagre de manzana (sólo si no usas remolacha en conserva)
1/4 taza de agua
Para cocinar: aceite de coco (insaboro) o aceite de oliva, sésamo…

Preparación
Para empezar, si utilizar remolachas frescas, pélalas y hiérvelas hasta que queden blanditas. En este caso, añadirás a tu receta una cucharada sopera de vinagre de manzana que incorporarás a la hora de triturar. Si usas remolacha previamente hervida (las que venden peladas y entereas, envasadas al vacío) sólo tendrás que cortarlas y reservar. Si usas remolacha en conserva, primero pruébala, para ver si está demasiado avinagrada, si la encuentras muy fuerte de sabor, lávala un poquito con ayuda de un colador. Aquí te explico por qué me gusta usar remolacha en conserva para las recetas que quieren imitar el sabor del tomate. Seguidamente, corta la cebolla a cubitos y reoga en una sartén junto con el aceite que utilices (coco, oliva, sésamo…) y un poquito de sal. Te recomiendo que cada vez que tengas que reogar cebolla lo hagas al estilo mecrobiótico: primero, con un fuego medio-alto, pero sin pasarte, luego es importante que constantemente remuevas la cebolla con una cuchara de madera, lo que en macro llaman “yanguinizar”, no voy a entrar en detalles, pero es interesante desde el punto de vista energético de los alimentos y también para que nuestra cebolla quede perfecta. Cuando la cebolla empiece a estar transparente, añade los ajos picados y sigue removiendo. Después de unos 3 minutos añadiremos la remolacha, el agua, la tira de kombu y el orégano y dejaremos que todo se cocine a fuego medio-bajo y con tapa por unos 10 minutos. Pasado ese tiempo, añade la mezcla al vaso de la batidora y tritura junto a la cucharadita de pasta de umeboshi y, si no has utilizado remolacha en conserva, también la cucharada sopera de vinagre de manzana.

¡Esto es todo! Consérvala en botes de cristal en la nevera. También puedes hacer conservas poniendo los botes al baño maría durante media hora y luego dejar que se enfríen boca abajo.

Aliño de piña antiinflamatorio

Vamos con una receta “express”. Un aliño para tus ensaladas que tiene como ingrediente base la piña.

Salsa piña anitinflamatoria

Quizás te preguntarás ¿pero no hay que tomar la fruta fuera de las comidas? La respuesta es sí. Aunque siempre hay un “pero”… Para empezar, depende de con qué la combines, las hojas verdes van con todo, así que no hay problema si las combinas con fruta. Luego existen diferentes tipos de frutas, para no entrar en detalles, sólo recuerda esto: la manzana y la pera son bastante neutras y pueden combinarse de vez en cuando con otros alimentos. La papaya y la piña son especiales, contienen enzimas que favorecen la digestión del resto de alimentos con que se ingieren. Lo ideal sería tomarlas una media hora antes de comer para que las enzimas empiecen a funcionar. Pero no pasa nada si, alguna vez, como hoy, las usas en tus comidas.

Ya que esta receta va de piña, te cuento un poco más sobre ella. Lo interesante de esta fruta es la bromelina, una enzima digestiva que ayuda a descomponer las proteínas durante el proceso digestivo, favoreciendo así la asimilación de los aminoácidos que las componen. Además, la piña tiene propiedades antiinflamatorias (¡muy recomendable para la Artritis Reumatoide!), anticoagulantes y ayuda en casos de retención de líquidos.

Además de todos estos beneficios, este aliño le da un giro a la ensalada. Convierte un plato más bien soso en uno con personalidad y atractivo. Y como es sólo triturar y degustar, seguro que lo vas a hacer más d euna vez.

¿Te animas?

piña_2

Ingredientes
1 taza de piña cortada en cubitos
1/2 cebolla tierna
1 c.p. miso
1/4 taza agua de mar (o un poquito de sal y agua para hacer más ligera la salsa)
Un poco de perejil fresco

Preparación
En un procesador de cocina tritura todos los ingredeintes. No importa que no quede triturado del todo, de hecho, tiene más “encanto” si quedan trocitos, pero puedes ajustar la consistencia a tu gusto.
Añade la salsita a una ensalada, preferiblemente de hojas verdes. Algunas ideas: lechuga, rucula, escarola, endivias, diente de león, col, apio, germinados, algas…

El acompañante perfecto

Hay tantas combinaciones, infinitas, que una ensalada puede ser un plato principal, nutricionalmente completo y muy satisfactorio. Pero si no la tomas de esta manera, igualmente no te olvides de ella, acompaña tus comidas con una ensalda, observa las propiedades de tu plato principal y, si ves alguna carencia, quizás puedas compensarla en los ingredientes de tu ensalada de acompañamiento.

ensalada que cura

Pero a partir de hoy, ya no te vas a olvidar más de la ensalda. Hay otro motivo por el que tienes que intoducirla en tu rutina diaria: la leucocitosis digestiva.

