El queso que cura

Al empezar con la Dieta que Cura nunca pensé que mi punto débil iba a ser el queso. La verdad es que no comía demasiados lacteos antes de empezar con la dieta, pero basta que tengas prohibido algo para que lo desees con más intensidad. Además, soy muy golosa y me gusta mucho la pasta y el pan, así que creí que por ahí iba a ir la cosa. Pero después de unos cuantos meses, todavía me cuesta oler a queso fundido o a un queso bien fuerte, y no lamentar el tener que privarme de un trocito. Algunos pensaréis “por un trocito no pasa nada”, pero sí que pasa. Ese “trocito” puede ser el desencadenante de muchas otras excepciones que hagan que tu Dieta que Cura se vaya al traste. Es cierto que después de unos meses, tú mismo vas a ver cómo puedes ir introduciendo algunos alimentos de la Fase 3, pero yo no me saltaría ninguno de los puntos de la Fase 2, que J. Seignalet recomienda seguir incluso si estás “sano”. Respecto a la lista de la Fase 3, estoy empezando a comer algo de tomate e introducir unas gotitas de limón en la dieta, y parece que todo está bajo control. Creedme que es algo muy grande cuando estás tan limitado con los alimentos. Pero… para eso está nuestra creatividad, para darle la vuelta a las cosas y transformar lo “negativo” en positivo. Te lo voy a demostrar en esta receta: el queso que cura.

No te engañaré, no te esperes un camambert, o un gouda, y mucho menos un cabrales. Pero si echas de menos el saborcito a queso, sabrás apreciarlo.

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¿Por qué lo he llamado el queso que cura? Pues porque está cargado con muchas cosas buenas para la salud. ¿Hacemos un poco de repaso de los ingredientes?

1- Anacardos: como todos los frutos secos, son muy energéticos, nos aportan ácidos grasos Omega 6 que, utilizados de forma correcta, son antinflamatorios y ayudan en la artritis reumatoide. Destaca el alto contenido en minerales: magnesio, potasio, zinc y, sobretodo, fósforo, que junto al magnesio y el triptófano, ayudan a un correcto funcionamiento del cerebro, mejorando, por ejemplo, la memoria.
Destacamos también su contenido en ácido fólico (vitamina B9), que interviene en muchos procesos metabólcios como la función plástica de las poteínas o la renovación de la hemoglobina.
Son antioxidantes (vitamina E) y favorecen la eliminación de colesterol gracias a los fitoesteroles, que “enganchan” las partículas de colesterol en el intestino evitando su absorción y consecuente paso a la sangre.

2- Miso: para este ingrediente necesitaríamos un post entero, pero voy a intentar sintetizar. Miso en japonés, quiere decir “fuente de sabor” y, realmente es algo bien sabroso. Se obtiene de la fermentación de la soja y de otros cereales que, según su proporción y tiempo de fermentación, dan como resultado diferentes pastas de miso. En relación a la artritis reumatoide y a la salud del sistema digestivo en general, nos interesa destacar que el miso es un producto fermentado, con probióticos que mejoran la calidad de la flora intestinal. Además, nos sirve también para fermentar nuestro queso vegano.

3- Levadura nutricional: si supiera quién se la inventó, ¡le daría un gran abrazo! La levadura nutricional es deliciosa, tiene un sabor delicado, entre dulce, amargo, salado… no se puede describir, hay que probarla. Algunos la confunden con la levadura de cerveza, pero aunque a simple vista parezcan primas-hermanas, no tienen mucho que ver. Para empezar, la levadura nutricional NO contiene gluten (porque se ha hecho a partir de la melaza de la remolacha) y la levadrua de cerveza sí. Esta última es un residuo de la cerveza, un desecho, y eso tambien se nota en su precio (mucho más barata que la levadura nutricional) y en el sabor que tiene, que es un poco más burdo. A nivel de aplicación culinaria, se pueden usar las dos, pero sutilmente, notarás la diferencia. A nivel nutricional, además del tema del gluten, no hay grandes diferencias, destacamos el aporte de B12, muy importante para los veganos y vegetarianos, ya que no hay demasiadas fuentes de B12 de origen vegetal.
Por último decirte que ambas levaduras, la de cerveza y la nutricional, no están activadas, quiero decir que no van a afectarte si estás tratando problemas tipo candidiasis.

Bueno, después de tanta teoría (he de reconocer que a veces me emociono…) Vamos a compensar con un poquito de práctica: ¡receta!

Ingredientes
2 tazas de anacardos remojados durante unas 5 horas
1/2 vaso de agua
2 c.s. de miso (yo usé Shiro Miso, que es muy suave, pero podrías usar otra variedad)
1 c.s. de aceite de coco derretido
1 c.s. levadura nutricional
Unas gotitas de limón o si tienes artritis reumatoide unas gotitas de vinagre de manzana sin pasteurizar.

Para hacer diferentes quesos con sabores: espinacas, finas hierbas, ajo, pimienta, eneldo, albahaca…

Preparación
En la batidora tipo Vitamix, tritura los anacardos (previamente activados y sin el agua de remojo), el miso y el medio vaso de agua hasta crear una pasta muy suave y ligera, sin grumos.
Vierte la mezcla en un recipiente de cristal y tapa con papel film de manera que el plástico toque la superficie de la pasta, fijándolo bien a los bordes para que no entre aire. Deja reposar a temperatura ambiente por unas 12 horas, no importa que lo alargues un poco. Cuanto más lo dejes, más fuerte el sabor.
Pasado este tiempo, añade el aceite de coco, la levadura nutricional y el limón o vinagre y mezcla de forma manual, no hace falta volver a triturar.
Puedes dividir el queso y añadierle los condimentos que quieras. En la foto yo he dejado un queso al natural y al otro le he puesto espinacas picaditas.

Como es un queso de anacardos, bastante potente a nivel energético, combínalo con vegetales crudos tipo “crudités”: pepino, zanahoria, apio, endivias… lo que se te ocurra.

Se conserva varios días en la nevera.

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