Verdades y mentiras sobre los detox + una receta depurativa facilísima

Como estamos en época de buenos propósitos… Si uno de tus deseos para el 2016 es vivir de forma saludable, aquí me tienes para echarte una mano. ¡Lo que haga falta a favor de la salud! Durante los próximos días publicaré recetas depurativas sencillas que puedes incorporar a tu detox post navideño. Ya te conté en la entrada anterior lo que puedes hacer para seguir una depuración sencilla, sin mucho drama y que te ayudará a poner a punto el organismo.

Pero antes de seguir, vamos a profundizar un poco más en el concepto de “depuración”. Es un hecho, si nunca has ayunado o practicado un detox, no estás al día. Pero no nos confundamos, más allá de las modas, si bien una depuración es un paso imprescindible a la hora de tratar patologías y mantener la salud, no todo vale. Algunos de los errores más comunes a la hora de hacer un detox pueden ser:

  1. Comer como si no hubiera mañana e intentar remediar el estropicio con un ayuno o detox. Si lo haces así, es que no has entendido el concepto de “depuración”. Es como hacer una limpieza a fondo de tu casa. Imagina que normalmente tienes la casa patas arriba, todo sucio y desordenado, seguro que no es muy agradable estar en esa casa y que, a nivel emocional y psicológico, tampoco te apetece mucho estar ahí. Imagina ahora que un día decides hacer una limpieza a fondo, quizás, aunque te esmeres mucho, ya hay manchas que no puedes limpiar o algún estropicio irreversible. Quizás en ese punto te preguntarás cómo has llegado hasta esta situación. ¿No sería más lógico intentar mantener unos mínimos de orden y limpieza de forma habitual? Pues lo mismo pasa con nuestro organismo, mejor mantenerlo más o menos saludable y no someterlo a cambios drásticos. Así que entiende el detox como una manera de darle un respiro a tu organismo para que se regenere, más que un método para contrarrestar excesos.
  2. Un detox no es una dieta. Obviamente si comes menos y eliges alimentos bajos en calorías, vas a perder peso, pero eso no quiere decir que las depuraciones sean un método para adelgazar. Si vives contando calorias, seguramente no estés obteniendo los resultados deseados. La ansiedad que provoca el querer controlar cada caloría, el ser inflexible, el castigarse constantemente con pensamientos negativos hacia uno mismo… todo eso provoca un efecto rebote. El secreto para estar en el peso adecuado es buscar la salud, eso siempre desde la aceptación y la sensatez. El sobrepeso supone, prácticamente siempre, problemas a nivel de colesterol, diabetes, problemas coronarios, psicoemocionales… Hay que buscar la causa de los desequilibrios de peso y tratarlos de forma adecuada. Por mucho que comas Comida Que Cura, si mentalmente no hay una “higiene”, no te servirá para nada. Una depuración es precisamente eso, un método para limpiar de toxinas el organismo, pero luego hay que también nutrir el cuerpo (y el alma), por eso la depuración no tiene nada que ver con un régimen dietético.
  3. El detox no es un invento de las celebrities. Es cierto que ellas lo han popularizado entre el resto de mortales, han dado a conocer los zumos verdes, los retiros de yoga y ayuno y se ven estupendas con su green smoothie en la mano. Pero esto de la depuración tiene más que ver con un griego de hace miles de años que con Gwyneth Paltrow. Y es que Hipócrates recetaba y practicaba el ayuno para curar patologías en la antigua Grecia. Así que entiende la depuración como un tratamiento médico, con su posología y sus contraindicaciones más que como una moda pasajera de Hollywood.
  4. Un detox no lo cura todo. Aunque una depuración sea uno de los pasos imprescindibles dentro del tratamiento de fondo para recuperar la salud. No quiere decir que sea lo que te cure o garantice tu salud. De hecho, si ahora mismo tienes una patología es una buena idea hacer un detox, pero no de cualquier manera y a lo loco, en este caso, ponte en manos de un profesional que te aconseje qué tipo de depuración es adecuada para ti. Este punto me lleva directamente al siguiente…
  5. El detox es para todos. Ésto es relativo. Existen tantas depuraciones como personas y situaciones. Por ejemplo, si tienes una autoinmune en una fase en que necesites nutrir y fortalecer, es muy posible que una depuración extrema, tipo ayuno o monodieta de varios días, deprima más aún tu sistema inmune. También puede ocurrir lo contrario, si por ejemplo eres una persona con muchas alergias y sigues un detox que estimule tu sistema inmune, puede ser que provoques una crisis alérgica. Sin embargo, siempre encontrarás una depuración a tu medida. Quizás necesites algo muy suave, progresivo, no siempre hace falta ayunar. También es cierto que las personas que no tienen unos buenos hábitos y hacen una depuración por primera vez lo suelen pasar muy mal, el proceso de eliminar toxinas puede ser muy difícil: dolor de cabeza, malestar, cansancio, mal humor… Esto son sólo unos pocos ejemplos para que veas cuántas situaciones distintas necesitan depuraciones diferentes.