¿Qué es la leucocitosis? De forma muy, muy breve, te lo explico:

La leucositosis es el aumento de leucocitos (glóbulos blancos) en la sangre. Este fenómeno se da cuando el organismo identifica un agente extraño: infección, intoxicación, etc. y quiere protegerse de él. En 1894 Wirchow definió la leucocitosis como algo “normal” ya que toda las personas la presentaban. Unos años después, Paul Kouchakoff descubrió que la leucocitosis ocurre sólo cuando tomamos alimentos excesivamente cocinados o procesados. El alimento en su estado natural, sin cocinar ni desnaturalizar, no dispara la alarma del sistema inmune.

Por eso es importante que comas lo más natural posible. Es una pena que, en términos generales, la dieta “normal” de la mayoría de personas se componga de alimentos venenosos, alimentos que realmente nos van quitando vida bocado a bocado. Y esto es así simplemente por intereses económicos. La dieta “normal” debería ser la natural: alimentos sin procesar, ni modificados genéticamente ni desnaturalizados. Deberíamos etiquetar a las verduras tratadas químicamente como alimentos artificiales y considerar “normales” a aquellos que ahora llevan la etiqueta ecológica. Pero este es otro tema, así que volviendo a la leucocitosis… Si tomas alimentos cocinados de forma adecuada (hervidos, cocinados al vapor, horno muy suave, todo por debajo de los 100º) y sobretodo, si tomas más alimentos crudos, tal y como te los da la naturaleza, eviatarás que tu sistema inmune se dispare cada vez que comes.

Quizás te preguntarás qué tiene que ver todo esto con la ensalada. Pues tiene mucho que ver. P. Kouchakoff también descubrió que si combinas alimentos cocinados con alimentos crudos, por ejemplo, con una ensalda, no se produce leucocitosis digestiva. Aquí tienes la ensalda 🙂

Muy bien, después de este descubrimiento, profundicemos un poco más en la ensalada. En este post en concreto, en los ingredientes que no pueden faltar en tu combinación diaria:

1.Hoja verde

Intenta no comer siempre la misma, ve variando porque las diferentes verduras nos aportan diferentes cosas. Así te aseguras que no te falte de nada.

Para que te hagas una idea, te adjunto una lista con las verduras verdes más comunes y lo que nos aportan:

NOTA: si la verdura que utilizas no es ecológica, no vas a obtener prácticamente nada de todos los minerales, vitaminas, etc. que se describen a continuación. Por el contrario, estarás consumiendo herbicidas, pesticidas, fertilizantes que alimentan las enfermedades y la muerte celular. Aunque tú no lo notes, por dentro, ¡todas esas cosas están pasando! Las buenas y las malas.

Lechuga romana: nos aporta fibra y agua. Vitamina A, B1, B2, B3, C. Minerales: potasio, calcio, magnesio, sodio, azufre, hierro, alumninio, cobre, cobalto… También ácido fólico, aminoácidos no esenciales (que el cuerpo puede sintetizar por sí mismo) y en baja proporción, también ácidos grasos.

Escarola: Similar a la lechuga, nos aporta vitaminas hidrosolubles (A, algunas del grupo B y C), aminoácidos, y minerales, sobretodo el potasio. Destacamos el alto contenido en folatos (ácido fólico) que ayuda en la creación de glóblos rojos y blancos, mejorando los anticuerpos del sistema inmune. Muy útil para dietas de desintoxicación del hígado, como pasa con la mayoría de vegetales que tienen sabor amargo: col, endivias, coles de bruseas, brocoli, alcachofa, rúcula, berros, diente de león, …

Espinacas: aunque pensmaos que la vitamina A (buena para la vista) se encunetra en gran proporción en la zanahoria, la espinaca contiene más betacaroteno que este tubérculo. También destaca en la espinaca el ácido alfa-lipoico, un potente antioxidante. También contiene vitamina K y, como la mayoría de hojas verdes, ácido fólico. La leyenda del hierro en las espinacas de Popeye es más bien, eso, ya que hay muchas otras fuentes de verdura verde y sobretodo, germinados, en los que podemos encontrar una mayor concentración de hierro. Los vamos a ver un poco más adelante.

Diente de león: esta sí que tiene mucho hierro, pero también muchos betacarotenos (vitamina A), de nuevo más que la zanahoria. Rica en vitaminas del grupo B y potasio. Como ya he adelantado antes, su sabor amargo ayuda a desintoxicar el hígado, aunque cuando es el momento perfecto para este tipo de desintoxicaciones, la Primavera, el diente de león ya escasea.

2. Germinados
Literalmente son comida viva. Por este motivo, tienen una gran concentración de nutrientes. Son un alimento potentísimo que desintoxica, regula (comabate los radicales libres, favorece la regeneración celular…) y nutre de forma más eficiente el organismo. Para que te hagas una idea, si a una lenteja seca le diéramos un valor nutricional de 1, al activarla (remojarla durante unas horas) aumentaríamos su valor nutricional hasta un 70-80 y, al germinarla, multiplicaríamos hasta 600 el valor de algunos de sus nutritientes.
Te dejo unos ejemplos de germinados, pero puedes tomar (y preparar tú mismo) brotes de lo que tú quieras: de semillas de girasol, sésamo, daikon, remolacha, trigo, de arroz, quinoa, trigo sarraceno, mostaza…

Alfalfa: contiene muchísimas vitaminas y minerales, destacamos el alto contenido en hierro, calcio y en clorofila, y vitaminas como la A (betacarotenos), pero también la C y las del grupo B. La clorofila es indispensable para la regeneración celular, en realidad, ¡para la vida! Piensa que es el equivalente a la hemoglobina. Los brotes de alfalfa junto con los de trigo son de los más recomnedables.

Brocoli: con un puñadito de germinados obtienes la misma canitdad de nutrientes que si te comieras media cabeza de brocoli de una tirada. Mucho más fácil y ligero, no? Te aportan vitaminas, calcio y otros minerales. Se considera un alimento anticáncer.

Lentejas: al germinarlas, favorecemos la aparición de enzimas que favorecen su digestión, por eso se recomiendan para las personas a las que no les sientan bien las legumbres. Muy potentes en cuanto a aporte de hierro y minerales.

3. Fermentados
Básicamente puedes añadir a tu ensalada col fermentada o chucrut, una pequeña cantidad es suficiente para asegurarte una buena digestión. Un truco es tomar una cucharadita antes de comer, más o menos media hora antes.

Otra opción es tomar kimchi, y este te lo puedes preparar en casa sin mucho jaleo.

También sirven encurtidos o pickles de lo que quieras: rabanitos, pepinillos, zanaorias… prácticamente cualquier verdura. Te recomiendo que te los prepares tú, el proceso es muy simple, la receta del kimchi te da una base para hacer encurtidos de cualqueir cosa, aunque también lo puedes hacer mucho más fácil, haciendo una conserva de agua con sal.

4. Semillas
Según mi criterio, mejor que las consumas activadas, pero no está mal si quieres tomarlas más estilo macrobiótico, tostándolas ligeramente tú en casa. No las compres ya tostadas, ahí sí que estás perdiendo todas sus propiedades. Utiliza de forma habitual sésamo, lino, girasol, calabaza, cáñamo, amapola… para aportar ácidos grasos esenciales, calcio, proteína, vitaminas, minerales…

5. Algas
Si no eres amigo de las algas ¿a qué estás esperando? ¿Qué pasa? ¿no te gustan? Buuuu! eso es tan aburrido como la cháchara de que si eres vegano no tomas suficiente proteína. Ponte al día, las algas “molan”, están buenas (más allá del sushi del restaurante chino-japonés de tu barrio) Hay una gran variedad, seguro que encuentras la tuya. Si todavía no te has sumergido en este maravilloso mundo, empieza de forma “light”, yo te recomiendo comprar copos de alga nori o una ensalada de algas e incorporarla en pequeñas dosis en tu ensalada. Si te gusta el sabor a mar que tienen, te reto a algo más “heavy”, remojar alga dulse y añadirla a tus ensaldas o también wakame, está muy muy buena.