Este curso express que acabo de hacerte sobre lo que es y no es un detox, tiene una razón de ser. Me gustaría que entendieras que un detox es un prisma de muchas caras, se puede hacer de muchas maneras según tu momento, situación y motivación. Al empezar el Otoño dediqué 3 posts a explicar muy bien cómo hacer un detox profundo de forma segura. Ahora, en invierno, te propongo una depuración más suave, que se pueda sostener fácilmente en el tiempo y, quizás, incorporar algunas de las propuestas como hábito. Y para complementarlo, hoy te traigo ideas de menús o platos que, por la naturaleza de sus ingredientes y las cocciones, favorecen la limpieza del organismo o, al menos, no lo ensucian.

Te recuerdo que es imprescindible que te muevas, que hagas ejercicio, para movilizar y eliminar toxinas y también porque es el estado natural del ser humano. Estamos diseñados para llevar una vida activa, eso es lo natural. Y no hablo sólo de elegir las escaleras en vez del ascensor, hablo de hacer ejercicio de forma consciente, dejar un espacio para ti y el deporte, de cualquier tipo, pero ten claro que hay que usar el cuerpo para lo que está diseñado.

Antes de ir a las recetas, aprovecho para hacer memoria de algo tan simple como es beber. Bebe mucha agua, somos un 80% agua, como una buena profesora mía suele decir, “somos células en un medio acuático”, así que dale a tu organismo su materia prima. El agua que no sólo te hidrata, sino que también te ayuda a depurar: cuando el cuerpo empieza a eliminar el líquido sobrante, arrastra también desechos que ya no necesita.

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Ahora sí, te dejo con la primera receta de la saga.

JUDÍAS VERDES CON SALSA DE MANZANA Y AVELLANAS
Este es un plato muy sencillo pero sorprendente. La salsa es suave, dulce y con un fondo intenso gracias a las avellanas. Perfecta para una cena ligera. Puedes usar otros ingrediente base como brócoli, coles de bruselas, endivias, corazones de alcachofas…

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Ingredientes

  • Una taza de judías verdes frescas y ecológicas de la variedad que prefieras.

Para la salsa

  • 1 manzana
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla tierna
  • 15 avellanas tostadas
  • Caldo de hervir las judías
  • Sal marina o del Himalaya
  • Pimienta
  • Aceite de coco o de oliva
  • Semillas de sésamo para decorar.

Preparación
Corta los extremos de las judías verdes. Si usas la variedad de judías planas, tal y como he hecho yo, corta a los largo las vainas para hacerlas más finitas.

Cuece al vapor las judías por 4 minutos. No te pases con la cocción, queremos que la verdura quede al dente.

Prepara la salsa: en una sartén, rehoga la cebolla y los ajos troceados en aproximadamente un par de cucharadas soperas de aceite de coco o de oliva. Sal pimienta al gusto y remueve enérgicamente durante un par de minutos para que no se doren demasiado. Añade 3/4 de la manzana pelada y cortada a trocitos. Rehoga durante un minuto más removiendo constantemente. Añade 1/2 taza de caldo de hervir las judías y cocina a fuego medio durante 4 minutos con la sartén tapada. Destapa la sartén y cocina un minuto más para que se evapore un poco el caldo.

En el vaso de la batidora de mano o en el vaso americano, pon la mezcla de la sartén, el resto de la manzana cruda y las avellanas. Tritura hasta que quede una salsa homogénea. Prueba y rectifica de sal si es necesario.

Sirve en un bol las judías con la salsa por encima y un poquito de sésamo.

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