Como las algas son un alimento apasionante (la comida del futuro, para muchos…) en este post no caben todas las propiedades que deberíamos destacar, así que muy por encima te diré, por ejemplo, que una cucharada sopera de alga hiziki, wakame o arame tiene más calcio que un vaso de leche de vaca; que la agar-agar, nori o hiziki tienen un alto contenido en hierro y eso sin mencionar el alga espirulina, que se usa más a nivel medicinal, esta tiene mucho, mucho hierro.

Bien, como puedes ver, hay muchas sorpresas escondidas detrás de una simple ensalada de acompañamiento, seguro que ya no te la vas a mirar de la misma manera después de lo que has leído. Yo, que soy muy fan de la ensalada, no puedo estar un día sin comerla, me falta un no sé qué… bien, en realidad sí que lo sé, me falta esa vida, ese frescor de los alimentos vivos y vibrantes.

Kimchi, la salud en conserva

El Kimchi es originario de Corea y, además de estar delicioso, es un producto redondo: nutritivo, depurativo, probiótico ¡y fácil de preparar!
En mi humilde opinión, debería considerarse un “superfood”. Tiene tal concentración de nutrientes importantes para nuestra salud, que deberíamos consumir un poquito de kimchi cada día.

Entre sus muchas virtudes, destacamos:

1. Pre y probiótico:
la fibra proveniente de las verduras prepara el intestino para que los probióticos lo limpien de “bichitos” peligrosos y aumenten la cantidad de los que nos protegen. Tu flora intestinal estará bien frondosa y tu intestino será menos permeable, de esta manera, no sólo absorberemos mejor todos los nutrientes, sino que fortaleceremos nuestro sistema inmune. Por eso, te recomiendo el Kimchi si tienes Artritis Reumatoide u otra autoinmune.

2. Nutritivo:
al no cocinar las verduras, los nutrientes de sus ingredientes quedan intactos. Nos aporta calcio, hierro y vitaminas como la C, la E, la A, la B1 y la B2.

3. Depurativo:
el kimchi es muy bajo en calorías, pero además te ayuda a eliminar toxinas del cuerpo, como el “colesterol malo”. Además es muy antioxidante y también se dice que es anti-tumoral.

4. Digestivo:
aunque las verduras estén crudas, en realidad están “predigeridas” gracias al proceso de los probióticos. Tomar un poquito de kimchi antes de comer facilita el proceso digestivo y nos pone un poquito más contentos! =)

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Vamos a prepararlo! Ten en cuenta que el kimchi es muy, muy versátil, puedes poner prácticamente todas las verduras que encuentres en tu nevera. Por ejemplo: pimiento, escarola, pepino, calabacín, calabaza, ajo, chirivía, perejil …

Ingredientes y utensilios
1/2 col redonda o col china
3 zanahorias grandes
1 colinabo
1 remolacha
1 nabo daikon
1 trocito de jengibre
1 manzana
1 cebolla (fresca o seca)
1 rama de apio con sus hojas
1 bote de cristal de un par de litros de capacidad o varios botes más pequeños.

ingredientes_kimchi

Ingredientes para el aliño
Te recomiendo que lo pruebes y ajustes los ingredientes. El sabor tiene que ser intenso pero “soportable”. Si no tienes AR puedes añadir también zumo de limón.

1/2 vaso de vinagre de manzana sin pasteurizar
1/4 vaso de sirope de agave o miel
1 cucharada sopera de cúrcuma
1/2 cucharada sopera de curry picante
1/2 cucharada sopera de chili en copos
1/2 cucharada sopera de comino
2 cápsulas de probióticos lactobacillus (si no tienes, no pasa nada)

ingredientes_aliño

Preparación
Lava y corta la col bien pequeñita, como tienes en la foto. También corta pequeño el apio.

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Ralla el resto de ingredientes. Yo lo hice con un robot de cocina que tiene varias cuchillas: para rallar, hacer lonchas finas, etc. Utilicé el accesorio que ralla más grueso. Pero si no tienes, puedes hacerlo a mano. Todo tiene que quedar muy pequeñito. Ah! y no vale triturarlo con la cuchilla normal, porque te quedará una textura muy rara…

ingredientes_cortados

Para hacer el aliño, mezcla todos los ingredientes en un bote de cristal. Recuerda que hay que abrir las cápsulas y echar el polvito, no las pongas enteras! Agita bien el bote y, si necesitas, añade un poco de agua.

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Mezcla todas la verduras cortadas en un bol, para que se repartan bien. Reserva.bol_kimchi

Esteriliza el bote de cristal llenándolo con agua hirviendo

mason_jar

Desecha el agua y mete las verduritas, apretando bien. Añade ahora el aliño y acaba de rellenar el bote con agua hasta arriba. bote_kimchiGuarda el bote en un armario de la cocina o en algún lugar oscuro y con temperatura cálida y estable. Después de unos 3-4 días ¡el kimchi está listo! Guárdalo en la nevera.

Rejuvelac ¡Rejuvenece tu flora intestinal!

El rejuvelac es un básico indispensable en tu cocina. No pienses que es sólo para los que tenemos RA u otra autoinmune. ¡El rejuvelac es para todos!

También lo llamamos agua enzimática, porqué las enzimas de los granos germinados con que se prepara pasan al agua. Al ser una sustancia fermentada, funciona como probiótico. Básicamente te sirve para tener una flora intestinal sana, esto es importante para que puedas absorber adecuadamente los nutrientes de los alimentos, para evitar la putrefacción intestina (y con ellas las toxinas) y para que tu sistema inmune se fortalezca. Además, está cargado de Vitamina E, que es antioxidante y, en zumos y batidos verdes, ayuda a mantener mejor las propiedades de las verduras y frutas.

rejuvelac

Normalmente, el rejuvelac se hace con trigo entero, pero lo puedes hacer con muchas cosas más. Seignalet en su lista de alimentos que afectan a la artritis reumatoide prohibe el trigo, es cierto que para los celíacos el rejuvelac de trigo sería apto, como lo es la hierba de trigo, ya que el gluten está en el grano, pero si tenemos la oportunidad de hacerlo con otro ingrediente, no nos vamos a arriesgar. Realmente Seignalet no especifica si el problema del trigo está en el gluten o en el grano en sí, por un lado nos dice que no consumamos gluten y luego incorpora el trigo en la lista de alimentos que afectan a la RA. Volviendo al rejuvelac, el que yo te propongo está hecho con lentejas germinadas, pero puedes hacerlo, por ejemplo, con quinoa.

¡Ahí va la receta!

Ingredientes y utensilios
1/2 vaso de lentejas secas
1 tira de alga kombu de unos 4 centímetros
1 bote de cristal tipo “mermelada”
1 bote de cristal de unos 4 litros de capacidad
1 gasa
1 tela de algodón natural o una gasa grande
Gomas elásticas

Preparación
Primero, remoja las lentejas en agua con alga kombu durante 8-10 horas.

remojo_kombu_algaPasado ese tiempo, escurre el agua, vamos a hacer que nuestras lentejas broten. Este paso te sirve para germinar cualquier legumbre o cereal y comértelo luego. Si tienes un germinador, utilízalo. Si no tienes ¡vamos a fabricar uno! Necesitas un bote, una gasa y una gomita elástica. Metemos las lentejas húmedas en el bote y lo cubrimos con la gasa que habremos sujetado con la goma. Coloca el bote boca abajo sobre un bol, tal y como ves en la imagen. De vez en cuando, cada 4-5 horas, moja un poquito las lentejas (yo uso un pulverizador) y muévelas un poco, como agitando una cocktelera. Mejor si las cubres con un trapo, resguardándolas de la luz, germinarán antes. Más o menos, necesitas un par de días para que a las lentejas les salga un rabito de unos 2-3 centímetros.

germinaos_brotesAhora, coge el bote de cristal grande y llénalo de agua hirviendo para esterilizarlo. Desecha el agua, añade los brotes de lentejas, llena el bote con agua filtrada y cúbrelo con el paño de algodón que ajustarás con una goma elástica. Guarda el bote en un lugar oscuro y con temperatura estable, más bien calentito. Yo lo meto en un armario de la cocina. rejuvelac_1

Pasadas 48 horas el líquido se habrá vuelto un poco turbio y olerá un poco mal. No está malo, al contrario, ¡eso quiere decir que te ha salido muy bien! ¡Ya tienes tu rejuvelac!

No hace falta que uses mucha cantidad, puedes añadir el rejuvelac a tus batidos, zumos, sopas… Por descontado, evita calentarlo, ya que matarías los probióticos, los bichitos que trabajarán sin descanso en nuestro intestino.

Ah! Puedes hacer una segunda tanda de rejuvelac añadiendo de nuevo agua filtrada a las lentejas germinadas. Después de esta, deséchalas y vuelve a empezar desde el principio.